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Con poco peso político, pero disciplinado, así se ve al vocero luego de su primer semestre

La vocería de Elizalde bajo la lupa

por 8 agosto, 2014

La vocería de Elizalde bajo la lupa
Los primeros meses del gobierno no han sido “pacíficos”. Tanto la Reforma Tributaria como la Educacional tocan fibras sensibles en distintos actores. Ante esto, la estrategia comunicacional de Palacio tiene especial importancia, así como el papel que juega el encargado de comunicar la postura del gobierno, Álvaro Elizalde. La lectura es que el vocero no tiene peso político, que es “blando” y que ha optado por resguardarse en el ministro de Interior, Rodrigo Peñailillo. Las primeras críticas a su gestión ya se levantaron en La Moneda y su propio partido, el PS.
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Es generalizada en el gobierno y la Nueva Mayoría la opinión crítica a la gestión que ha desplegado en casi cinco meses el ministro de la Segegob, Álvaro Elizalde, como también es así de transversal la conclusión de que ha sido “una vocería débil”, que no ha cumplido a cabalidad su papel.

Una de las pruebas más concretas de las falencias que ha mostrado la vocería de La Moneda, es que precisamente quien la ejerce y marca los puntos políticos no es Elizalde, sino que habitualmente, o sea, más de una vez a la semana, esa tarea recae y la ejerce el ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo. Si hablan los dos en un mismo día, la opinión que pesa ante los medios de comunicación es la del brazo derecho de la Presidenta Michelle Bachelet y no la del titular de la Segegob.

Las razones de la ineficiencia que le atribuyen a Elizalde, explican en la Nueva Mayoría, son varias. La principal, afirman, es que sus intervenciones no tienen peso político, que es demasiado “blando”, poco arriesgado y que es notorio en el ministro, agregan, su intención de esquivar todo lo posible entrar de lleno en el debate político.

Ese estilo, reconocen en La Moneda y el oficialismo, no le quita presión pública a Peñailillo, por el contrario, Elizalde se resguarda en él. Algo lógico si se considera que es un antecedente conocido en los pasillos y patios de Palacio que, en el marco del comité político, el vocero se alineó estratégicamente al lado del ministro del Interior, una alianza que es comentada y que se caracteriza por una coordinación diaria con el jefe del gabinete, le consulta todo y hablan permanentemente.

En estos meses, Elizalde siempre ha defendido su estilo y recalca que su objetivo no es desarrollar una vocería confrontacional, con frases rimbombantes que sólo alimentarían polémicas artificiales. Pero los críticos de su gestión dicen que eso ha sido un error, que ha sido evidente la falta de un “arquero” cotidiano, especialmente ante la ofensiva de la derecha frente a las reformas tributaria y educacional.

El comentario presidencial responde a la casi eufórica reacción que genera Elizalde en terreno, especialmente entre las señoras mayores. Cada vez que va a terreno, lo quieren saludar, abrazar, “apretarle” las mejillas, tomarse fotos con él, escenas que se repiten en La Moneda cuando al cruzar el patio se topa con delegaciones que visitan Palacio. En el mundo político lo critican, pero la opinión pública lo respalda. Basta ver la encuesta Adimark del mes de julio: está entre los mejores evaluados del gabinete y es uno de los pocos cuyo respaldo ciudadano creció considerablemente. Un 66% lo respaldaba en junio, guarismo que aumentó a 72% en el sondeo, sólo con un 22% de rechazo.

En el PS, su partido, no ha pasado inadvertida la debilidad del ministro, aunque recalcan que “aún cuenta con todo el apoyo y piso político” del timonel Osvaldo Andrade, quien fue el que se jugó para instalarlo en el comando de campaña el año pasado. A pesar de eso, desde la sede de calle París se le pidió expresamente a Elizalde que saque más lustre a su cargo, a su lugar en La Moneda, solitud que habría sido bien recibida, porque consideran que en las últimas semanas el vocero ha ido progresando y superando sus falencias.

Aunque nadie desconoce estas falencias de Elizalde, hay muchos que lo defienden y prefieren calificar su vocería como “sobria”, argumentando que su cuestionado estilo es cien por ciento “funcional” a lo que La Moneda quiere comunicar oficialmente. Eso es cierto, el vocero no tiene agenda política propia, lo que es bien visto por la Mandataria, ha desarrollado un estilo obediente, no choca ni hace gallitos con las directrices comunicacionales que baja la SECOM y su directora Paula Walker y, en ese sentido, es útil.

Es notorio que en las últimas semanas en La Moneda se decidió “apuntalar” a Elizalde, tarea en la que está el ministro Peñailillo y que sería por petición de la propia Presidenta Bachelet.

