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Plebiscito y nueva Constitución… ¿oportunidad o más de lo mismo?

por 4 noviembre, 2020

Plebiscito y nueva Constitución… ¿oportunidad o más de lo mismo?
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Ha pasado más de una semana ya del histórico resultado del plebiscito constituyente, y que no me vengan a decir en la derecha que no les avisé, porque hay una columna que se publicó el 11 de agosto, que denominé “¡Despierta, derecha! El Apruebo ya ganó...” En ella, predije claramente lo que iba a ocurrir. Pero no vaya a pensar, respetado lector, que pretendo tirarme flores, en lo absoluto, no soy pitoniso, la tendencia era clara, no había que ser adivino para predecir el resultado, simplemente había que escuchar un poquito la voz de la calle y leer encuesta tras encuesta, cosa que una parte de la derecha no quería hacer.

Debo reconocer que me sorprendió, sí, la aplastante diferencia entre la Convención Constitucional y la Mixta; no esperaba una distancia tan grande. Entiendo que la gente está aburrida de los políticos tradicionales, pero no pensé que fuera a este nivel.

Y aquí es donde se produce el primer gran problema o, simplemente, que tengamos que enfrentar la realidad. El sistema de elección de constituyentes será idéntico al que se usa para la Cámara de Diputados, es decir, 155 constituyentes electos, en 28 distritos electorales, con listas inscritas por los partidos políticos, sí, escuchó bien, no crea que la Sra. Juanita o don Eduardo van a estar redactando la Constitución, las posibilidades para los independientes son casi nulas. Aquí, esa Sra. Juanita o ese don Eduardo van a tener que buscar su espacio en los partidos, no hay otra. Esperemos que, después de la paliza que tuvo la Convención Mixta, los partidos tengan la sabiduría y la generosidad para entender que esto es lo que pide Chile. Para qué decir de darles espacio a los pueblos originarios, si no ocurre, lo que está pasando hoy en La Araucanía será un juego de niños y no diga que no le avisé.

No más exsenadores, exdiputados, amigos del partido, familiares, pagos de favores políticos y un sinfín de etcéteras, que hemos visto en el pasado, elección tras elección. Esta es la más importante en 30 años y definirá cómo se organiza este país en los próximos 30. Seguramente muchos seguirán enfrascados en las cuotas de poder que otorgan alcaldías, concejos municipales, gobiernos regionales, pero esa es la clásica mirada cortoplacista partidista, la que busca vivir de la teta del Estado y esta, definitivamente, no es la mirada que necesitamos hoy.

Y aun dándose todo lo anterior, se lo garantizo, la Convención Constitucional tendrá una bancada de arrastrados, con porcentajes mínimos, igual que nuestro vilipendiado Congreso. Así funciona el actual sistema proporcional D’Hondt. A menos que nos pusiéramos inteligentes, como los españoles, y le otorgáramos un mínimo al porcentaje de votación de una candidata o candidato, para llegar a la Convención. Allá se excluyen a aquellas candidaturas que no han conseguido superar la barrera del 3%; no parece un mal número.

La tarea por delante es titánica. Se verán enfrentadas visiones de país de posiciones ideológicas extremas, como la del Partido Comunista y algunas facciones del Frente Amplio en la extrema izquierda, a la del Partido Republicano en la extrema derecha. Mi esperanza es que estas visiones no dominen la Convención y finalmente, desde el Partido Socialista a la UDI, persista la cordura y podamos escribir una casa común, que de verdad nos represente a una verdadera gran mayoría, como ese 80% que pidió esta nueva Constitución.

Aunque usted no lo crea y aunque transito por la vereda derecha del espectro, espero que esta Nueva Constitución entregue mayor seguridad a los más desprotegidos, fomente la solidaridad y permita mayor bienestar a los más pobres. Este país es demasiado desigual y eso se tiene que arreglar, no por la vía de hacernos a todos más iguales y más pobres, pero sí otorgando ciertos beneficios a quienes no pueden acceder a un mínimo de dignidad, acorde con el siglo XXI en que vivimos. Si a eso, ustedes, señores de los extremos, lo quieren llamar Estado de Bienestar, unos para mal y otros para bien, me importa poco.

El Estado se tiene que encargar de asegurar a los más pobres un piso mínimo para vivir, con educación laica, gratuita, pública y de calidad, con salud digna, gratuita, pública y de calidad y con Pensiones suficientes para vivir y no de miseria, como reciben muchos hoy. Me dirán que estas cosas se definen por ley, bien, estamos esencialmente de acuerdo, pero aspiro a una Constitución que obligue a los parlamentarios a legislar en estos sentidos o, de lo contrario, sean despojados de sus cargos por notable abandono de deberes y que vengan otros que hagan la pega.

Tenemos una oportunidad única de modernizar el Estado, de hacerlo eficiente y eficaz, que regule los mercados y los fiscalice como corresponde, de hacerlo menos presidencialista, de promover una verdadera regionalización, ya basta que Santiago sea Chile, porque definitivamente no lo es, que provea los bienes públicos como debe hacerlo, pero lo mejor de todo es que tenemos la gran oportunidad de sacarle mucha grasa. El Estado chileno es obeso mórbido, un percherón viejo y guatón. Creo que esta Constitución es la oportunidad de meterlo en régimen, hacerlo comer poco, lipoaspirarle lo que le sobre y hacerle un lifting de verdad, es decir, rejuvenecerlo y hacerlo parecer un joven y brioso corcel, aunque tenga más de 200 años. Creo que este es el mayor desafío porque, si logramos esto, el resto vendrá más fácil, casi por añadidura.

Y no se olvide, querido lector –ese que está aburrido de la política, ese que no quiere ver a los partidos ni en pintura, ese que votó por la Convención Constitucional–, que esta elección será política, aunque a usted no le guste. Le recomiendo que tome postura, elija partido, mire bien las listas y vaya a votar. Ojalá por los independientes que lograron su espacio. Estudie bien, para que no vote simplemente por el nombre que ha escuchado o que conoce; si hace esto, la vieja política ganará y poco podremos cambiar.

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