Cable chino: nube bajo el mar
¡Buenas tardes, estimados y estimadas tripulantes de este Universo Paralelo!
Las cosas no siempre fluyen por los conductos regulares. Las influencias, el dinero, la política, la diplomacia. Tendemos a creer que siguen caminos visibles, casi obvios, como si bastara con mirar para entender por dónde pasan. Pero no siempre es así. La reciente polémica del cable chino es un ejemplo perfecto de ello.
- Más extraño es cuando se trata de ciencia. Allí esperamos control, claridad, sentido común. Por ejemplo, ¿por dónde viaja la energía eléctrica que cruza el océano a través de un cable telegráfico?
Estos cables ya atravesaban el Atlántico en 1858 y fue precisamente estudiando ese tipo de sistemas que Oliver Heaviside descubrió algo profundamente contraintuitivo: la energía eléctrica no viaja dentro del cable. Se desplaza en el espacio que rodea al conductor, guiada por él, pero no contenida en su interior. Son los campos electromagnéticos –y no los electrones que circulan por el metal– los verdaderos portadores de la energía.
Hoy la información que cruza los océanos ya no viaja en cables eléctricos. Desde la instalación del primer sistema transatlántico de fibra óptica, el TAT-8 en 1988, lo que atraviesa el océano es luz. Pulsos de luz confinados en fibras de vidrio más delgadas que un cabello, capaces de recorrer miles de kilómetros sin dispersarse.
Aquí parecería que la intuición finalmente acierta: la información sí viaja “por dentro”. Pero incluso en este caso la realidad es más sutil. Lo que se propaga no son objetos, sino campos, oscilaciones que se sostienen en el tiempo y el espacio. Esta vez, eso sí, cuidadosamente confinados al interior del cable, a salvo del agua salada.
De ese tipo es el “cable chino” de la polémica: uno de fibra óptica, preciso, contenido, previsible. En ese caso, lo que escapa al ojo no es la física, sino la política. Esa que, como tantas otras cosas, no fluye por donde uno imagina, sino por canales invisibles, negociados en silencio, lejos de toda superficie.
En esta ocasión, distintas miradas abordan una temática que ha cruzado tecnología, política y debate público en las últimas semanas: los cables transoceánicos. Entre ellas, Néstor González doctor en Informática y académico de la Facultad de Ciencias, Ingeniería y Tecnología de la Universidad Mayor; Juan Carlos Letelier Parga, doctor en Neurociencias y profesor titular de la Universidad de Chile; Camilo Sánchez, geólogo y académico de la Escuela de Geología de la Universidad Mayor; Ignacio Retamal, doctor en Ciencias; y la periodista Francisca Munita.
Gracias por acompañarnos en esta edición de Universo Paralelo. A veces basta mirar bajo la superficie para notar que lo que parece invisible y automático –internet, las comunicaciones, la “nube”– descansa sobre una infraestructura física compleja, extendida por océanos y atravesada por tensiones tecnológicas y geopolíticas que rara vez vemos.
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CABLES SUBMARINOS: LA INFRAESTRUCTURA FÍSICA DETRÁS DE LA POLÉMICA

Mapa de cables oceánicos publicado en 1994 por la revista Fortune. Crédito: Creative Commons.
La discusión reciente en Chile sobre el proyecto Chile–ChinaExpress ha puesto en primer plano una infraestructura que, aunque normalmente pasa inadvertida, sostiene buena parte de la vida digital contemporánea. En el debate público abundan las referencias al “cable chino”, aunque pocas veces se explica qué es realmente un cable submarino de telecomunicaciones, cómo funciona y cuáles son sus riesgos técnicos reales. La controversia tomó fuerza a fines de febrero e inicios de marzo de 2026, en paralelo a otras discusiones sobre conectividad estratégica para el país.
- A diferencia de la imagen popular de internet como una “nube”, la conectividad internacional depende de una infraestructura profundamente material. Los cables submarinos transportan prácticamente el 99% del tráfico internacional de internet, por lo que constituyen la columna vertebral de las comunicaciones globales. No solo permiten videollamadas, streaming o navegación web: también sostienen transacciones financieras, servicios gubernamentales, computación en la nube y múltiples procesos críticos de la economía digital.
Desde el punto de vista técnico, estos sistemas están compuestos por fibras ópticas encapsuladas en múltiples capas de protección mecánica y aislamiento. En esencia, la información viaja como pulsos de luz a través de fibras de vidrio extremadamente puras.
