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Matrimonio igualitario: ¿tienen algún argumento?

por 4 junio, 2021

Matrimonio igualitario: ¿tienen algún argumento?
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El anuncio del Presidente Piñera respecto al matrimonio igualitario ha generado mucho revuelo. Si el objetivo era que habláramos de eso, lo ha conseguido; si era corregir una terrible injusticia, está por verse. La verdad es que, aunque se intente, es muy difícil comprender la oposición que genera. Quisiera revisar algunos de los argumentos más frecuentes.

De entrada, en una sociedad democrática la igualdad es la regla, y la desigualdad, la excepción. Entonces, cualquier diferencia debe justificarse. En términos leguleyos, quien reclama la desigualdad lleva la carga de la prueba.

La Iglesia y los parlamentarios que hablan en nombre de cristianos, católicos o evangélicos, pueden decir que “lo establecido y querido por Dios es que sea solo entre un varón y una mujer”, y está perfecto. De sus sacramentos y ceremonias pueden excluir a quienes quieran, pero entonces que Dios case a hombres y mujeres, y que el Estado case a todos y todas. Problema será para homosexuales creyentes y eso será un asunto de la religión, pero no algo que interese a un Estado secular. Que hagan lo que quieran. Por lo tanto, dejaremos fuera el argumento de Dios, no se trata del matrimonio religioso. La desigualdad injustificada solo genera privilegios. Los homosexuales no piden un privilegio, sino nada más que un trato justo.

El argumento jurídico

Hay quienes dicen que es una institución jurídica o un contrato que está así concebido. Pero las instituciones y la regulación de los contratos pueden cambiar. Así como cambia el lenguaje, más puede cambiar el lenguaje jurídico. Cambia, todo cambia. El ejemplo más evidente es el concepto de persona, que es el sujeto de derechos. Antes los esclavos no eran personas; hoy lo son todos y todas. Incluso hay personas jurídicas. ¡Vaya ficción!

Si la ley lo define, la ley se puede cambiar.

El argumento etimológico

Hay quienes dicen que la palabra viene del latín, de matrimonium, derivado de mater o matris, en ambos casos ligado a la mujer. Luego, los más abiertos, dicen que se unan, pero que no se llame matrimonio.

De ser así, podríamos empezar a recibir nuestros salarios con paquetitos de sal. Pues viene del latín, y tiene su raíz en sal. Así se pagaba en la época. Y si no, reciba su dinero, pero no le llame salario.

O deberíamos dejar de usar patrimonio de la mujer, pues sí, adivinen: viene de padre. Y también de recibido. Entonces solo para las herencias, y solo de hombres con hijos. La mujer puede tener sus bienes, pero no le llamen patrimonio.

Para lo que creen que somos colonia lingüística, la RAE define matrimonio civil como “matrimonio que se contrae según la ley civil, sin intervención de la autoridad religiosa correspondiente”. Y la ley civil puede, como ocurre en muchos países, no exigir que se trate de un hombre y una mujer.

El lenguaje “es un ser vivo”, me decía una profesora en la básica. Y no sé si está vivo, pero claro que puede cambiar.

El argumento naturalista

Hay quienes dicen que simplemente no es natural. Habría que explicar qué es lo natural, y por qué es malo lo no natural. ¿Es natural usar ropa? ¿Tener un nombre? ¿Ser chileno? ¿Lo masculino?

Si lo natural tiene que ver –perdón por lo gráfico— con la vía del acceso carnal, y debe ser pene-vagina, porque es hombre y mujer, entonces no es natural el sexo oral. Quizás tampoco los besos, porque puede haber órganos para procrear, pero la boca debería ser para comer. Y quizás el celibato, pues lo natural sería el sexo.

Tomás de Aquino señalaba que la sexualidad (heterosexual para procrear) era un bien, y que los sacerdotes renunciaban a este por un bien supremo (Dios). Por ello, el celibato era un acto bueno. ¿Por qué no podría ser –en esos términos— un bien supremo renunciar al sexo heterosexual por el amor homosexual?

