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Los errores más comunes en la dieta sin gluten y cómo evitarlos correctamente Salud Crédito: Cedida

Los errores más comunes en la dieta sin gluten y cómo evitarlos correctamente

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Seguir una dieta sin gluten sin acompañamiento profesional puede generar deficiencias nutricionales y riesgos de contaminación cruzada. Una especialista de la Universidad Andrés Bello explica los errores más frecuentes y las claves para una alimentación segura y equilibrada.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
La dieta sin gluten es esencial para tratar la enfermedad celíaca, pero seguirla sin orientación nutricional puede causar déficits de fibra, vitaminas y minerales, además de aumentar riesgos de contaminación cruzada. La nutricionista María Constanza Bugmann advierte sobre errores comunes como confiar en ultraprocesados “gluten free”, descuidar micronutrientes y no revisar adecuadamente el etiquetado. Recomienda priorizar alimentos naturalmente libres de gluten, mantener buenas prácticas de cocina y contar con acompañamiento profesional para asegurar una dieta segura y equilibrada.
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La dieta sin gluten es el principal tratamiento para tratar la enfermedad celíaca. Sin embargo, su seguimiento sin acompañamiento por nutricionista suele asociarse a errores que comprometen el estado nutricional, la seguridad alimentaria y la adherencia.

María Constanza Bugmann, académica de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés bello en Concepción, explica que hay cinco errores habituales en la alimentación de las personas que tienen este diagnóstico, aunque asegura que se pueden evitar.

“Lo primero es asumir que ‘sin gluten’ es igual a saludable. Lo cierto es que muchos alimentos ‘gluten free’ son ultraprocesados con alto aporte de azúcares simples, sodio y grasas”, sostuvo. Frente a esto, lo recomendable es priorizar alimentos que naturalmente son libres de gluten como: frutas, verduras, legumbres, y cereales aptos: arroz, maíz, quinoa y amaranto, además de papas, carnes, huevos, lácteos simples y aceites de buena calidad.

Uno de los errores más comunes es ignorar la contaminación cruzada, ya que pequeñas trazas de gluten pueden provocar síntomas y daño intestinal en personas celíacas, lo que muchas veces ocurre cuando se usa la misma tostadora o tablas de corte del pan con gluten.

“Lo ideal es contar con utensilios exclusivos, superficies limpias, almacenamiento separado y rotulado, y contar con normas claras en el lugar de alimentación”, advierte la especialista.

No descuidar el equilibrio

Un punto relevante para la nutricionista es no descuidar la fibra y los micronutrientes. “Reemplazar pan y harinas por versiones refinadas sin gluten puede reducir fibra, hierro, folatos y vitaminas del grupo B, favoreciendo estreñimiento y poca saciedad”, sostiene. Por eso, es preciso incorporar granos integrales como el arroz integral, quinoa, legumbres, frutos secos y semillas; y evaluar la suplementación y/o fortificación individualizada cuando corresponda.

La académica insiste en que los pacientes no deben restringir su alimentación por su cuenta sin confirmar el diagnóstico. “Si la persona presenta síntomas compatibles, se debe realizar evaluación médica que incluye: serología y, según protocolo biopsia, mantener el consumo habitual de gluten hasta completar el estudio ya que, si se restringe antes de los exámenes, pueden aparecer resultados alterados”, detalla.

Por último, es muy importante revisar el etiquetado nutricional, ya que el gluten puede estar “oculto” en salsas, caldos, embutidos, golosinas, cervezas y suplementos. “Es importante buscar términos como trigo, cebada, centeno, malta, y preferir productos con certificación “libre de gluten”. La avena solo es segura, si está certificada sin gluten”, advierte.

Bugmann recomienda planificar menús basados en alimentos frescos y mínimamente procesados, tener educación continua en etiquetado y buenas prácticas de cocina, además de acompañamiento por nutricionista para personalizar requerimientos, prevenir déficits y promover adherencia.

Una dieta sin gluten bien hecha sí es posible

Adoptar una dieta sin gluten implica mucho más que eliminar ciertos alimentos: requiere entender el impacto nutricional de cada elección, reconocer qué productos son realmente seguros y aprender a revisar el etiquetado con atención. La contaminación cruzada —que puede ocurrir incluso en utensilios compartidos o superficies mal higienizadas— es uno de los mayores riesgos, por lo que establecer normas claras en la cocina y mantener una manipulación cuidadosa de los alimentos es fundamental para proteger la salud intestinal.

Contar con acompañamiento profesional es clave para evitar deficiencias frecuentes, como la falta de fibra, hierro, folatos y vitaminas del grupo B. Un nutricionista puede orientar en la incorporación de granos integrales aptos, semillas, legumbres y alimentos frescos, además de evaluar la necesidad de suplementación. Este apoyo también permite ajustar porciones, equilibrar macronutrientes y crear menús variados que mejoren la saciedad y favorezcan una buena digestión.

Cuando la dieta se sigue con educación continua, apoyo profesional y una planificación adecuada, no solo se garantiza seguridad alimentaria: también se potencia la calidad de vida. Los pacientes logran prevenir complicaciones, reducen molestias gastrointestinales y desarrollan una mayor autonomía para tomar decisiones informadas. Así, la dieta sin gluten deja de ser una limitación y se transforma en un estilo de vida saludable, sostenible y plenamente compatible con el bienestar.

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