En tramos cercanos a la costa, donde existe mayor riesgo por anclas, pesca o actividad humana, los cables suelen incorporar armaduras adicionales para resistir mejor posibles daños físicos. La operación completa no se limita al cable tendido sobre el fondo marino: el sistema incluye repetidores submarinos, unidades de ramificación, estaciones terminales en tierra y sistemas de monitoreo.
- Uno de los elementos clave son los repetidores, instalados a intervalos a lo largo del trayecto. Su función es compensar la atenuación de la señal óptica en largas distancias, permitiendo que un enlace intercontinental mantenga capacidad y calidad de transmisión. También pueden existir unidades de derivación para desviar capacidad hacia diferentes destinos, lo que transforma al cable en parte de una arquitectura de red más compleja.
- Por eso, hablar de un cable submarino no equivale a hablar de una simple línea punto a punto, sino de un sistema de telecomunicaciones de alta sofisticación, con componentes físicos y lógicos distribuidos a gran escala.
¿Puede intervenirse? Sí, pero esa posibilidad debe entenderse con rigor. El corte o sabotaje físico no es imposible, aunque tampoco es trivial: requiere medios especializados y conocimiento del sistema. De hecho, los daños más frecuentes no provienen de operaciones clandestinas sofisticadas, sino de accidentes asociados a pesca, anclas y otras actividades marítimas.
- Sin embargo, los análisis recientes sobre resiliencia y ciberseguridad subrayan que las zonas más vulnerables suelen estar cerca de la costa y en las estaciones terminales costeras, donde confluyen componentes físicos, energía, gestión de red y control operativo. Allí no solo hay riesgo de daño material, sino también de intrusión, manipulación y ataque sobre sistemas de administración.
La pregunta técnica relevante es: qué estándares de seguridad tendrá la infraestructura, cómo se protegerán las estaciones de terminales, qué nivel de redundancia existirá, qué gobernanza regulatoria operará sobre el sistema y qué capacidad tendrá el país para auditar, supervisar y responder ante incidentes. En una economía digital, el problema de fondo no es solo quién instala un cable, sino cómo un país protege la infraestructura que sostiene su soberanía informacional.
LA GEOPOLÍTICA INVISIBLE BAJO EL MAR

Crédito: Imagen generada por IA.
Durante años participé en discusiones técnicas y estratégicas sobre infraestructura digital en Chile, particularmente en torno al desarrollo del cable austral, que conecta Puerto Montt con Punta Arenas, iniciativa liderada por el, en ese entonces, subsecretario del Interior Mahmud Aleuy. Esa experiencia me permitió entender algo que hoy resulta evidente, pero que sigue siendo poco comprendido: el mundo moderno no funciona sobre ideas abstractas como “la nube”, sino sobre infraestructuras físicas extremadamente concretas, entre ellas, los cables submarinos.
- Cuando uno observa el mapa global de estos cables, la primera conclusión es que no están distribuidos de manera equitativa. Existen zonas con una altísima concentración –como el Atlántico Norte, entre Estados Unidos y Europa–, donde múltiples rutas generan redundancia, resiliencia y control. En cambio, regiones como América Latina, África o el Pacífico Sur dependen de menos conexiones, lo que las vuelve más vulnerables tanto técnica como estratégicamente.
Esta desigualdad en la infraestructura no es casual. Responde a intereses económicos, históricos y políticos. Durante décadas, gran parte del tráfico global ha pasado por Estados Unidos, consolidando su posición como nodo central de internet. Esto ha llevado a que otras regiones busquen alternativas. Un ejemplo claro fue el desarrollo del cable Europa-Brasil, conocido como ELLA, que permitió a Europa conectarse directamente con Sudamérica sin pasar por territorio estadounidense, en un intento explícito de ganar autonomía estratégica.
- Este tipo de decisiones revela una realidad incómoda: los cables submarinos no son solo infraestructura, son instrumentos de poder. El país o bloque que concentra rutas, nodos y capacidad de transmisión tiene una ventaja estructural en la economía digital.
Ahora bien, existe una preocupación recurrente sobre el espionaje en estas redes. Muchas veces se instala la idea de que los cables pueden ser intervenidos directamente en el fondo del océano. Eso es técnicamente posible, pero extraordinariamente complejo y costoso. En la práctica, el punto crítico no está en el cable, sino en los extremos: los routers y servidores donde los datos llegan, se procesan y se redirigen.
