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Incendios forestales: la urgencia invisible de la salud mental Opinión AgenciaUno

Incendios forestales: la urgencia invisible de la salud mental

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Paulina Rincón González
Por : Paulina Rincón González Vicerrectora Universidad de Concepción
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Hacemos un llamado a no olvidar al personal de salud mental que deberá lidiar con las consecuencias que estos incendios dejen en las víctimas y en quienes se han dedicado a combatirlos y a asumir labores de rescate. Se requerirán refuerzos para los equipos de salud durante los meses venideros.


A casi dos semanas del inicio de los incendios forestales que enfrentamos en las regiones de Biobío, Ñuble y La Araucanía, con principal afectación en la región del Biobío, respiramos -nunca mejor dicho- con algo de tranquilidad tras el control de los grandes focos de incendios. Una tranquilidad, eso sí, relativa, ya que aún bomberos y brigadistas forestales combaten focos activos, con apoyo de brigadas internacionales, principalmente brasileñas y mexicanas.

La magnitud de la tragedia es tal que se ha declarado estado de excepción constitucional por catástrofe en las regiones afectadas y las tres se encuentran en Alerta Roja.

Las cifras de víctimas varían en los distintos reportes que se actualizan día a día, pero se han contabilizado al menos 21 personas fallecidas y 305 lesionadas. Habría más de 20.000 personas damnificadas, cerca de 2.500 viviendas destruidas y casi 1.000 personas albergadas. El impacto en las superficies de suelo quemadas, infraestructura educacional y sanitaria destruida, atenciones de salud acumuladas, infraestructura básica inutilizada y un largo etcétera, resulta desolador.

Las autoridades políticas, tanto del gobierno saliente como del entrante, se han abocado a la tarea de dar respuesta a la crisis, y tanto la sociedad civil, como el sector privado y organizaciones de distinta índole, incluyendo a las instituciones de educación superior, han puesto sus capacidades para articular respuestas no solo para las personas afectadas de sus propias comunidades, sino para llegar a apoyar en labores de voluntariado.

En este contexto, es clave la intervención temprana que pone el foco en el control del fuego y el rescate y seguridad de las víctimas, pero no es menos importante el trabajo de prevención de consecuencias de salud mental que sucesos de esta naturaleza pueden dejar en la población afectada.

Estamos hablando de personas, niños, niñas, adolescentes, adultos y adultos mayores, que han vivido una situación extrema, con noches de angustia, alarmas, evacuación del hogar por caminos rodeados de llamas, llegando en muchos casos a perder gran parte o todas sus pertenencias; y en otros, incluso, a perder a uno o más de sus seres queridos. La vivencia de un duelo nunca es un proceso fácil, pero ciertamente en un contexto de trauma, se puede dificultar aún más.

Esto es lo que se conoce como situación potencialmente traumática, y la potencialidad de que genere consecuencias negativas en la salud mental en el largo plazo, depende en gran medida del apoyo que se dé a quienes lo han vivido y lo están viviendo.

Sabemos que hay dos elementos que son buenos predictores de la prevención de consecuencias negativas: el aumento del apoyo social y la reducción del estrés habitual.

A partir de ello, resulta fundamental poner a disposición de las víctimas de esta tragedia, todos los recursos que les permitan sentirse apoyados y tener una vivencia, dentro de lo que cabe, lo menos estresante posible, sumando a las ayudas materiales, la ayuda emocional.

Es clave entregar información psicoeducativa que permita a las víctimas enfrentar estos primeros momentos tras el desastre y -en algunos lamentables casos- la toma de conocimiento de la pérdida de un ser querido.

En términos específicos, debemos poder entregar información acerca de las consecuencias psicológicas que puede generar la tragedia vivida, disminuyendo de este modo los niveles de ansiedad que se pueden experimentar a raíz de estas mismas reacciones psicológicas.

Por otra parte, se requiere proveer de espacios seguros para reconocer sentimientos, pensamientos, reacciones conductuales y problemas específicos desarrollados y poder expresarlos en caso de querer hacerlo; así como entregar información acerca de estrategias de afrontamiento sencillas que pueden ayudar a lidiar con los problemas iniciales desarrollados (dificultad para conciliar el sueño, activación fisiológica, dificultad para concentrarse o poner atención, etc.).

Desde la Universidad de Concepción, hemos llevado a cabo capacitaciones durante toda la semana pasada en Primeros Auxilios Psicológicos. Sabemos que tanto el personal de salud, como el voluntariado en terreno, requieren herramientas para poder apoyar y acompañar a las personas afectadas. Del mismo modo, hemos puesto a disposición de la comunidad material de acceso gratuito sobre estas materias.

Hacemos un llamado a no olvidar al personal de salud mental que deberá lidiar con las consecuencias que estos incendios dejen en las víctimas y en quienes se han dedicado a combatirlos y a asumir labores de rescate. Se requerirán refuerzos para los equipos de salud durante los meses venideros.

Hacemos también un llamado a la comunidad general a apoyar y cuidar a quienes se han visto afectados por esta tragedia. La respuesta que tengamos como comunidad acogiendo a las víctimas, puede marcar la diferencia en términos de la cronificación o no de síntomas iniciales normales frente a la tragedia vivida.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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