Este 14 de marzo se conmemora en Chile el Día Nacional contra el Ciberacoso, una instancia orientada a generar conciencia sobre la violencia en entornos digitales y promover una convivencia basada en el respeto y la seguridad.
Especialistas advierten que ciertos cambios en la conducta de niños y adolescentes pueden alertar sobre situaciones de hostigamiento en línea.
De acuerdo con antecedentes difundidos en el marco de esta fecha, el 51% de los episodios de ciberacoso ocurre en el ámbito educativo, mientras que más del 70% de las denuncias tiene como afectada a una niña o adolescente de sexo femenino.
El ciberacoso se caracteriza por agresiones que se desarrollan a través de plataformas digitales, redes sociales o aplicaciones de mensajería. A diferencia del acoso presencial, puede ocurrir a cualquier hora y desde distintos espacios, lo que dificulta que las víctimas encuentren momentos de descanso frente al hostigamiento.
Según explicó Camila Navarrete, psicóloga infanto–juvenil de la Universidad UNIACC, “algunos niños o adolescentes comienzan a mostrar cambios en su comportamiento digital, como evitar usar el teléfono o las redes sociales, o, por el contrario, mantenerse constantemente pendientes de ellas con ansiedad”.
Señales de alerta en el comportamiento
Los efectos del ciberacoso pueden manifestarse en distintos ámbitos de la vida de los jóvenes. En el entorno escolar, por ejemplo, pueden aparecer dificultades de concentración, un descenso en el rendimiento académico o incluso rechazo a asistir al colegio.
La especialista advierte que “en el ámbito escolar, es común observar dificultades de concentración, descenso en el rendimiento académico o rechazo a asistir al colegio. A diferencia del acoso tradicional, el ciberacoso puede ocurrir en cualquier momento del día, lo que genera la sensación de que no hay espacios seguros para descansar del hostigamiento”.
Además del impacto académico, el hostigamiento digital puede afectar la salud emocional de quienes lo sufren. Entre las consecuencias más frecuentes se encuentran ansiedad, baja autoestima, sentimientos de vergüenza, tristeza persistente y aislamiento social.

Crédito: El Mostrador.
Formas de ciberacoso según la edad
Las manifestaciones del ciberacoso pueden variar dependiendo de la edad y del contexto social de los jóvenes. En la adolescencia temprana, es habitual que aparezca en forma de burlas, exclusión de grupos digitales o difusión de rumores.
En edades mayores, las agresiones pueden adoptar dinámicas más complejas, como la difusión de imágenes privadas o campañas coordinadas de hostigamiento en redes sociales.
Navarrete explica que “en la adolescencia temprana, por ejemplo, es frecuente que se manifieste a través de burlas, exclusión en grupos digitales o difusión de rumores. En edades mayores puede incluir prácticas más complejas como la difusión de imágenes privadas o campañas de hostigamiento en redes”.
El rol de adultos y comunidades educativas
Los especialistas coinciden en que la prevención del ciberacoso comienza con el diálogo. La comunicación entre adultos, niños y adolescentes es clave para detectar a tiempo situaciones de violencia digital.
“Para prevenir estas situaciones, la prevención comienza con la comunicación. Es fundamental que los adultos generen espacios de confianza donde los niños y adolescentes puedan hablar sobre lo que ocurre en su vida digital sin miedo a ser juzgados o castigados”, afirmó la psicóloga.
En ese sentido, agrega que “más que prohibir la tecnología, la evidencia muestra que el acompañamiento y la educación digital son estrategias más efectivas para prevenir situaciones de violencia en internet”.
Qué hacer frente a un caso de ciberacoso
Cuando se detecta un caso, la recomendación principal es escuchar y validar la experiencia del joven. Posteriormente, se pueden adoptar medidas como guardar evidencia de los mensajes o publicaciones, reportar el contenido en las plataformas y coordinar acciones con el establecimiento educacional si corresponde.
La especialista también advierte sobre reacciones impulsivas por parte de los adultos. “Uno de los más frecuentes es reaccionar impulsivamente, por ejemplo, quitando el acceso a internet o a las redes sociales sin conversar con el adolescente”, explicó.
Finalmente, la profesional también entregó un mensaje dirigido a los propios jóvenes: “Pedir ayuda es una señal de fortaleza”, recomendando además no responder impulsivamente a las agresiones, guardar evidencia de los mensajes y acudir a un adulto de confianza.