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PAÍS

Bachelet sin agua en la piscina política

por 9 mayo, 2018

Bachelet sin agua en la piscina política
Al interior de la ex Nueva Mayoría, el nombre de la ex Presidenta simplemente no prende a la hora de pensarla como un referente aglutinador del sector. A pesar de sus últimas apariciones y de la futura fundación que va a instalar, en la oposición acusan que no tiene las condiciones para operar al nivel que hoy necesitan, considerando el desorden existente. La fría y distante relación que mantuvo con el entonces oficialismo durante los últimos cuatro años de su Gobierno, dejó heridas que aún no cierran, incluso al interior de su propio partido, el PS.
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Se sabía, lo dijo varias veces en los últimos meses que estuvo en La Moneda, que de ser necesario y cuando el tema lo "ameritara", mantendría un rol activo en la coyuntura política y que, en esa línea, el modelo de Barack Obama de usar las redes sociales para plantear sus puntos de vista, era el que más le acomodaba. Tal cual, desde que entregó la banda presidencial, el 11 de marzo, Michelle Bachelet ha marcado posición en distintos temas, pero especialmente cuando de defender su legado se trata, lo que genera incertidumbre en la oposición de hacia dónde apunta políticamente la ex Mandataria: ser un ente aglutinador de las huestes de la ex Nueva Mayoría en este momento de desunión o sondear el clima sobre los apoyos que mantiene, a pesar de haber descartado tajantemente la posibilidad buscar algún cargo en la política nacional.

Con el cuestionado decreto para el protocolo sobre objeción de conciencia en la ley de aborto en tres causales, Bachelet ya había acusado al Gobierno de Sebastián Piñera de querer torcer la voluntad popular "vía reglamento", pero sacó más ronchas en la derecha cuando la semana pasada la ex Jefa de Estado usó su cuenta de Twitter para publicar –a tono con el día mundial de Star Wars– una caricatura suya como la Princesa Leia de “La Guerra de las Galaxias” con el llamando a defender su legado de “el lado oscuro”.

No solo en la derecha tomaron nota de aquella jugada de Bachelet, porque al interior del Partido Socialista fue leída por algunos como un intento de "tantear el terreno" en torno a su figura.

En el mundo de la centroizquierda no ponen en duda la importancia y relevancia de la figura de la ex Jefa de Estado, de quien sacan a relucir su currículo como la primera mujer Presidenta, primera ministra de Defensa y primera directora de ONU Mujeres, entre otros. Existe claro consenso que, sin ella, no hubiese existido el Gobierno de la Nueva Mayoría y la posibilidad de haber podido “correr el cerco” con las reformas de su programa.

Sin embargo, a menos de dos meses de haber dejado La Moneda, al parecer todo ese currículo ya no alcanza para que Bachelet sea considerada entre los suyos como el referente que la oposición necesita en estos momentos para ordenar sus filas, aglutinar a los sectores más reticentes y guiar el rearme.

Nadie discute que la ex Nueva Mayoría actualmente está en el suelo. La DC camina por su cuenta y desde el PS, PPD, PC y PR siguen intentando sostener un espacio político que se les hace cuesta arriba ante la presencia del Frente Amplio. En el ex oficialismo se reconocen a la deriva, sin referentes de peso y solo con la esperanza de que en el mediano plazo broten nuevos liderazgos.

Al igual que la DC, en el socialismo también se resiente el trato “frío y distante” que hubo durante la administración bacheletista y sacan a colación, como antecedente, que en todo el 2017 nunca recibió a los líderes de los partidos de su coalición. Un sentimiento que quedó plasmado en una entrevista en revista Qué Pasa, el 22 de febrero, el ex diputado socialista Osvaldo Andrade, donde sentenció que “Bachelet nunca logró asumir su condición de jefa de coalición”.

En este punto que el entorno de la ex Mandataria pensó que ella debía aparecer como la gran líder del sector, pero lo cierto es que no es así, el nombre de Bachelet cada vez se menciona menos, incluso en su propio partido, el PS.

Es que el cierre de la administración bacheletista fue tan tormentoso, que incluso reconocen en la oposición que el mote impuesto por la derecha, que se trataba “del peor Gobierno desde el regreso a la democracia”, ha logrado permear algunas capas del ex oficialismo.

El no haber cerrado el penal de Punta Peuco; todo el choque posterior al 11 de marzo con su ex ministro de Justicia, Jaime Campos, por las presiones de último minuto que recibió; la fallida nominación como notario del ex fiscal del caso  Caval, Luis Toledo, quebraron la indondicionalidad que había con su figura, fueron las gotas que faltaban a muchos en el ex oficialismo para rebalsar el vaso de su paciencia. Hasta no hace mucho, ni siquiera se hubiesen atrevido a hablar mal de Bachelet, pero hoy les pesa la falta liderazgo que demostró la ex Presidenta en la recta final.

Arroz graneado

En la Democracia Cristiana, más que en el resto de la ex Nueva Mayoría, las heridas por el trato recibido en el último período de Gobierno siguen sangrando, no ha habido proceso de sanación para varios y lo demuestran con un rotundo NO a la hora de pensar en la posibilidad de volver a trabajar bajo el alero de Bachelet. Uno de sus representantes en el Senado no duda en señalar que a la ex Mandataria "lo único que le queda es escribir sus memorias” y un diputado de la falange agregó con claridad que “destruyó la Concertación y también la Nueva Mayoría, cómo va ahora a ser un ente aglutinador, no hay nada que pueda hacer”.