De lo natural como la procreación me referiré más adelante, pero si es que el celibato no es natural, habría que reconocer que hay cuestiones no naturales buenas, como el celibato, y otras malas, como la homosexualidad. De ser el caso, afirmar que algo es no natural es insuficiente para fundar una oposición, pues es algo neutro: hay no natural bueno y no natural malo.

El argumento teleológico

Hay quienes dicen que la finalidad del matrimonio es la procreación. Si es por la palabra, ya vimos que el lenguaje y el lenguaje jurídico han cambiado. No obstante, si fuera correcto, las personas que no pueden tener hijos no se deberían poder casar. Tampoco los que no quieren tener hijos, cuestión cada día más frecuente. Si no, exijamos una declaración jurada de intención de procrear antes de casarse y que luego sean sancionados quienes la incumplan.

Además, así como uno puede casarse y no tener hijos, es bien obvio que para tener hijos no hay que casarse.

El argumento de la suficiencia del Acuerdo de la Unión Civil

Hay quienes señalan que el Acuerdo es suficiente. Pero no, el Acuerdo no regula lo mismo que el matrimonio, no tiene los mismos derechos y deberes. Por ejemplo, no tiene una idéntica regulación de la filiación, de los requisitos, respecto de la adopción, ni de las causales de término, etc. Entonces, como existe en los países decentes: acuerdo igualitario y matrimonio igualitario.

El argumento familiar

Hay quienes dicen que la familia (heterosexual y con hijos) es el núcleo de la sociedad. Y que así está en la Constitución ¡artículo primero! La Constitución –por si alguien no se ha enterado— puede cambiar.

Además, la familia de hoy no tiene mucho que ver con la de la Constitución de 1980, cuando no existía el divorcio y había una horrible distinción entre hijos legítimos, ilegítimos y naturales, que costó mucho cambiar, por la oposición de ustedes ya saben quién.

Por último, es bien evidente que hay varios tipos de familia. ¿O le van a decir a padres y madres solteros que no son una familia? ¿O a la abuela que cría sola a sus nietos?

La Corte Interamericana de Derechos Humanos “recuerda que no existe un modelo único de familia. Por ello, la definición de familia no debe restringirse por la noción tradicional de una pareja y sus hijos, pues también pueden ser titulares del derecho a la vida familiar otros parientes, como los tíos, primos y abuelos, para enumerar sólo algunos miembros posibles de la familia extensa, siempre que tengan lazos cercanos personales. Además, en muchas familias la(s) persona(s) a cargo de la atención, el cuidado y el desarrollo de una niña o niño en forma legal o habitual no son los padres biológicos” (Opinión Consultiva, OC-21/14, p. 102).

El argumento de la adopción

Hay quienes sostienen que los homosexuales no deberían adoptar, y el matrimonio permite adoptar, por lo que no podrían casarse. Al menos no en un matrimonio realmente igualitario. Este es quizás el mejor argumento, porque involucra a un tercero, que quizás podría verse afectado.

Sin embargo, la evidencia demuestra que no hay ningún inconveniente con la adopción homoparental. Así lo indica la comunidad científica absolutamente mayoritaria.

La Asociación Americana de Psicología (APA), ante la pregunta de si lesbianas, hombres gay y bisexuales pueden ser buenos padres, responde:

“Sí. Estudios que comparan grupos de niños criados por padres homosexuales y heterosexuales descubren que no hay diferencias en el desarrollo entre los dos grupos de niños en cuatro áreas críticas: su inteligencia, su adaptación psicológica, adaptación social y popularidad con sus amigos. También es importante darse cuenta de que la orientación sexual de un padre no indica la de sus hijos. Otro mito acerca de la homosexualidad es la creencia equivocada de que hay una mayor tendencia entre los hombres gay, que entre los hombres heterosexuales, a abusar sexualmente de los niños. No hay pruebas para sugerir que los homosexuales abusen de los niños”.

La Federación Española de Sociedades de Sexología, en un comunicado sobre su postura oficial, señala: “La investigación psicológica sobre relaciones y parejas no proporciona ninguna evidencia para justificar la discriminación en la adopción contra las parejas del mismo sexo”.