- Las revelaciones de Edward Snowden en 2013 dejaron en evidencia programas como PRISM, que mostraron cómo agencias de inteligencia accedían a datos a través de grandes plataformas tecnológicas y puntos de intercambio de tráfico. Es decir, el control no se ejerce necesariamente sobre el cable en sí, sino sobre la infraestructura donde ese cable termina.
Por eso, cuando en Chile se discute si conviene o no establecer un cable directo con Asia, muchas veces se pierde de vista el fondo del problema. No se trata solo de con quién nos conectamos, sino de cómo gestionamos nuestra propia infraestructura. Hoy, la mayoría de los puntos críticos de la red –los routers, los centros de datos– están en manos privadas. Eso debiera ser objeto de una reflexión mucho más profunda.
- Desde mi perspectiva, Chile debería avanzar hacia una red fotónica estatal que recorra todo el territorio, desde Putre hasta Puerto Williams, integrando universidades, centros de salud y servicios públicos. No es solo un problema de conectividad, es una cuestión de presencia del Estado en el siglo XXI.
Al mismo tiempo, debemos entender que el eje del desarrollo tecnológico global se está desplazando a Asia. China y Japón son actores fundamentales en la fabricación de tecnología y en la infraestructura digital. Negarse a fortalecer esos vínculos por razones ideológicas o por presiones externas es, en mi opinión, un error estratégico.
- Si existe preocupación por la seguridad de los datos, la solución no es aislarse, sino fortalecer capacidades propias: invertir en encriptación robusta, en desarrollo tecnológico y en gestión soberana de la infraestructura.
Los cables submarinos son, en definitiva, las arterias invisibles del poder contemporáneo. No solo transportan información: configuran el mapa del poder global. Y en ese mapa, elegir dónde y cómo nos conectamos es una de las decisiones más importantes que podemos tomar como país.
NOTICIAS: LA SEMANA EN CIENCIA

Tripulación de la misión Artemis II, que hoy 1 de abril inicia su vuelo tripulado alrededor de la Luna. Crédito: NASA.
Esta semana nos deja un recorrido por distintos rincones de la ciencia, con avances que van desde la medicina hasta el espacio. Entre ellos, destaca el impulso renovado de los programas espaciales, con nuevas apuestas que miran tanto a la Luna como a Marte, junto al regreso de humanos más allá de la órbita terrestre, un hito que vuelve a poner la exploración lunar en el centro de la escena.
- La NASA acelera su apuesta por la Luna y Marte
La NASA presentó un giro estratégico en su programa espacial: avanzar hacia una base permanente en la superficie lunar y acelerar el desarrollo de una nave con propulsión nuclear. Este sistema usaría calor generado por reacciones nucleares para impulsar misiones más rápidas y eficientes. El plan busca asegurar una presencia humana sostenida en la Luna y preparar el camino hacia viajes tripulados a Marte en las próximas décadas.
Dato curioso: los cohetes actuales tardarían unos nueve meses en llegar a Marte; con propulsión nuclear, ese tiempo podría reducirse casi a la mitad.
Publicado el 25 de marzo de 2026. Conoce MÁS.
- Un implante convierte el cuerpo en una “farmacia viva”
Un equipo científico desarrolló un implante del tamaño de un chicle que utiliza células bioingenierizadas para producir medicamentos dentro del cuerpo. En pruebas con animales, logró generar simultáneamente anticuerpos, hormonas y tratamientos metabólicos durante semanas. Además, integra un sistema que produce oxígeno para mantener vivas estas células y evitar su rechazo, uno de los grandes desafíos de la medicina actual.
Dato curioso: este tipo de terapias busca reemplazar tratamientos diarios por una sola intervención de larga duración.
Publicado el 27 de marzo de 2026. Conoce MÁS.
- Una explosión cósmica desconcierta a los astrónomos
Observaciones recientes del Telescopio Espacial James Webb reavivaron el misterio del evento GRB 250702B, un estallido de rayos gamma que duró horas y mostró pulsos repetidos inusuales. Su comportamiento no encaja con los modelos clásicos de muerte estelar o fusión de estrellas de neutrones, lo que obliga a replantear cómo se originan estos fenómenos extremos en el universo.
Dato curioso: los estallidos de rayos gamma pueden liberar en segundos más energía que el Sol en toda su vida.
Publicado el 30 de marzo de 2026. Conoce MÁS.
