Investigación
A rey muerto, rey puesto: la disputa por rutas narco en Sudamérica y Chile tras caída de El Mencho
La muerte de El Mencho dejó un vacío en el Cartel Jalisco Nueva Generación. Pablo Zeballos, experto en crimen organizado, asegura que otros rivales podrían intentar capturar sus rutas. El remezón podría reconfigurar el mapa narco. En Chile, el cartel ya había montado un laboratorio de metanfetamina.
La muerte de El Mencho ha generado un vacío de poder inmediato en el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), desatando olas de violencia en distintas partes de México: bloqueos, ataques incendiarios, tiroteos en la vía pública y explosiones en Jalisco, Guanajuato y Michoacán, entre otras ciudades, que han dejado al menos 25 guardias nacionales muertos.
Tras el operativo que terminó con la carrera de Rubén Oseguera Cervantes, el 22 de febrero en la ciudad de Tapalpa, el futuro de la organización es incierto. Sin una sucesión clara, el riesgo de fragmentación parece inminente. El trono –coinciden varios analistas– podría repartirse entre algunos lugartenientes. Son varios los candidatos: Audias Flores Silva, alias “El Jardinero”; Ricardo Ruiz Velasco, el “Doble R”; y Gonzalo Mendoza Gaitán, “el Sapo”. Todos ellos importantes piezas en la estructura operativa del cártel.
La muerte de El Mencho, además, también abriría la puerta a otras organizaciones para acrecentar su poder, entre ellas, el Cartel de Sinaloa, orgánica criminal que podría buscar arrebatar parte de los activos de su rival histórico, con un patrimonio estimado en US$ 50 mil millones, una de las infraestructuras delictuales más grandes del mundo.
Hace tres años –no hay que olvidar– el narco se convirtió en el quinto empleador en México y, según una investigación publicada en revista Science, ha reclutado en ese país alrededor de 185 mil personas que trabajan a sueldo para el crimen organizado. Una transnacional del delito que, en el caso del Cartel Jalisco Nueva Generación, creció de manera exponencial desde sus orígenes en el año 2009.
Los alcances que deja el descabezamiento del cartel, sin embargo, todavía no han sido evaluados en su total dimensión. Sus amplias redes, diversificadas en distintos rubros delictivos, las diversas rutas y alianzas, son inquietudes vigentes que recién comienzan a esbozarse y que prometen reconfigurar el mapa de poder del narco, particularmente en América Latina.
Para Pablo Zeballos, experto en crimen organizado y amenazas emergentes, el caso del Cartel Jalisco Nueva Generación representa un “modelo de estudio de crecimiento” y que, por esta razón, debido a la diversificación de sus negocios, es probable que se enfrente a un proceso de fragmentación violento.
“Al no tener definidos los liderazgos de sucesión, hay muchos que están autodeclarándose como los sucesores directos. Hoy existe un jefe sicario, ‘el Sapo’, que se está declarando como nuevo líder, hay uno denominado ‘Yogurt’ –Abraham Ambriz Cano, otro capo en ascenso dentro del cartel– y también un hijastro de El Mencho que en realidad es hijo de su pareja. Entonces, el fenómeno de sucesión se ve complejo”, explica el experto.
Independientemente del que lidere el recambio o si el cartel es absorbido por otra organización, lo cierto es que el apoyo por parte de Estados Unidos en la operación que terminó con la muerte de El Mencho es un fenómeno interesante de analizar. Si bien Norteamérica tiene la capacidad de utilizar su fuerza extraterritorialmente, en contra de carteles y líderes narcoterroristas, es posible que esta alianza se haya concretado buscando evitar lo que pasó en Venezuela.
Aunque se haya tratado de un intercambio en materia de inteligencia, Zeballos apunta a que la decisión de México se realizó anticipándose a una eventual acción de Estados Unidos. “Las consecuencias de una captura por otros actores no estatales, o extraestatales, es compleja, debido a que el sistema político puede ser cuestionado. Entonces, lo que se hizo fue pensar en capturarlo nosotros antes que vengan”, asegura.