Judith Stacey, de la Universidad de Nueva York, refiere que “rara vez hay tanto consenso en cualquier área de las ciencias sociales como en el caso de la crianza de los hijos por homosexuales, razón por la cual la Academia Estadounidense de Pediatría y todos las principales organizaciones profesionales con experiencia en bienestar infantil han emitido informes y resoluciones en apoyo de la patria potestad de gays y lesbianas”. Por citar algunos ejemplos.

Si el argumento es que los niños y niñas podrían sufrir bullying, nunca podría haberse acabado el apartheid en los colegios ni haber ingresado las mujeres a la universidad, pues niños y niñas negras sufrieron maltrato en colegios que ya no los excluían, y también las mujeres cuando pudieron estudiar. Es responsabilidad de la sociedad evitarlo, no de homosexuales, menos de niños y niñas.

Además, evidentemente, ya hay homosexuales que tienen hijos. Para tenerlos no se necesita ser heterosexual. Si hubiera un problema con ello, ¿habría que quitárselos? Y, en todo caso, los homosexuales hoy en día ya pueden adoptar, y adoptan. Claro que deben hacerlo como solteros, aunque no deben ocultar su orientación sexual.

De todos modos, salvo una visión muy triste de la paternidad y maternidad, ser padre y ser madre es mucho más que la contribución de un espermatozoide o un óvulo.

¿Un argumento oculto?

Hasta hace un tiempo, tan breve como lamentable, 1999, se castigaba como delito la homosexualidad masculina. Se penaba la sodomía. La Ley 19.617 vino a corregir, a medias, tamaña aberración, dejando un delito de sodomía residual del todo repudiable.

En la historia de la ley constan las intervenciones parlamentarias, destacando Iván Moreira, que dijo que: “Aunque en la práctica la sodomía no lleva a la detención o condena, es una importante señal del legislador mantener el delito, pues es una muestra de que a la ley y por ende a la sociedad, no le es indiferente el tema. Puede ser el inicio de una serie de otras propuestas que, indudablemente, socavan los valores sociales y atentan contra la familia y el bien común (…). La sodomía es una conducta anormal y antinatural. Aquí radica la razón de fondo para oponerse a su despenalización”.

A su vez René Manuel García dijo que: "Cuando se quiere modernizar así, se vulneran los principios más tradicionales de la patria. ¿Acaso Chile tiene tradición o cultura de homosexuales? Claramente, no la tiene (...). Luego, ¿para qué despenalizar las conductas homosexuales en privado? Esto es un primer paso. (...) Me daría una lata tremenda que mi hijo me dijera: Oye, papá, ¿esta es otra alternativa que tengo? ¿Esta es la vida? ¿Por qué debo querer a una mujer y no puedo enamorarme de un hombre? Votemos en conciencia, y votemos por lo que creemos que es lo mejor para la sociedad: proteger las buenas costumbres, la moral y a nuestros hijos de esta lacra social que es la homosexualidad, y así evitaremos campañas del SIDA, las infecciones que han provocado, y todo este castigo que Dios ha impuesto, prácticamente a toda la comunidad homosexual del mundo”.

Los cito como ejemplo, porque son actualmente parlamentarios y uno ya se opuso y el otro, al que no he oído, seguramente se opondrá. Entonces, si el argumento es que los homosexuales socaban los valores sociales y atentan contra el bien común, es la sodomía anormal, y son una lacra social que provoca infecciones, espero que lo digan. Así sabremos ante la (falta de) calidad argumentativa a la que nos enfrentamos.

¿Se imaginan que los de cierta cultura o religión no se pudieran casar? Así, igual de escandaloso, igual de vergonzoso, es que homosexuales no puedan.

Si es que simplemente les molesta, está bien, pero eso es con suerte una emoción. No es un argumento. Menos uno digno de una sociedad democrática. Me parece que contra el matrimonio igualitario no hay ningún argumento. Si es que los hay, estaré encantado de oírlos. Debemos vivir el presente de un modo que no nos avergüence el pasado en el futuro.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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