- Potente erupción solar impacta las comunicaciones
El Sol emitió una erupción de clase X1.5 desde la región activa 4405, una de las más intensas en la escala solar. El evento provocó interrupciones temporales en comunicaciones de radio y alertas en sistemas satelitales. Este tipo de actividad aumenta a medida que el Sol se acerca al máximo de su ciclo, elevando los riesgos para tecnologías que dependen del espacio.
Dato curioso: una eyección solar (o nube de partículas) puede viajar millones de kilómetros por hora y alcanzar la Tierra en uno o dos días.
Publicado el 30 de marzo de 2026. Conoce MÁS.
ÓRBITAS PARALELAS
Artemis II llevará humanos de vuelta a la órbita lunar
La NASA realizará hoy miércoles 1 de abril el primer vuelo tripulado del programa Artemis, enviando cuatro astronautas en la nave Orion para rodear la Luna y regresar a la Tierra. Será una misión de prueba de unos diez días que no aterrizará, pero marcará el regreso de humanos más allá de la órbita terrestre desde 1972. El objetivo es validar sistemas clave antes de futuras misiones que sí buscarán alunizar.
Más información.
Abejas y colibríes consumen néctar con alcohol en la naturaleza
Un estudio detectó que muchas flores contienen pequeñas cantidades de etanol producido por levaduras, lo que significa que abejas y colibríes consumen néctar ligeramente fermentado de forma habitual. Lejos de afectarlos negativamente, estos animales parecen tolerarlo bien, lo que abre nuevas preguntas sobre su metabolismo y comportamiento en ecosistemas naturales.
Más información.
LA IMAGEN DE LA SEMANA

Unmasked. Crédito: John Bohannon 2015, Science.
LA PRIVACIDAD COMO ILUSIÓN
En la era de la información, el flujo de datos es constante, masivo y cada vez más centralizado en plataformas digitales. Lo que inicialmente puede parecer una mejora en procesos administrativos, como la recolección de información en sistemas de salud o servicios públicos, puede transformarse rápidamente en un insumo para estrategias comerciales, mecanismos de vigilancia o incluso herramientas de espionaje.
- No es una advertencia reciente. En 2015, la revista Science publicó un especial titulado The End of Privacy, donde se planteaba un cambio de paradigma: la privacidad ya no sería una condición estable, sino una noción dinámica, en permanente negociación frente al avance tecnológico.
Para la investigadora Penélope Hernández, de la Universidad de Valencia, la privacidad puede definirse como el deseo de mantener ciertos aspectos de la vida personal inaccesibles para otros. Sin embargo, la evidencia empírica muestra una contradicción persistente: las personas declaran preocuparse por su privacidad, pero en la práctica comparten grandes volúmenes de información personal en entornos digitales. Este fenómeno se conoce como la paradoja de la privacidad.
- Las explicaciones son diversas. Puede existir confusión, cuando no se comprenden las implicancias del uso de datos, ignorancia o creencias erróneas cuando se subestima la cantidad de información que se revela; o una forma de resignación, en la que los usuarios comparten datos porque perciben que no tienen alternativa real.
En este contexto, la Imagen de la Semana en Universo Paralelo proviene del trabajo Unmasked, del investigador John Bohannon, publicado en Science. El estudio exploraba cómo tecnologías emergentes podían aplicar reconocimiento facial en plataformas como Facebook para identificar automáticamente a las personas en imágenes, permitiéndoles decidir si querían aparecer en ellas.
- Para Alessandro Acquisti, profesor de Carnegie Mellon University, la vigilancia de la información personal se ha vuelto omnipresente. Los datos no solo se recolectan: se almacenan de forma persistente, transformando el pasado en un registro prácticamente imborrable, un “esqueleto digital” que acompaña a las personas a lo largo del tiempo.
Según Acquisti, la privacidad se estructura en torno a tres dimensiones críticas: la incertidumbre –no sabemos exactamente qué datos se recopilan ni cómo se usan–; la dependencia del contexto –lo que consideramos privado cambia según la situación–; y su maleabilidad –nuestras decisiones pueden ser fácilmente influenciadas por diseño de plataformas o incentivos–.
Esto se traduce en prácticas cotidianas, por ejemplo, usuarios que aceptan términos y condiciones sin leerlos, que ceden datos a cambio de servicios aparentemente gratuitos o que subestiman el valor económico de su información personal. Se estima que, solo en Estados Unidos, los costos asociados a la pérdida de privacidad alcanzan cifras cercanas a los 781 mil millones de dólares anuales.
