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Así es Palmarola, la isla más desconocida de Italia que solo se puede visitar por mar Viajes Crédito: Web.

Así es Palmarola, la isla más desconocida de Italia que solo se puede visitar por mar

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Cuevas volcánicas, calas solitarias y una vida regida por la naturaleza definen a este destino oculto frente a las costas de Italia.


A pocos kilómetros de Roma, pero a años luz del turismo tradicional, Palmarola se mantiene como uno de los secretos mejor guardados del Mediterráneo. Accesible solo por mar y sin infraestructura moderna, la isla propone un viaje donde la naturaleza marca el ritmo y el silencio es parte del paisaje.

El acceso es exclusivamente por mar, generalmente desde la vecina isla de Ponza, situada a unos ocho kilómetros. El trayecto implica llegar primero al puerto de Anzio desde Roma, navegar hasta Ponza y luego coordinar una travesía en pequeñas embarcaciones privadas o de pescadores locales. Esta dificultad logística es, paradójicamente, uno de los mayores atractivos del lugar.

Naturaleza volcánica y calas solitarias

Palmarola está dominada por acantilados abruptos, formaciones volcánicas, cuevas marinas y pequeñas calas de aguas transparentes. La isla no tiene desarrollo urbano y su única playa es de tamaño reducido, conectada por senderos que ascienden hacia ruinas de un antiguo monasterio medieval y vestigios de asentamientos prehistóricos.

El único punto de actividad permanente es el restaurante O’Francese, construido entre las rocas, que ofrece pescado fresco y algunas habitaciones habilitadas en antiguas cuevas de pescadores. Las reservas deben hacerse con meses de anticipación y los valores parten desde los 150 euros por noche, bajo régimen de pensión completa.

Crédito: Tripadvisor.

Una isla privada con historia y tradición

Desde el siglo XVIII, Palmarola pertenece a familias descendientes de colonos napolitanos que se asentaron en Ponza. La isla sigue dividida en lotes privados, muchos de ellos con cuevas restauradas y pintadas de blanco y azul, que antiguamente servían como refugio para pescadores durante tormentas.

En el punto más alto se encuentra una pequeña capilla dedicada a San Silverio, papa del siglo VI exiliado en la isla, donde se cree que murió. Cada mes de junio, habitantes de Ponza navegan hasta Palmarola para rendirle homenaje, en una celebración que combina devoción, tradición y navegación ancestral.

Lejos del turismo masivo que caracteriza a gran parte de Italia, Palmarola se consolida como un destino para quienes buscan desconexión total, paisajes intactos y una experiencia casi primitiva. Un lugar donde llegar ya es parte del viaje y donde el verdadero lujo es el silencio.

Crédito: Italianisimo.

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