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El delicado arte del analista

por 29 diciembre, 2019

El delicado arte del analista
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A la fecha de hoy aún se habla del infame informe presentado por el Ministro del Interior, que dio que hablar por investigar la injerencia de grupos extranjeros en el sabotaje del Metro de Santiago y, principalmente, en una aparente sedición social que creó el levantamiento social que no ha parado un ápice desde el 18 de octubre. Solo La Tercera tuvo acceso al informe, de 112 páginas, donde sacó extractos que pueden verse en su diario y fueron replicadas hasta la saciedad por sus congéneres.

El informe, que analizó solo información de redes sociales, mostró, entre otras cosas que más del 30% de los mensajes son de fuera de Chile, pero no menciona el hecho que de la mayoría de las conexiones en Chile cuentan con IP dinámica, que pueden indicar varias partes del mundo a distintas horas, ni tampoco hace mención al uso de VPN o exploradores encriptados, ambos sistemas que enmascaran la ubicación de la conexión y que son cada vez más populares y asequibles. O el supuesto impacto de Telesur (Venezuela) o RT (Rusia) en los comentarios y la formación de opinión, pero no menciona el sesgo notorio que ha tenido nuestra propia prensa y la consecuente sensación de necesidad de buscar fuentes de información alternativa y, además, de que ambos canales son, efectivamente, medios de difusión y aplicación de la política exterior de aquellos países. Tampoco menciona que ChileOkulto, Gamba y Piensa Prensa son sumamente conocidos en redes sociales por sus sesgos ideológicos y nula exhaustividad periodística, siendo solo medios panfletarios en el mejor de los casos, y cuyo impacto se basa, literalmente, en memes y abierta desinformación, haciendo que su núcleo fuerte de seguidores, aquellos que realmente les creen lo que escriben, sea ínfimo y el resto es difusión de visitantes esporádicos y circunstanciales mediante copia de contenido y que, habitualmente, la mera mención de estos medios es suficiente para invalidar la opinión de quien los cita en cualquier discusión mínimamente seria en las mismas redes sociales.

Y la guinda de la torta: Entre las características de los jóvenes que se hallaban protestando, estaba que eran aficionados a la música pop de Corea del Sur, es decir, que eran k-popers.

No es necesario profundizar en el hecho que fue el hazmerreír nacional e internacionalmente de la noche a la mañana, hasta siendo visto por los noticieros de Corea del Sur. Desde entonces, las mismas redes sociales se han cebado hasta el hartazgo del susodicho informe y no solo han profundizado el malestar social en vista de una obvia muestra de incompetencia, sino que lograron que un grupo que se había mantenido relativamente al margen de todo se empiece a organizar como grupo opositor: las mismas k-popers, que, si las perfilamos, son mayoritariamente mujeres, entre los 12 y los 21 años aproximadamente, cuyo objetivo radica en seguir y apoyar a sus músicos preferidos, con habitual apoyo de sus padres, fuertes lazos de cooperación internacional intergrupal y una alta capacidad de movilización en redes sociales. Así, el Gobierno está logrando politizar a un grupo de personas cuyo motivo era solo el entretenimiento y cuya preocupación principal no yacía en lo que sucedido.

En el trabajo de análisis, uno recibe una gran cantidad de datos en bruto: opiniones, imágenes, documentos, números, videos, audio y todo tipo de formato imaginable. El volumen de estos datos tras la consolidación de internet, el internalización de las redes sociales en la comunicación diaria y el advenimiento de la desinformación sistemática (esnobistamente llamada “fake news”) es sencillamente abrumador, y allí es donde comienza la tarea del analista, cuyo trabajo fundamental es convertir esos datos en información útil para el tomador de decisiones, la cual
debe ser concisa y relacionada con un objetivo dado, como puede ser la identificación de grupos de interés, pero también debe ser acorde a este objetivo y con fuentes y datos confiables. Sin embargo, este objetivo, que solo es el tema de investigación, debe ser visto con la suficiente distancia por los analistas para no sesgar el proceso de interpretación de la información ya procesada.

Así, el analista verá una serie de datos y hallará algunas relaciones o similitudes entre ellos, a veces circunstanciales o incluso discrepancias llamativas, pero develando más de la madeja de datos, encontrará relaciones o diferencias más tenues o más férreas. Es como ver una escena de investigación, donde los detectives tienen la foto de un sospechoso y usan chinches con hilo rojo para relacionarle pistas. Esa analogía es sorprendentemente exacta para graficar el trabajo de un analista con sus datos. De ahí, debe ir identificando patrones, cuánto impacta un factor en otro y si este impacto es sustancial o no, observar si las tendencias llevan a algo oculto o solo es una generalización, garantizar que los datos sean verídicos y eliminando correlaciones irrelevantes. En resumen, eliminar el ruido de este huracán de datos y solo dejar lo importante con tal de producir información atingente. La correlación del k-pop con alguna injerencia foránea, por ejemplo, es irrelevante e inexistente.