- En este escenario, las fronteras entre lo público y lo privado se vuelven cada vez más difusas. La tecnología no solo registra nuestras acciones, las anticipa, las clasifica y las devuelve como recomendaciones. Nuestro propio teléfono selecciona recuerdos, agrupa rostros y decide qué momentos merecen ser destacados.
Ya no se trata solo de compartir información. Se trata de cuánto de nosotros ya ha sido reconstruido y potencialmente controlado por sistemas que no vemos, vulnerando toda noción de soberanía digital sobre nuestros datos.
BREVES PARALELAS

Crédito: Imagen generada por IA.
GUERRA FRÍA BAJO EL MAR
Durante la Guerra Fría, Estados Unidos ejecutó la operación Ivy Bells para intervenir un cable submarino militar soviético en el mar de Ojotsk.
- No era de fibra óptica, sino un cable de cobre que transmitía señales eléctricas. Buzos instalaron dispositivos que copiaban las comunicaciones sin cortar el cable, accediendo a mensajes entre bases navales sobre movimientos de submarinos y estrategias militares.
El sistema operó durante años sin ser detectado, hasta que fue revelado tras una filtración en 1985.
EL ESPÍA TECNOLÓGICO
Ronald Pelton, exanalista de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA, por sus siglas en inglés) fue quien reveló a la Unión Soviética la operación Ivy Bells. Sin acceso directo a documentos, no robó archivos: todo lo que entregó fue de memoria, lo que hizo su caso aún más grave desde el punto de vista de la seguridad.
- Fue arrestado en 1985 luego de que su identidad fuera revelada en una deserción soviética y posteriormente enfrentó un juicio por espionaje, en el que fue declarado culpable y condenado a cadena perpetua en 1986.
Su caso mostró que, en el espionaje tecnológico, la mayor vulnerabilidad no siempre es el sistema, sino las personas.
RECOMENDACIÓN: ESTA SEMANA, APAGA EL RUIDO Y PON A BACH

Crédito: Historia Arte (HA!).
Hay gente que pasa tardes mirando mapas de cables submarinos en el fondo del océano. Si eres de esos, primero: busca ayuda. Segundo, revisa este mapa de cables submarinos. Te espera el lunes.
Esta semana es otra cosa.
- Bach compuso dos grandes pasiones. La Pasión según San Juan, en 1724, y La Pasión según San Mateo, cuyo estreno los musicólogos sitúan entre 1727 y 1729. La de Juan es más realista, ágil y angustiada. La de Mateo es más reflexiva y resignada. Es la misma historia contada por dos personas que vivieron la misma tragedia y no la recuerdan igual. Eso ya dice algo.
La propia familia de Bach llamaba a La Pasión según San Mateo “la gran Pasión”, porque la obra superaba todo lo que él mismo había compuesto antes y todo lo que nadie había concebido hasta entonces.
Bach murió en 1750 sin ver reconocido en vida nada de eso. Fue Mendelssohn quien la resucitó en 1829, con veinte años, dirigiéndola en la Singakademie de Berlín ante un público que la escuchaba como si fuera nueva. Que, en cierta forma, lo era.
- Emmanuel Carrère cuenta en El Reino que durante tres años fue un católico fervoroso y casi fanático. En esa época, Bach no era música, sino una forma de oración. Años después, ya de regreso al escepticismo, vuelve a Las Pasiones intentando recuperar el sabor de lo que sentía cuando creía. No lo recupera del todo. Pero vuelve igual. Eso también dice algo.
Martin Scorsese estuvo cuatro días seguidos escuchando La Pasión según San Mateo antes de diseñar la secuencia de apertura de Casino. “La destrucción de esa ciudad tiene que tener la grandeza de Lucifer, expulsado del cielo por su orgullo. Para el esplendor de su caída, tiene que ser Bach”. De Niro explota en llamas durante los créditos de apertura, mientras el coro final suena como si el universo llevara siglos esperando ese momento. Funciona porque Bach ya había compuesto esa escena trescientos años antes.
Están en Spotify y YouTube. Busca cualquiera de las dos. No necesitas saber nada más.
Y esto es todo en esta edición de Universo Paralelo. Ya sabes, si tienes comentarios, recomendaciones, fotos, temas que aportar, puedes escribirme a universoparalelo@elmostrador.cl. Gracias por ser parte de este Universo Paralelo.
- Mis agradecimientos al equipo editorial que me apoya en este proyecto: Fabiola Arévalo, Francisco Crespo, Francisca Munita, Ignacio Retamal, Camilo Sánchez y Sofía Vargas, y a todo el equipo de El Mostrador.
