PAÍS
La reorganización del feminismo en la era conservadora de José Antonio Kast
“No es correcto hablar de reactivación, porque el movimiento ha permanecido activo todos estos años, pero, como dejó de manifiesto el 8 de marzo, podemos anticipar una voluntad masiva por parte del movimiento, de resistir activamente los ataques de este Gobierno”, señalan desde la Coordinadora 8M.
En su primer discurso como Presidente de la República, José Antonio Kast anunció el comienzo de una nueva era de “orden, libertad y justicia” para Chile. Énfasis acompañado de pilares simbólicos como la fe, la familia y la tradición, en el marco de un país en crisis que ha perdido el rumbo.
En ese escenario, los primeros días de administración del recién asumido Mandatario serán observados de cerca desde el mundo feminista. Si bien el Jefe de Estado cuenta con un historial que genera alerta al interior de diversas organizaciones, el guion del Gobierno de emergencia sobre el que ha puesto énfasis desde sus primeras horas de instalación debiera descartar eventuales medidas como el término del Ministerio de la Mujer o retrocesos en derechos como el aborto en tres causales.
En paralelo, sectores oficialistas sí han manifestado la intención de frenar iniciativas en materia de educación sexual y perspectiva de género, entre otras medidas, por lo que distintas líderes feministas han planteado sus aprensiones sobre los retrocesos que Chile podría sufrir durante los próximos cuatro años en este aspecto.
En ese contexto, el movimiento feminista chileno enfrenta un momento de redefinición política y estratégica tras el inicio de un nuevo ciclo gubernamental encabezado por la derecha. Su discurso conservador contrasta con la narrativa del “Gobierno feminista” que marcó la administración del expresidente Gabriel Boric, un periodo que, pese a esas expectativas, también dejó a varias organizaciones con una sensación de insatisfacción.
En un país donde el feminismo ha tenido un papel protagónico en la agenda pública desde las movilizaciones estudiantiles y el llamado “mayo feminista” de 2018, organizaciones y activistas analizan ahora cómo adaptarse a un escenario institucional distinto y potencialmente más adverso.
Ministerio de la Mujer: factor de incertidumbre
La llegada al poder del Presidente Kast introduce una nueva variable. Sectores oficialistas han mostrado posiciones conservadoras en temas como aborto, matrimonio igualitario o políticas de género, lo que refleja una brecha ideológica respecto de las agendas feministas impulsadas en la última década. En esa línea, analistas advierten que el debate público sobre feminismo podría intensificarse en un escenario de mayor polarización política.
Uno de los primeros factores de incertidumbre es el sello que instalará la nueva ministra de la Mujer, Judith Marín. La exconcejala evangélica de 30 años fue también secretaria general del Partido Social Cristiano y abiertamente conservadora en materia de derechos sexuales y reproductivos.
El pasado 8 de marzo, la secretaria de Estado señaló que parte de los focos de su gestión estarán puestos en empleo, brecha salarial y apoyo a la maternidad para una adecuada inserción al mercado laboral de las mujeres. Además, mayor seguridad para frenar la violencia contra las mujeres.
Si bien voceras feministas han señalado que la designación de Marín no es problemática por su creencia religiosa, sí es factor de preocupación su adhesión a un partido que ha sido contrario a los avances legislativos en materias de género y disidencias sexuales.
“Seguiremos empujando con fuerza nuestras demandas históricas”
Isadora Castillo, integrante de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, señaló a El Mostrador que, si bien el Presidente José Antonio Kast omitió referirse en campaña a sus políticas de género, es imposible desconocer que “durante los 16 años en que fue parlamentario torpedeó todo avance en materia de derechos sexuales y reproductivos”.
“Durante su candidatura presidencial anterior, en la cual no fue electo, posicionó la eliminación del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género como una propuesta, que no prosperó, pero que sí nos mantiene en alerta para lo que ocurra durante este Gobierno”, agregó.
Por su parte, Fernanda Cavada, vocera de la Coordinadora Feminista 8M, enfatizó que el objetivo de la derecha a nivel global es debilitar las condiciones de vida de mujeres y disidencias, “mediante el desmantelamiento y debilitamiento de la institucionalidad que resguarda el acceso a derechos y a justicia”.