En la DC aún resuenan las palabras que les dijo el entonces ministro del Interior, Mario Fernández, cuando los recibió por primera vez en su despacho del Patio de Los Canelos y los llamó a entender que, para las decisiones de Palacio, el partido era “arroz graneado”, que habían perdido la mayoría y que, por lo mismo, se impondrían temas a veces relevantes solo para los demás partidos de la coalición.

Uno de los rostros históricos de la falange explicó que a Bachelet tras los últimos cuatro años “no se le tiene mucho cariño acá” y le enrostró que los actuales ministros de Piñera han considerado más la opinión de la DC que lo que los escuchó efectivamente la administración a la que pertenecían.

En el PS el escenario no aparece mucho mejor, si bien en las definiciones no son tan ácidos para referirse a la ex Mandataria, tampoco llueven los halagos. Desde la directiva socialista uno de sus integrantes señaló tener claro que Bachelet “no tiene la capacidad operatoria para llevar adelante esta tarea, tiene muchas otras cualidades, pero no la de operar, no lo hizo en cuatro años de Gobierno”.

Así, la sensación interna en el PS es que el tiempo de Bachelet ya pasó y agregaron que, en las discusiones tratando de encontrar algún referente, la ex Presidenta “no ha sido tema” en la casona de calle París.

Al igual que la DC, en el socialismo también se resiente el trato “frío y distante” que hubo durante la administración bacheletista y sacan a colación como antecedente que en todo el 2017 nunca recibió a los líderes de los partidos de su coalición. Un sentimiento que quedó plasmado en una entrevista en revista Qué Pasa, el 22 de febrero, el ex diputado socialista Osvaldo Andrade, donde sentenció que “Bachelet nunca logró asumir su condición de jefa de coalición”.

Un histórico miembro de la colectividad y actual diputado fue categórico y precisó que “con el nombre ya no le da” a la ex Presidenta y que, por lo mismo, la fundación que está formando, más que como un ente aglutinador de las huestes, buscará solo defender el legado de su Gobierno.

Hay otros que insisten en que es muy prematuro tratar de dilucidar el futuro político de Bachelet y recuerdan que la última vez que se presentó como candidata en un principio tampoco era furor, pero que los números terminaron por cambiar el escenario. “No existe nadie más en este momento”, agregaron en el PS.

Lo sucedido con el penal de Punta Peuco es un tema no menor, la distancia que se marcó con las presidentas de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, Lorena Pizarro y Alicia Lira, respectivamente, no gusta mucho en las huestes del PS. En general, hay descontento por la forma en que la ex Jefa de Estado, una de los suyos, trató el tema de los Derechos Humanos.

Desde el Partido Radical son más cautos y aseguraron que no se debe prescindir de nadie, que todos deben ser valorados y que Bachelet sería una más entre múltiples liderazgos.

En el PC llaman a la calma. Hablan de "sequedad de liderazgos producto de la derrota y la fragmentación”, pero tienen una perspectiva más optimista que el resto de la ex Nueva Mayoría, según confesó Juan Andrés Lagos, quien observa mínimos comunes, como la despenalización del aborto en tres causales y otros hitos del último Gobierno, que pueden hacer converger a las huestes de la oposición. “La ex Presidenta puede jugar un rol muy significativo respecto de la adhesión ciudadana”, agregó.

La cuidadana

Bachelet se encuentra presta a partir a su segunda gira internacional, un periplo que considera a Corea del Sur y Suiza, para participar en el Asian Leadership, primero, y el Partnership de Salud después. Mientras sigue en Santiago, está en espera de los últimos arreglos de la casona ubicada en la comuna de Las Condes para iniciar el trabajo de su fundación, que buscará, entre otras cosas, defender su legado y, como lo han señalado cercanos, hacer un enlace con la ciudadanía.

La idea es que en esta fundación participen sus colaboradores más cercanos y los ex ministros de su gabinete que han mostrado plena disposición para colaborar.

Bachelet ha aparecido más de lo que sus cercanos esperaban inicialmente. Se le ha visto en diversas actividades, como la visita privada que llevó a cabo en la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE), estuvo en la presentación del libro Las niñas pueden y también apareció en el ex Congreso donde fue homenajeada por el PS y la Alianza Progresista.

Independientemente de cuánta agua tenga hoy la piscina política de la ex Jefa de Estado, desde un sector de la ex Nueva Mayoría tienen un deseo para Bachelet en su vida como ciudadana: “Mayor libertad, alejada de sus asesoras”. Una crítica velada a la gestión de su polémico círculo de hierro, a cuyos miembros se culpa de encastillarla, no “sacarla a la calle y mantenerla encerrada”, apuntando directamente a la ex jefa de Comunicaciones, Haydée Rojas, su ex jefa de gabinete, Ana Lya Uriarte, y el ex asesor Pedro Güell. A este equipo se le atribuye la imagen “tibia” y poco cercana –una de sus mayores virtudes en su primer gobierno– que mostró la ex Presidenta y que contribuyó a aumentar la distancia entre ella y la ex Nueva Mayoría.

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