Por lo mismo, no es gratuito el guiño público que le hizo la Presidenta Bachelet el miércoles 6 de agosto en una actividad con dirigentes de organizaciones sociales en la que estuvo el vocero. "Quiero saludar a nuestra versión chilena de Onur, el ministro Elizalde", dijo la Mandataria, aludiendo a la teleserie nocturna de Megavisión y al comentado parecido de su secretario de Estado con el protagonista.

El comentario presidencial responde a la casi eufórica reacción que genera Elizalde en terreno, especialmente entre las señoras mayores. Cada vez que va a terreno, lo quieren saludar, abrazar, “apretarle” las mejillas, tomarse fotos con él, escenas que se repiten en La Moneda cuando al cruzar el patio se topa con delegaciones que visitan Palacio.

En el mundo político lo critican, pero la opinión pública lo respalda. Basta ver la encuesta Adimark del mes de julio: está entre los mejores evaluados del gabinete y es uno de los pocos cuyo respaldo ciudadano creció considerablemente. Un 66% lo respaldaba en junio, guarismo que aumentó a 72% en el sondeo, sólo con un 22% de rechazo.

DISCIPLINADO PERO SIN ESPACIO

Hay varios modelos para las vocerías en un gobierno. Por una parte está el de la Casa Blanca en EE.UU., donde el vocero es un speaker, con un perfil técnico, despersonalizado y netamente informativo. Un símil chileno al modelo norteamericano es, según los expertos, la vocería de Ena von Baer (UDI) durante los primeros años del gobierno de Sebastián Piñera.

Otro modelo es el que impuso Francisco Vidal (PPD) en el primer gobierno de Michelle Bachelet, quien se caracterizó por responder a los ataques de la oposición con el doble de artillería. También está el estilo que impuso Enrique Correa en los noventa, cuando la Segegob representaba la postura oficial y tenía incidencia directa en el “relato” del gobierno.

Elizalde está en un punto intermedio, según el analista político y docente de la Universidad Central, Marco Moreno. “Es una mezcla híbrida entre los dos modelos (speaker y Vidal), pero finalmente ninguno resulta con claridad”, dice.

Una visión distinta tiene el académico del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales (ICSO) de la Universidad Diego Portales (UDP), Mauricio Morales, quien cree que Elizalde sí cumple con el rol de la vocería. “Se trata de informar sobre las posturas del gobierno. Por tanto, es renuente a la polémica y está lejos de ser un Panzer como José Miguel Insulza, que lo hizo fundamentalmente desde Interior, o un Mowag como Francisco Vidal. La estrategia del gobierno ha ido más por el lado de la vocería del Segegob que como un ministro propiamente tal. Eso es ventajoso por ahora”.

Para el gerente de Asuntos Públicos de Cadem, Roberto Izikson, Elizalde ha logrado el objetivo de mantener a La Moneda fuera del debate educacional y tributario. “Habría que ver a un Elizalde más empoderado, pero se le ha dado poco espacio y protagonismo para hacer una mejor defensa de ambas reformas. Creo que tiene las capacidades para hacerlo, pero pasa por que le den la instrucción de salir al ataque”, dice.

Izikson destaca que, al no estar en la primera línea de acción, Elizalde no se ha desgastado. “No ha tenido que defender ni ha sido atacado, por lo que su nivel de confianza y aprobación son más bien estables y positivos. Se ve que todavía tiene tiempo para poder desarrollar sus capacidades, en la medida que vayan bajando los niveles de protagonismo de Arenas, Eyzaguirre y Peñailillo”, señala.

La estrategia de La Moneda de restarle protagonismo a Elizalde no es acertada para Marco Moreno de la Universidad Central, quien cree que, al no tener un vocero fuerte, se genera una “sensación de desconcierto” en la opinión pública que abre espacio para la duda. “Termina siendo poco gravitante lo que diga el vocero. Lo concreto es lo que dice el ministro de Educación, Hacienda o Interior. Elizalde no tiene el peso que se requiere para el contacto político en los enfrentamientos con los medios de comunicación manejados por la elite político-económica”, expresa.

El vocero no sólo lee el mensaje sino que también es el mensaje, según Moreno. “Ha faltado voluntad estratégica de influir sobre los resultados. El peso de la acción sobre los resultados hace que el efecto de la acción pública sea previsible. Desde el punto de vista comunicacional se ha apostado al ‘vuelito’ de la Presidenta”, dice.

Hace algunas semanas la revista Sábado realizó un perfil de Álvaro Elizalde. Cuando estaba en el colegio Francisco de Miranda, era el más bajo y flaco de su curso, por lo que sus compañeros le pegaban. “Yo le enseñé que tenía que pegarle al más matón, para que todos lo respetaran”, dijo su padre a ese medio, agregando que “él no quería hasta que lo hizo y no lo molestaron más”. Está por verse si Elizalde replica las enseñanzas de su padre ahora, en La Moneda.

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