El análisis de big data (ABD) precisamente trata de eso y es la última moda en inteligencia, particularmente en la de negocios, que es donde se origina. Grandes volúmenes de datos de distinto formato que son procesados por software especializados para encontrar patrones, preferencias, correlaciones y tendencias para producir información relevante al objeto, habitualmente en una presentación que no requiere análisis profundo, con tal de mostrarlo rápidamente a los estamentos superiores. Pero este es, lamentablemente, otro campo de batalla entre los paladines del análisis cuantitativo y del cualitativo. El ABD es una herramienta cuantitativa por definición, no un tipo de análisis en sí mismo, ya que toma toneladas de información fácilmente medible, te indica que fue lo que más se opina (la nube de palabras, por ejemplo, es uno de los primeros ABD existentes y uno de los más manoseados), tendencias cuantificadas con antelación y similares. Eso está muy bien cuando intento anticipar movimientos bursátiles o portuarios, por ejemplo, pero se complica mucho más cuando lo que quiero es analizar un movimiento social, hecho por personas y no por especulación o sistemas de cómputo, especialmente cuando cuyas demandas solo son tangencialmente económicas.

El analista no debe romantizar el ABD como la panacea que te ahorrará tiempo, esfuerzo y, no pocas veces, dinero, sino que debe verlo como lo que es: una herramienta de recolección de datos. Es imposible realizar un análisis adecuado que genere información útil de un fenómeno social si no se tienen elementos cualitativos, como tener en cuenta los intereses intrínsecos, la historia, el sentir y motivación interna que lleva a la acción o, dicho de otro modo, el ethos que lleva a la praxis. De esta forma, estos analistas cometieron el garrafal error de solo agarrar un ingente volumen información emitida de redes sociales, con más de 60 millones de datos en sus manos, y filtrarla de tal forma que por un lado solo tuvieron información medible y rápidamente presentable y, por otro, el objetivo de investigación (ver si había injerencia extranjera en el levantamiento social) se trasformó en su sesgo de análisis, contaminando todo lo que harían posteriormente. Resulta claro, además, que recibieron presiones desde más arriba para tener el documento lo más rápido posible, aunque los errores mencionados son tremendos y lleva a catástrofes que pueden poner en ridículo a un Gobierno ya deslegitimado socialmente, y ya no solo con su propia ciudadanía, sino que con otros países, tal como efectivamente ocurrió. Además, los analistas tienen una herramienta fundamental para realizar su trabajo: su instinto. A veces, hay
algo que te llama la atención sin razón aparente y lo investigas para descubrir que esa nimiedad es un factor fundamental en tu investigación, o, al revés, ves uno de los pilares de la misma, pero no algo no te cuadra, y terminas viendo que solo era una enorme cortina de humo o que puede ser relevante para otro objetivo, pero no al tuyo.

El analista no es un robot que solo revisa datos, ya que para eso existen los computadores con los cuales trabajan. El analista no debe dejarse encandilar por la aparente facilidad del análisis cuantitativo y mucho menos negar su instinto profesional solo porque puede ser calificado como fortuito, ya que para eso ocupa sus técnicas y herramientas con tal de despejar sus hipótesis. El arte del analista es crear un tapiz coherente con hilos desperdigados en todas partes, donde estas técnicas y herramientas le indicaran los colores, pero la forma la debe dar por sí mismo, no hacer que estas te dicten lo que debes hacer.

Sin embargo, tampoco hay que negar el golpe periodístico que dio La Tercera citando la cuña sobre el K-pop y sus seguidores en nuestro país. La prensa chilena es una de carácter facilista, sensacionalista y nauseabundamente simplista, y este periódico no es la excepción. No es de los mejores medios de prensa que hay. Como todos intuyen, y se puede saber con un poco de análisis del discurso y de prensa, nuestros medios periodísticos, indistintos de su plataforma, no deben medirse de mejor o peor, sino de paupérrimo a menos malo, ya que todos son abiertamente viciados, morbosos y dispuestos a alterar los hechos acorde a su línea editorial. En ese sentido, La Tercera está entre los menos malos.

Además, los memes son una, comparativamente, nueva herramienta periodística para situar sus medios en lugares de relevancia entre la vorágine infinita de datos e información no procesada que es internet. Una herramienta adoptada desde el ámbito del entretenimiento y la política que le hace un flaco favor a la rigurosidad periodística necesaria para realizar esa labor de manera seria e imparcial, con tal de evitar, tal como dijo Juan Cristóbal Guarello en un matinal, los “chascarros”, que solo fomentan la desinformación y viola todos los principios básicos del periodismo moderno. En ese sentido, la mención a los gustos musicales fue el meme perfecto: Digerible y replicable con facilidad.

Quizás, este incidente les enseñe a nuestras autoridades y a nuestros servicios de inteligencia que sus informes deben ser revisados y reprocesados por cada nivel jerárquico antes de llegar al nivel estratégico, y una vez más antes de darle acceso reservado a medios de prensa o de esas casuales filtraciones que ocurren de manera alarmantemente continua, por ejemplo, en casos judiciales de alta connotación social, que hacen sospechar de que ignoran el concepto de compartimentalización por completo o sueltan cuñas torpemente para ver qué ocurre.

Los tiempos actuales, de clara rebelión social, no están para jugar con la opinión pública. La inteligencia es la provisión de información clara, precisa y fiable para ayudar a una correcta toma de decisiones a quien corresponda y no para facilitar torpemente cuñas sensacionalistas. El trabajo fundamental del analista es asegurarse de ello, he ahí su arte.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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