Latinoamérica y Chile
La envergadura de este tipo de organizaciones es otra variable a considerar, apunta Pablo Zeballos. “El Cartel Jalisco Nueva Generación no se dedicaba solo a la cocaína, sino también a la marihuana, metanfetamina, drogas sintéticas, fentanilo, medicamentos falsificados, tráfico de petróleo, contrabando de personas y de especies. Son múltiples economías ilícitas que van generando la economía del cartel”, detalla.
Al margen de la diversidad de rubros delictivos, cada una de estas economías ilícitas tiene un modelo de gestión único y exclusivo. Este conocimiento respecto a rutas y conexiones –agrega el analista– representa el verdadero tesoro en disputa entre organizaciones. “Esos secretos del cocinero son los que buscan las otras estructuras, porque se saltan todo el periodo de crear una nueva ruta, sino que utilizan la ya existente”, analiza Zeballos.
En esos espacios de vacío que puede dejar una orgánica delictiva –enfatiza el autor de Un virus entre sombras– es donde pueden aparecer otros carteles buscando aprovechar el periodo de fragilidad de sus rivales. “Puede entrar otro cartel que esté mejor organizado, con mayor capacidad de resiliencia, como puede ser Sinaloa o la mafia albanesa que, a mi juicio, es la organización criminal que más ha crecido en el último tiempo en el mundo y que está muy presente en América Latina”.
Se trata de espacios de mercado que, en rigor, podrían quedar a merced de distintas organizaciones. En el caso de Latinoamérica, la influencia del Cartel Jalisco Nueva Generación es extendida, aunque se ha desarrollado de manera más profunda en Ecuador y Colombia.
La presencia del CJNG en Ecuador no es necesariamente física, pues el cartel mexicano subcontrató a grupos locales, sin necesidad de trasladar sus activos criminales. “Estos actores son los responsables de la actual crisis de seguridad que vive Ecuador, debido a que muchos de ellos querían formar parte de esta alianza”, explica el experto. De hecho, agrega el analista, una de estas agrupaciones se llamó, precisamente, Cartel Nueva Generación.
El caso de Colombia es similar. La producción de cocaína en los últimos cinco años prácticamente se ha duplicado –también su precio–, debido a la apertura de nuevas rutas y mercados, ubicados de preferencia en Oceanía. En este sentido, los puertos en las costas del Pacífico han adquirido mayor relevancia, particularmente los ubicados en Ecuador, Perú y Chile.
“Hay puertos en el Pacífico de alta eficacia que pueden servir para el envío no solo de cocaína, sino para otras sustancias de contrabando. Esa es la principal alerta en estos momentos, porque Chile tiene un sistema tremendamente efectivo, en materia financiera y bancaria. Esto lo convierte en un espacio atractivo para grupos que no quieren hacer visible su presencia, sino participar de una economía mucho más ágil”, explica el experto.
La presencia territorial no sería, entonces, la única forma de penetración de un grupo criminal, como lo hizo en su momento el Tren de Aragua en Cerro Chuño. “Hay estructuras criminales que prefieren, más que controlar un territorio en forma violenta, controlar alguna ruta o alguna cadena de valor, como un puerto, o tener vinculaciones para el lavado de activos”, apunta Zeballos.
Es el caso del Cartel Jalisco Nueva Generación en Chile, organización que montó un laboratorio de metanfetamina en la localidad de Lolol, en la Región de O’higgins, y a la que se le incautaron 844 kilos de la droga, el más alto decomiso registrado en el país de esta sustancia. El operativo, realizado a comienzos de enero del año pasado, terminó con dos ciudadanos mexicanos en prisión.
La silenciosa incursión en territorio nacional, detectada tras una investigación de la Fiscalía Regional de Antofagasta, confirmó que el destino final de la droga serían países de Asia y Oceanía y que el cartel buscaba, según señaló el fiscal a cargo de la causa, Juan Castro Bekios, generar una plataforma de actividades ilícitas con vínculos con México y enfocada en la exportación de sustancias ilícitas.
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