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Denunciante de sacerdote Renato Poblete: "Destruyó mi vida afectiva hasta el día de hoy. Nunca pude armar una relación con nadie"

por 27 enero, 2019

Denunciante de sacerdote Renato Poblete:
La mujer que decidió denunciar al fallecido Renato Poblete detalló lo vivido durante años cuando decidió dejar la ingeniería mecánica para dedicarse a la teología. Su primer encuentro con ella vino gracias a una recomendación, lo que ella se consideró "muy honrada cuando aceptó recibirme, era una persona muy conocida". Marcela Aranda también detalló los objetivos que tiene con la denuncia póstuma.
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Por primera vez, Marcela Aranda, la mujer que denunció por abusos al sacerdote Renato Poblete, sacó la voz y contó las tortuosas experiencias vividas con el párroco.

La ingeniera mecánica y teóloga detalló, ya con 53 años, lo que pasó cuando ella tenía "entre 19 y 20 años", según detalla el comunicado entregado esta semana por la Compañía de Jesús, quien anunció el inicio de una investigación canónica preliminar a cargo del abogado laico, Waldo Bown, por hechos que se refieren a "delitos y situaciones abusivas entre 1985 y 1993, de carácter grave en el ámbito sexual, de poder y de conciencia".

"Destruyó mi vida afectiva hasta el día de hoy. Nunca pude armar una relación con nadie. Mi capacidad de entablar relaciones personales, de sentir cariño y de sentirse querido quedó totalmente destruida. Edifiqué un muro para defenderme del mundo exterior, pero no solo quedó lo malo fuera, también lo bueno", detalló.

Aranda también se defendió de los cuestionamientos de su denuncia tardía: "Las víctimas hacemos un proceso muy doloroso y de muchos años, 20, 30, 50, entre el abuso y el momento que, por fin, logramos poner en palabras el horror que sufrimos. Lo mío, me ha dicho la sicóloga, ha sido una disociación, para sobrevivir, olvidé completamente el período en que fui terriblemente abusada. Mis amigos me dicen que nunca hablé de ese período de mi vida. Inconscientemente borré todo recuerdo, como si esos años nunca hubieran existido, fue una disociación, no una pérdida de memoria", precisó en entrevista con el diario El Mercurio.

Su primer encuentro con Poblete vino tras una recomendación que le hicieron al decidir estudiar teología: "Me recomendaron tener un director espiritual para acompañar ese proceso y me hablaron del capellán Renato Poblete Barth. Me sentí muy honrada cuando aceptó recibirme, era una persona muy conocida. Fui muy confiada a ese primer encuentro, recuerdo que me dio un gran abrazo y me pidió que le relatara mi vida. En algún momento me dijo: "De ahora en adelante, yo seré tu padre y te daré todo el cariño que necesitas". Fue muy emocionante y me dejó completamente abierta a lo que vino después. Nunca pensé que un deseo y una búsqueda tan noble terminaría en un abuso tan horrible".

"El abusador es una persona muy astuta, con un manejo impresionante de la sicología humana, pero para la maldad. Tienen la capacidad de percibir dónde está tu fragilidad, por ahí entran y uno no tiene herramientas para defenderse del abuso", contextualizó.

"Tenía relaciones complejas con mi familia, no quisiera entrar en mayores detalles, por respeto a ellos, pero había situaciones complicadas en el hogar que me tenían vulnerable frente a la figura paterna, sobre todo. A medida que van transcurriendo los hechos de abuso, uno va quedando completamente atrapado, comienza a perder la noción de lo que está bien y lo que está mal, pierde la voluntad, la libertad. Uno se transforma en un esclavo de la voluntad del otro", agregó.

A pesar de no querer hablar hasta que termine de resolverse la denuncia, Aranda sentenció que escapar de la situación "fue muy difícil, fue una huida. No quisiera hablar de eso hasta que hable con el investigador, es un tema muy delicado, porque estamos hablando de potenciales testigos".

El objetivo de la denuncia, para Aranda, es "en primer lugar, con esta denuncia y al mostrarme públicamente, busco verdad y justicia. Eso es indispensable para mi sanación personal y para que yo pueda empezar a vivir de una manera humana y digna. En este momento, yo solo sobrevivo. Quiero también que otras mujeres puedan hacer un proceso, aunque doloroso y difícil, pero sanador como el mío y se animen a denunciar los abusos recibidos. Y espero que sea una oportunidad única para la Compañía de Jesús después de todo lo que ha pasado en la Iglesia, de poder realizar ellos una investigación transparente, diligente y completa que permita comprender cómo algo tan espantoso pudo ocurrir durante tantos años y, tal vez, pueda seguir ocurriendo en muchas partes aún. Se tienen que asumir todas las responsabilidades que hubo", sentenció.

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