Opinión
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Día de las Manos Rojas: proteger a las infancias es construir paz
Cada 12 de febrero se conmemora el Día Internacional de las Manos Rojas, efeméride que busca la sensibilización frente al reclutamiento forzoso de niñas y niños en los conflictos armados, esto con el fin de proteger a las infancias y evitar su involucramiento en situaciones de guerra como soldados. Las Manos Rojas forma parte de una campaña iniciada el 2002 que apunta a resguardar los derechos de la niñez y exigir a las autoridades que se tomen medidas ante la participación infantil en actos de violencia.
Dicha campaña invita a comprender que este reclutamiento es una grave vulneración del derecho a la vida, a la seguridad personal, a la libertad de pensamiento, conciencia y religión, a la libertad de opinión y expresión, a la educación, a la seguridad social, a vivir en familia, así como al juego y la recreación, entro otros más. Involucrar a las niñeces en la guerra es atentar contra su dignidad y marcar de modo profundo su desarrollo emocional, físico y social, dejando huellas irreversibles en sus vidas. Además de transmitirles erróneamente que mediante las armas se solucionan los conflictos y que el daño hacia las personas es la única salida.
Las experiencias de violencia inciden en la conformación de la identidad, así como en la capacidad de crear vínculos afectivos y desarrollar las habilidades socioemocionales; por ello, es importante la prevención de actos de violencia y la configuración de espacios seguros que permitan que las infancias se desenvuelvan en armonía y se garantice el cumplimiento de sus derechos fundamentales. Si bien la escuela cumple un papel importante, como un entorno social donde se modela la convivencia, se proporcionan saberes sobre formación ciudadana y valórica, resulta necesario que en ella se propicie la educación para la paz, y un enfoque educativo que promueva la resolución pacífica de conflictos, el respeto por los derechos humanos, el diálogo y la democracia.
Levantar las Manos Rojas es un gesto simbólico que interpela a entender la relevancia de proteger a las niñeces ante el flagelo de la guerra y su participación activa en las armas; es un llamado a la responsabilidad social y colectiva ante la instrumentalización de las infancias en la máquina bélica, sin comprender las secuelas que este acto conlleva. Es una alerta concreta hacia las autoridades y su rol de prevenir y sancionar estas prácticas, de asegurar que niñas y niños cuenten con entornos seguros y oportunidades para su desarrollo integral, así como también que resguarden su derecho de vivir libres y en paz.
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