“Que Kast meta en el clóset su discurso antifeminista y que solo se atreva a decirlo en cónclaves de ultraderecha en Europa, no significa que no vaya a gobernar con el mismo programa que gobierna la ultraderecha en todo el mundo”, advirtió.
Respecto a la proyección del mundo feminista para este nuevo ciclo político, Cavada señaló que “el pasado 8 de marzo demostró una voluntad amplia y masiva para enfrentar organizadas lo que viene”.
“Todo atentado a nuestros derechos y condiciones de vida se volverá un tema prioritario. Al mismo tiempo, seguiremos empujando con fuerza nuestras demandas históricas: vivienda, educación sexual integral, trabajo digno, cuidados, aborto, fin a la violencia de género. No es correcto hablar de reactivación, porque el movimiento ha permanecido activo todos estos años, pero, tal y como dejó de manifiesto el 8 de marzo, podemos anticipar una voluntad masiva por parte del movimiento, de resistir activamente los ataques de este Gobierno”, dijo.
El balance desde la política institucional
Dentro de los balances de los cuatro años de administración del expresidente Gabriel Boric y el rol de los partidos de izquierda en la implementación del llamado “Gobierno feminista”, existen opiniones diversas al interior del progresismo. Estas reflexiones también serán parte de la rearticulación del feminismo desde la política institucional.
Para la socióloga y directora de la Fundación Nodo XXI, Pierina Ferretti, es imposible desconocer que “la fuerza feminista de los partidos que participaron del Gobierno estuvo en empujar políticas con perspectiva de género y para el bienestar de las mujeres”. En ese sentido, destacó el impacto de la ley de pago efectivo de pensiones, la ley integral contra la violencia hacia las mujeres, y la creación del Sistema Nacional de Cuidados. Esto, además de los elementos con perspectiva de género insertos en la reforma de pensiones y la ley de 40 horas.
“Creo que hubo un esfuerzo muy explícito por hacer avanzar los intereses de las mujeres y por imprimirle una perspectiva de género a la acción del Estado y de las políticas públicas. (…) Sin embargo, creo que una deuda importante que queda es el aborto por plazos. Es una demanda histórica del movimiento feminista, que este Gobierno incluyó en su programa y que no vio la luz en este ciclo. Era muy difícil por la correlación de fuerzas en el Congreso, pero ahí evidentemente queda una deuda importante con los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres del país que no puede desatenderse”, destacó.
Asimismo, Ferretti señaló que el movimiento feminista ha seguido demostrando una alta capacidad convocatoria. “El 8 de marzo fue muy masivo, muy transversal y sigue siendo el feminismo una corriente cultural y política importante de la sociedad chilena. Así que va a ser una fuerza de resistencia a cualquier intento desde el Gobierno de Kast por hacer avanzar una agenda conservadora”, agregó.
Una lectura más crítica tiene la politóloga Javiera Arce, quien afirma que existió una ausencia de reformas políticas durante el Gobierno anterior, que posibilitaran –mediante procesos de institucionalización– la inclusión de mujeres y otras diversidades sociales. Esto, más allá de haber dado continuidad a la tramitación de la Ley Integral contra la Violencia hacia las Mujeres o la Ley “Papito Corazón”.
“Si no hay procesos de institucionalización concretos, no hay avance. Y en este sentido, todo se lo puede llevar el viento. Por ejemplo, poner al Ministerio de la Mujer en el Comité Político. No hay una posibilidad de que esto se haya institucionalizado, porque en este momento el riesgo que hay es que exista o no el Ministerio de la Mujer. Lo segundo, en materia institucional, haber eliminado el cargo de la primera dama, una medida que fue un fuego artificial, que a nadie le importó y que después fue superfácil la reinstalación”, señaló.
Respecto a la gestión del Gobierno de José Antonio Kast, la cientista política afirmó que existen riesgos a propósito del carácter ideológico de esta administración y la instrucción de recortes que puede afectar al Ministerio de la Mujer.
“Creo que se avecinan tiempos complejos, no sé si va a haber una reversa en derechos, yo espero que no, pero como tampoco hubo, por ejemplo, institucionalización para prolongar la Ley de Cuotas (que dura hasta la próxima elección del 2029), y no se hizo ningún esfuerzo al respecto, entonces estamos en un escenario desfavorable. (…) Hay un problema, de nuevo, de institucionalización, que es la única forma de poder asegurar avances”, recalcó.
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