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El debate sobre la edad de jubilación: entre la necesidad económica y el derecho a descansar PAÍS

El debate sobre la edad de jubilación: entre la necesidad económica y el derecho a descansar

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Wiebke Bolle
Por : Wiebke Bolle Periodista alemana del diario Die Welt. En el marco del programa de intercambio Internal Journalists’ Programmes, reportea durante dos meses desde Chile y escribe para El Mostrador.
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En Alemania resurge la idea de elevar la edad de jubilación, mientras en Chile el debate se cruza con pensiones bajas y desigualdad. Expertos y ciudadanos plantean visiones opuestas sobre trabajar más años o garantizar un retiro digno.


En Alemania, el jefe de la Cancillería en el gobierno del canciller Friedrich Merz anunció recientemente, en una entrevista televisiva con la cadena
ntv, que el Ejecutivo busca elevar nuevamente la edad de jubilación. El debate no es nuevo: la ministra de Economía, Katherina Reiche (Demócrata Cristiana, CDU), ya había puesto el tema sobre la mesa al proponer que los alemanes trabajen más años antes de retirarse. En la actualidad, la edad legal para jubilarse está fijada en 67 años.

También en Chile se debate un tema similar. Expertos económicos abogan por aumentar la edad de jubilación que actualemente es de 60 años para mujeres y 65 años para hombres, pero muchas personas continúan trabajando más allá de esa edad para alcanzar una pensión más alta en el futuro.

La nueva reforma previsional en Chile combina, entre otras cosas, por primera vez ahorro privado con un sistema estatal solidario. Los empleadores deberán aportar hasta un 8,5% adicional del sueldo. Una parte irá a la cuenta individual y otra a un fondo común que apoya especialmente a mujeres y personas con bajos ingresos. El objetivo es hacer las pensiones más justas. El aumento gradual de las cotizaciones patronales comenzó en agosto.

Un aumento de la edad de jubilación no forma parte de la reforma previsional actual en Chile. Pero, ¿qué piensan los ciudadanos al respecto?

“Creo que es inevitable. Cada vez la expectativa de vida aumenta y se vienen épocas donde se va a redefinir lo que conocemos como trabajo. Entonces, a nuestra generación le va a tocar vivir cambios muy interesantes”, dice Santiago Del Vecchio. Tiene 36 años, es ingeniero comercial y trabaja para una empresa estadounidense. Hace más de diez años emigró desde Argentina a Chile.

Alejandra Torres Mendoza, de 53 años, actriz y terapeuta lo ve de otra manera: “Puedo percibir los primero deterioros corporales y de salud que las debo atender como corresponde. Yo no me imagino trabajar con el mismo ritmo a una edad tan avanzada, menos creo posible encontrar
siquiera un trabajo remunerado una edad como a los 67 años”. Y agrega: “Es muy probable que la gente se desgaste y muera incluso durante antes de ese período”.

Expertos en pensiones en Alemania sostienen que, debido al cambio demográfico y al constante aumento de la esperanza de vida, es necesario alargar la vida laboral. Según Bernd Raffelhüschen, economista y profesor en la Universidad de Bergen, una propuesta en ese sentido sería adecuada, justa para las generaciones futuras y debería llevar incluso a considerar una edad de jubilación de 68 o 69 años.

María José Azócar de la Fundación SOL dice: “La fijación de la edad de jubilación varía por país, esto nos indica que ese número es una construcción social y el resultado de una disputa de poder. No es lo mismo cumplir 67 años en Alemania versus en Chile”.

Ella es Doctora en Sociología de la Universidad de Wisconsin-Madison en Estados Unidos y explica: “Si en Alemania, las personas han tenido acceso a una red de protección social que les ha dado las herramientas para cuidar su salud, entonces esa red de protección marca una gran diferencia a la hora de cumplir 67 años”. Señala que no fue casualidad la disputa por las edades de jubilación, ya que esta reflejaba las relaciones de poder que atraviesan la vida de las personas.

La periodista Fernanda de Santiago, de 26 años, piensa: “Aumentar la edad de jubilación en el fondo es sincerar algo que ya pasa. Casi nadie puede jubilarse a los 60 o 65 años porque casi nadie tiene una buena jubilación”.

“Dicho eso, quizás lo mejor no es aumentar la edad de jubilación, sino aumentar el porcentaje de la cotización que va al fondo solidario. La única manera de mejorar las pensiones es que de verdad haya una cooperación entre las personas”, agrega. No quiere que su apellido se haga público.

