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IA como apoyo emocional: 22% de chilenos conversa con chatbots en momentos de tristeza
Un estudio muestra que el 22% de los chilenos usa chatbots de IA cuando se siente triste, una práctica en aumento, sobre todo entre jóvenes, que se intensifica en fechas como el Blue Monday y plantea riesgos de privacidad y el uso de la tecnología como apoyo emocional.
En un mundo donde la tecnología avanza a pasar agigantados, desahogarse en momentos de tristeza ya no siempre implica acudir a otra persona. Según una reciente investigación de Kaspersky, la inteligencia artificial está asumiendo un nuevo rol en la vida digital de las personas: el de apoyo emocional. El estudio revela que el 22% de los chilenos que utiliza herramientas de IA reconoce conversar con chatbots cuando se siente triste o decaído, una práctica que tiende a intensificarse en fechas como el Blue Monday y que abre alertas en materia de privacidad.
El Blue Monday, que se conmemora el tercer lunes de enero, es considerado el día más triste del año. A esta percepción contribuyen factores como el clima, el retorno a la rutina tras las fiestas de fin de año y las deudas acumuladas. En ese contexto, la necesidad de hablar y sentirse escuchado se vuelve más evidente. En el entorno digital, cada vez más personas recurren a herramientas de inteligencia artificial para expresar cómo se sienten, percibiéndolas como un espacio “seguro” gracias a su disponibilidad inmediata, la rapidez de sus respuestas y la ausencia de juicios o reacciones emocionales. Sin embargo, esa sensación de confianza puede llevar a compartir información excesivamente personal.
La tendencia es particularmente marcada entre los jóvenes. A nivel global, la generación Z y los millennials encabezan el uso de la IA como apoyo emocional: un 35% afirma recurrir a estas herramientas en momentos de malestar, frente al 19% de las personas de 55 años o más. Este fenómeno da cuenta de un cambio en la forma en que las nuevas generaciones gestionan sus emociones, integrando cada vez más a las plataformas digitales, muchas veces sin dimensionar del todo los riesgos e implicancias en términos de privacidad.
Aunque la interacción con chatbots puede parecer íntima y confidencial, la mayoría de estas herramientas pertenece a empresas comerciales que cuentan con políticas de recopilación y tratamiento de datos. Esto significa que la información compartida, incluidas conversaciones sobre estados de ánimo o situaciones personales, puede ser almacenada y analizada con distintos fines, como la mejora de servicios o la personalización de la experiencia de usuario. A ello se suman los riesgos asociados a la ciberseguridad.
“Al ‘hablar’ con chatbots de IA sin cautela, los usuarios pueden enfrentar riesgos de privacidad. Como cualquier plataforma digital, estas herramientas pueden presentar fallas de seguridad o ser vulneradas, derivando en la filtración de conversaciones personales que expongan información sensible. También existen bots falsos diseñados para obtener datos personales con fines maliciosos, como fraudes, robo de identidad o extorsión, lo que incluso puede impactar emocionalmente a los usuarios. Además, no toda la información que ofrecen es precisa ni reemplaza el acompañamiento profesional. Por eso, prestar atención a lo que compartimos y recurrir a fuentes confiables y apoyo especializado es clave, especialmente en temas tan sensibles como nuestras emociones. La seguridad digital también es parte de cómo nos cuidamos”, comenta María Isabel Manjarrez, Investigadora de seguridad del Equipo Global de Investigación y Análisis de Kaspersky.
Desde una mirada social, el fenómeno también refleja un cambio en las formas de vínculo. Las nuevas generaciones tienden a integrar la tecnología no solo como herramienta funcional, sino como interlocutora emocional. Esto abre debates sobre el aislamiento, la soledad contemporánea y la falta de redes de apoyo presenciales, pero también sobre nuevas maneras de expresar y reconocer las propias emociones.
Hablar con una IA sobre lo que se siente no es, en sí mismo, negativo. El desafío está en entender qué es y qué no es: una herramienta de apoyo limitado, no un confidente infalible ni un terapeuta. En un contexto donde la salud mental gana visibilidad, la clave parece estar en combinar el uso consciente de la tecnología con el fortalecimiento de relaciones humanas y el acceso oportuno a apoyo especializado.