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Opinión

Carta al nieto del compañero Presidente: Pablo Sepúlveda Allende

por 22 enero, 2016

Carta al nieto del compañero Presidente: Pablo Sepúlveda Allende
Para muchos evidenciar la voz de comunales sencillos como el de Pedro Aguirre Cerda, una comuna en donde el PS ni siquiera tiene un concejal, teniendo una historia y raíces socialistas, es meterse en un forro, pues se contrapone a la voz de quienes dirigen el partido. Poder llegar a acceder a ellos es solo posible si el dedo bondadoso de alguno de los líderes te apunta por haber caído en gracia, por haber acarreado gente para votar por ellos, por ser básicamente carne de campaña. Poco importa si eres un militante brillante, si eres crítico, analítico o si tienes grandes propuestas, eso suele ser secundario. Es altamente probable que ese, junto a otros hechos, tenga tan desprestigiada la labor política.
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Mientras el Comité Central del Partido Socialista votaba por unanimidad que apoyaba el pacto electoral con la DC para las próximas elecciones municipales, el Comunal Joaquín Pérez de la Comuna de Pedro Aguirre Cerda votaba en su propuesta para el XXX Congreso del PS que el partido de Allende (de Salvador, por cierto, no de Isabel), debía retomar su senda y vocación, reactivando y revitalizando una alianza con las fuerzas de izquierda.

Al mismo tiempo, en el mismo país, a los pies de la misma cordillera, Pablo, el partido de tu abuelo muestra como el dios Jano sus dos caras: una con poder y la otra más invisible, más silenciada, menos mediática, pero no por eso menos presente.

¿Cómo coexisten dos miradas tan disímiles en una misma casa política? ¿Cómo ambas declaraciones se pueden desprender del mismo legado que dejó un líder sin fronteras, como lo fue Salvador Allende?

Cuando fue el Caupolicanazo el año pasado, el recinto estaba lleno, tan lleno que no alcancé a llegar al lugar donde estaba el PS y me tuve que quedar en el sitio del PC. Cuando tu tía Isabel entró a la platea baja, lugar donde estaban las autoridades, tu tía fue ovacionada por el PC, yo estaba con ellos, fui testigo directo.

Cualquiera que sabe algo de política y de historia, y que al igual que tú, analiza la trayectoria y las decisiones que el PS ha tomado en el último tiempo, sabe que esa línea trazada se ha dirigido más bien hacia el centro. Ser socialistas es visto, por ejemplo, por los estudiantes en las universidades, como ser de “derecha”, conservador en las demandas, “socio-listo”, lejos de la figura que tu abuelo proyectaba. Hay una fractura entre cómo nos ven y lo que Salvador Allende representa.

El apellido Allende tiene una carga simbólica tan fuerte, que hace imposible que alguien que no sea tú, otro Allende, pueda criticar las decisiones que el partido ha tomado. Resulta difícil, provoca disonancia cognitiva creer o pensar que la senadora Allende, con toda su historia, con el peso ético de ser la “hija de”, con todos los dolores vividos en primera persona, pueda estar traicionando ese legado. Para muchos contradecir lo que señala o querer llevarlo a debate, aparece como traición a tu abuelo, y eso no se le hace a la memoria del “Compañero Allende”.

De seguro al igual que tú no trepidaría en creer que es necesario expulsar del partido a quienes han buscado apoyo económico en el empresariado para preservar o alcanzar el poder, pues ese poder mal habido no puede sino estructurarse a partir de la captura o cooptación de la ética socialista.

Para muchos evidenciar la voz de comunales sencillos como el de Pedro Aguirre Cerda, una comuna en donde el PS ni siquiera tiene un concejal, teniendo una historia y raíces socialistas, es meterse en un forro, pues se contrapone a la voz de quienes dirigen el partido. Poder llegar a acceder a ellos es solo posible si el dedo bondadoso de alguno de los líderes te apunta por haber caído en gracia, por haber acarreado gente para votar por ellos, por ser básicamente carne de campaña. Poco importa si eres un militante brillante, si eres crítico, analítico o si tienes grandes propuestas, eso suele ser secundario. Es altamente probable que ese, junto a otros hechos, tenga tan desprestigiada la labor política.

Bien decías tú en una entrevista que realizaste en octubre del año pasado: “Probablemente si Salvador Allende estuviera vivo se comportaría de la misma forma, coherente y consecuente a sus ideales y convicciones y, por tanto, sería enemigo público número uno del actual sistema económico y tendría los mismos enemigos que antes, a los que señaló muy bien: nosotros tenemos enemigos muy definidos y muy claros; el capital extranjero que se ha adueñado de nuestra riqueza, los monopolios, el latifundio agrario y el latifundio minero, los que controlan el comercio de importación y exportación, y los que manejan las finanzas a través de los bancos”.

De seguro al igual que tú no trepidaría en creer que es necesario expulsar del partido a quienes han buscado apoyo económico en el empresariado para preservar o alcanzar el poder, pues ese poder mal habido no puede sino estructurarse a partir de la captura o cooptación de la ética socialista.



¿Cómo se hace Pablo? ¿Cómo lo hacemos? Tenemos evidencia de sobra que corrobora que las bases del PS siguen siendo de izquierda, siguen creyendo que la senda que nos ha hecho preservar el poder no necesariamente ha sido la que ha hecho llegar los frutos esperados a un pueblo tan pero tan desigual. Sabemos de sobra que en una medida importante, con nuestras renuncias y nuestros silencios, contribuimos incluso a profundizar la desigualdad.

Tenemos el deber ético de alinear nuestras fuerzas, de responder a las demandas de una ciudadanía cada vez más exigente, por eso es que valoro que tú, como nieto de Allende, nos evidencies las fallas que ves en la trayectoria que hemos tomado.

Estimado Pablo, no nos vamos a rendir acá abajo, en las bases invisibles del partido de un Presidente que dijo que la historia era nuestra y que la hacían los pueblos, porque estamos conscientes de que, como decía Galeano en las primeras páginas de Las venas abierta de América Latina, haciendo alusión a la Proclama Insurreccional de la Junta Tuitiva en la ciudad de La Paz, 16 de julio de 1809: "Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez".

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