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Contar historias en educación parvularia contribuye al Compromiso Nacional por el Aprendizaje Lector Opinión Créditos: El Mostrador.

Contar historias en educación parvularia contribuye al Compromiso Nacional por el Aprendizaje Lector

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El 22 de agosto Chile tuvo un motivo para sentir orgullo. Múltiples actores de la sociedad articulados en la red Por un Chile que Lee nos unimos en torno a una meta: que al 2030 todos los niños y niñas en Chile aprendan a leer comprensivamente textos apropiados a su edad, antes de terminar 2° básico.

Si bien la aspiración es ambiciosa, es necesaria para favorecer el desarrollo integral tanto de niños, niñas y adolescentes como de nuestra sociedad, y nos ofrece el terreno para buscar la forma en que cada persona, desde su rol, puede contribuir en la construcción de un templo común. En este texto proponemos que el nivel de educación parvularia sienta las bases de este templo y mostramos que apoyar a los niños a contar historias es aportar en la misma construcción.

Un modelo reciente (Young-Suk, 2023), propone que la comprensión lectora es la cúspide de un templo que se sostiene de dos columnas igualmente necesarias: la capacidad de leer palabras y de comprender el lenguaje que escuchamos. Efectivamente, las experiencias significativas y auténticas que las familias y educadores de párvulos ofrecen en la primera infancia construyen la base de la columna de comprensión del lenguaje escuchado que sigue desarrollándose a lo largo de la vida.

Además, apoyar el desarrollo de la conciencia fonológica y el conocimiento de las letras, establecen las bases de la columna de lectura de palabras, que profesores y profesoras en los primeros años de enseñanza básica terminan de ayudar a construir. 

Luego, toda esta estructura es delimitada por distintas murallas, siendo una de ellas en la que queremos poner el foco: el conocimiento del discurso. El discurso se compone de una serie de enunciados vinculados coherentemente, relacionados con un propósito de uso particular, por ejemplo, explicar o narrar.

Cuando leemos una novela, tenemos más probabilidad de comprenderla si sabemos que típicamente describirá personajes que experimentan problemas y que el grueso de la historia es la búsqueda de esa solución. Sin ese esquema, es muy fácil perdernos en el mar de palabras.

Ya en la primera infancia los niños y niñas se relacionan con las narraciones, por ejemplo, al escuchar cuentos creados para su edad, o al necesitar narrar a personas significativas las experiencias que les han ocurrido. Los niños y niñas se benefician cuando reciben experiencias lúdicas y pedagógicas que les ayuden a estructurar aquello que necesitan narrar.

Por ejemplo, para contar a los padres un cuento que les gustó mucho oír en aula, necesitan organizar la información bajo un orden particular, refiriéndose a los personajes: dónde estaban, qué problema tuvieron, qué hicieron para resolverlo y cómo concluyó.

Además, necesitan oportunidades de enseñanza intencionadas para que incorporen recursos lingüísticos que les permitan relacionar causal (ej. “los perritos estaban aburridos porque siempre hacían lo mismo”) y temporalmente los eventos de la narración (ej. primero los perros jugaron, después descansaron), así como para referirse flexiblemente a los elementos de una narración (ej. puede primero hablar de “los perritos” y luego hablar de “ellos”), y para expresar diversos estados mentales que experimentan los personajes (ej. aburrido, quería).

Con todos estos recursos pueden progresivamente elaborar narraciones cada vez más comprensibles y quienes los escuchan pueden empatizar cada vez más con el mundo de quien narra. En efecto, niños y niñas que logran narraciones más inteligibles son más aceptados por sus pares. Asimismo, se ha encontrado que intervenciones que promueven la producción narrativa temprana benefician la comprensión lectora posterior.

Pese a la importancia de las habilidades de discurso narrativo, esta competencia no se aborda completamente en la educación parvularia en Chile. En sus bases curriculares hay objetivos de aprendizaje para promover la comprensión de textos escuchados, pero no la producción oral narrativa. Dada su relevancia, hacemos un llamado a incorporarla en futuras bases curriculares, así como en aulas y la formación inicial de educadores de párvulos. Se puede invitar a los niños a contar sus historias personales o sus cuentos favoritos, siguiendo la estructura de toda historia, apoyándose con íconos que los recuerden.

Educadoras y técnicos pueden aprovechar el momento de bienvenida para modelar historias personales, e invitar a que los niños cuenten, por ejemplo, qué pasó en la sala a los compañeros que no asistieron el día anterior; o jugar a hacer un programa de radio dirigido por los niños en el que cuenten a sus padres y madres las historias más significativas que vivieron juntos en la sala cada mes. Asimismo, necesitamos intervenciones lúdicas para desarrollar la producción oral narrativa en el hogar. 

En síntesis, si en educación parvularia agregamos al trabajo pedagógico el nivel de producción de discurso, y en particular el narrativo, estaremos aportando aún más solidez a la columna de comprensión del lenguaje escuchado, central en el templo que cada persona necesita construir para comprender lo que lee. 

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