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Réquiem para la oposición chilena

por 13 abril, 2020

Réquiem para la oposición chilena
El réquiem es el paso previo al entierro, ¿le quedará una última oportunidad a la “oposición” para construir un proyecto para el país? ¿O seguirán igual que desde el 18/0 en adelante, confundidos, distanciados y mirando a un rival que ha estado en la lona varias veces, pero que logra recuperarse gracias, precisamente, a no tener a nadie al frente?
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El réquiem es una especie de rito final, de rogatoria por el alma de una persona un poco antes del entierro. Su duración dependerá de la fe de los deudos y va desde una misa de réquiem hasta una simple oración. Es el último aliento, la última imagen con que se queda la familia, amigos(as) y conocidos(as). Utilizo esta analogía para describir esta crónica de una muerte anunciada en que se ha ido convirtiendo “la oposición”, esa entelequia –“cosa, persona o situación perfecta e ideal que solo existe en la imaginación”–, que en la práctica no ha existido jamás desde que asumió Sebastián Piñera. Porque seamos justos, habría que hablar de “las oposiciones” para entender este episodio bochornoso, digno de una historia sin héroes, ocurrido en la elección de la mesa de la Cámara.

Y así como pensamos que habíamos visto todo en la historia de la humanidad, y el COVID-19 nos demostró que hasta las películas más fantasiosas se pueden quedar cortas, esa tarde de principios de otoño en el Congreso, quedará inscrita en la política chilena como la muestra más gráfica de la pérdida de sentido, lealtad y, por cierto, la falta de un proyecto que ofrecer al país. ¿En qué país una oposición que es mayoría pierde una elección por la división y falta de diálogo interno? ¿En qué país se rompe un acuerdo y unos toman superioridad moral sobre los otros? ¿Dónde un Gobierno que llegó a tener 6% nunca tuvo un rival al frente?

Las recriminaciones de lo que pasó en la votación de la testera de la Cámara, a estas alturas, dan lo mismo. Se acusaron los unos a los otros, los del Frente Amplio a la DC y viceversa. Unos han dicho que Silber, sin mencionarlo, tenía problemas personales para asumir el cargo, algo que, por lo demás, es bien cuestionable porque la acusación de maltrato familiar fue desmentida por su propia exseñora y se comprobó que un asesor de René Alinco fue el que envió el mail incriminatorio. Otros dijeron que Karol Cariola había “apoyado” al movimiento social del 18/0. Argumentos más o menos, lo cierto es que la “oposición” ha sido no solo intrascendente desde diciembre de 2017, sino que también carente de ideas, unidad y liderazgo. Y no se salva nadie, desde el PC a la Democracia Cristiana.

Es indesmentible que Piñera ha gobernado casi sin contrapeso estos dos años. Porque las bajas cifras de apoyo –que ni la pandemia han logrado revertir– no tienen ninguna relación con la actuación de la oposición. Errores no forzados permanentes, exceso de optimismo y soberbia, abuso de frases cliché, metidas de pata cotidianas del Mandatario e incluso su señora –como los alienígenas o la pérdida de privilegios–, sumado esto a un movimiento social explosivo que no permitió jamás que los partidos lo instrumentalizaran, permiten explicar la caída catastrófica de “tiempos mejores”. Piñera es responsable de los problemas de Piñera. La oposición, un simple espectador.

Nada más gráfico del estado de deterioro de todos los partidos de oposición, que la manera en que se propusieron “enmendar” el error, a pocas horas del bochorno. A alguien se le ocurrió que lo más sencillo era censurar a la mesa elegida y listo, total tienen mayoría. Simple, solucionado el problema. Es decir, los dirigentes idearon una fórmula completamente antidemocrática que consiste en unirse y derrocar a una directiva elegida –guste o no– de manera legítima. Porque si ahora se preocupan de las posturas de Diego Paulsen (RN) –como oponerse al divorcio, estar por el rechazo o apoyar al Comando Jungla en el caso Catrillanca– es que no han aprendido nada de la derrota estrepitosa que tuvieron el 2017 y menos de los cambios post-18/0

Pero el que más damnificado en el último tiempo, desde el 18/0 en adelante, sin duda, es el Frente Amplio. El conglomerado terminó cayendo en las mismas prácticas que ellos denunciaban, primero, de la política en general y después de las antiguas Concertación y Nueva Mayoría. Enemistados y peleados entre sus dirigentes, censurados y expulsados entre ellos –Boric y Mayol–, enredados en las disputas personales, tropezando con los “cafecitos en París”, divididos en las votaciones y con figuras cada vez más cercanas a la farándula y el show, como “la abuela” Pamela Jiles o las cantatas de Flor Motuda en el hemiciclo, y con una excandidata presidencial desinflada e incapaz de asumir su liderazgo, el FA terminó siendo una caricatura de sí mismo.

Creo que la “oposición” se perdió la oportunidad que le dio, gratuitamente, Piñera. No han sido capaces de levantar una oferta atractiva y seria para el país. Ni siquiera han podido mantener eso que los unió por más de 20 años: pragmatismo. Porque a falta de ideas y proyectos, lograron sobrevivir gracias a la historia e incluso por la figura de Pinochet. Hoy no tienen nada que los pueda unir. Después del COVID-19 y cuando el país empiece a retomar su vida cotidiana, tendremos un Chile desgastado, cansado y con una crisis económica de proporciones. Además, de seguro volverán las demandas de igualdad y privilegios –que los helicópteros graficaron bien– y ahí se necesitarán propuestas sólidas, pero especialmente confianza. Eso que la oposición no puede brindar.

La oposición deberá asumir un punto de quiebre y pronto, que incluso puede significar sumarse de manera más implícita en esta crisis, aportando ideas, capacidades técnicas con un horizonte país. De lo contrario, tomar una posición de fiscalización de lo que está haciendo el Gobierno, donde las dudas de las cifras y las decisiones adoptadas –como no confinar a 28 comunas que tienen índices para ello– van en aumento. Nada peor de lo que están haciendo hoy: tomar palco y dejarles la iniciativa solo a los alcaldes. De lo contrario, es mejor que se preparen para un largo invierno, en cuarentena total, que puede durar años.

Pero la gran incógnita es qué va pasar también, al final del túnel del COVID-19, con Chile Vamos. La coalición de derecha estaba técnicamente quebrada hasta poco más de un mes. Entonces, si luego de este paréntesis obligatorio, y acercándonos al plebiscito –siempre que se mantenga en esa fecha–, volveremos con los dos grandes bloques debilitados, la opción de que se empiece a imponer una propuesta populista es solo cuestión de tiempo

El réquiem es el paso previo al entierro, ¿le quedará una última oportunidad a la “oposición” para construir un proyecto para el país? ¿O seguirán igual que desde el 18/0 en adelante, confundidos, distanciados y mirando a un rival que ha estado en la lona varias veces, pero que logra recuperarse gracias, precisamente, a no tener a nadie al frente?

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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