Las críticas en Alemania

Desde el Partido Socialdemócrata (SPD) en Alemania llega la crítica. La ministra Reiche ignora la realidad de muchas personas que trabajan en oficios físicamente exigentes o en turnos. Aumentar la edad de jubilación sería una “señal desastrosa”. La coalición entre el CDU y la SPD no contempla un aumento adicional de la edad legal de jubilación por encima de los 67 años. En cambio, se apuesta por una mayor flexibilidad en la transición hacia la jubilación. De este modo, los planes de la ministra de Economía contrastan de forma clara con los acuerdos gubernamentales vigentes.

También la profesora María José Azócar subraya que es necesario tener en cuenta que las personas llegan a la vejez con condiciones muy distintas. “Las personas trans, en particular las mujeres trans que han estado insertas en trabajos informales, tienen una expectativa de vida muy baja en Chile – no más de 40 años”.

Señala: “Si esto es así, es importante entonces, abrir la discusión sobre políticas de pensión de vejez ajustadas a otras edades para otros grupos de la población y diseñar regímenes especiales de jubilación para esos grupos”.

Si se les pregunta a personas mayores que ya no están en el mundo laboral, muchas veces dicen que es necesario aumentar la edad de jubilación – porque los pagos mensuales son demasiado bajos.

“Muchos de nuestros jubilados tienen que seguir trabajando por sus pensiones, que son miserables. Acá hay personas que han trabajado su vida entera y reciben de jubilación $300.000, algunos $400.000”, dice Bárbara, una mujer quien tiene que trabajar hasta los 67 años. Hoy la guía turística independiente tiene 60. “Eso no alcanza para vivir. Muchos siguen trabajando como taxistas o empiezan a vender cosas en la feria”.

Ella agrega: “Hay que considerar que el costo de vida aquí es tan alto como en Alemania, pero el sistema social apenas funciona”. También ella prefiere permanecer en el anonimato.

Así lo confirma también la experta María José Azócar: “Las pensiones en Chile son para la mayoría insuficientes. La mayoría de las pensiones autofinanciadas ni siquiera llegan al salario mínimo, que ya es bajo en el país, y es por esto que una gran parte de la población termina recibiendo pensiones subsidiadas por el Estado”.

Desde la perspectiva de la sociología, el sistema previsional chileno vigente refuerza la desigualdad social, ya que se basa en un modelo de capitalización individual – es decir, en el principio de que cada persona ahorra por su cuenta para la jubilación, sin mecanismos de redistribución solidaria. Por ello, un aumento de la edad de jubilación sería especialmente injusto.

Personas más jóvenes, como Melinka Bier, a menudo tienen una opinión diferente al respecto: “Me parece que aumentar la edad de jubilación en Chile es una buena medida para el país. La esperanza de vida va aumentando, y es necesario ajustar también la edad para jubilarse”, dice la joven de 29 años de Pichilemu en la costa.

La arquitecta ve en eso incluso una forma de igualdad: “Por otra parte, creo que es fundamental que hombres y mujeres jubilen a la misma edad; de esta forma se evitan diferencias dentro del mercado laboral”.

“Mi opinión es que 67 como edad tope para hombres y mujeres es mucho. Lo dejaría como opcional, pues cada situación es diferente. Si alguien quiere trabajar más que lo haga pero no como obligación”, piensa Diva, una casera de 65 años de Santiago. Ella no quiere que su apellido se haga público.

El principio de la voluntariedad también le parece bien al estudiante de Ingeniería Civil Pedro Aparicio Ulloa. “Para mí, depende de si se sigue trabajando por necesidad o por gusto. Quienes lo hacen por necesidad suelen tener empleos mal remunerados. Me parece lamentable e inaceptable que las personas mayores tengan que seguir trabajando – sobre todo en condiciones precarias – solo para cubrir sus necesidades básicas, en lugar de poder disfrutar de una vejez tranquila”.

Si alguien decide hacerlo voluntariamente, el joven de 20 años lo apoya. “Conozco casos de doctoras y doctores que siguen trabajando e investigando incluso después de los 67 años – me parece algo muy positivo, ya que pueden transmitir toda su experiencia a las nuevas generaciones y seguir con su vocación de ayudar a los demás”.

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