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La nueva brecha invisible: el peso emocional que aún recae sobre las mujeres en las relaciones BRAGA Créditos: el Mostrador.

La nueva brecha invisible: el peso emocional que aún recae sobre las mujeres en las relaciones

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Aunque la igualdad avanza en muchos ámbitos, las relaciones heterosexuales siguen marcadas por una brecha emocional: las mujeres asumen la mayor parte del trabajo afectivo y mental, una carga invisible que afecta su bienestar y perpetúa los roles tradicionales del cuidado.


Aunque las últimas décadas han traído avances en igualdad de género, la balanza emocional dentro de las relaciones heterosexuales sigue inclinada hacia un lado. Diversas investigaciones coinciden en que son las mujeres quienes continúan asumiendo la mayor parte de la gestión emocional en pareja.

El concepto de trabajo emocional, acuñado por la socióloga Arlie Russell Hochschild, describe el esfuerzo de administrar no solo las tareas prácticas, sino también los sentimientos propios y ajenos en los vínculos afectivos. Nuevos estudios han retomado esta idea para mostrar que, incluso en parejas jóvenes con valores igualitarios, ellas siguen garantizando el bienestar emocional común, mediando conflictos y sosteniendo la armonía relacional.

“Mankeeping”: la carga invisible del cuidado emocional

En los últimos años, ha ganado visibilidad el término mankeeping, usado para describir cómo muchas mujeres se convierten en las principales cuidadoras emocionales de sus parejas varones. Esta labor incluye escuchar activamente, anticipar estados de ánimo, mediar tensiones y mantener la vida social y logística de la pareja funcionando.

A primera vista, parece un gesto de empatía o compromiso, pero cuando no existe reciprocidad, este rol se vuelve invisible y desgastante. Quienes lo ejercen suelen sentir cansancio, frustración y una sensación de estar sosteniendo solas el equilibrio afectivo.

Los números también cuentan esta historia. Investigaciones sobre el llamado trabajo cognitivo, la carga mental de planificar y anticipar las necesidades del hogar y la pareja, muestran que las mujeres asumen la mayor parte de este esfuerzo, incluso cuando las tareas domésticas se reparten de forma más equitativa.

En otro estudio, menos del 6% de los hombres declaró involucrarse más que sus parejas en labores emocionales, mientras más de la mitad de las mujeres reconoció cargar con esa responsabilidad casi por completo.

Consecuencias sobre bienestar y satisfacción

Esta asimetría no es menor. La sobreexigencia emocional genera impacto directo en la salud mental y en la percepción de justicia dentro de la relación. Estudios registran que una desproporción en el trabajo emocional se asocia con mayor estrés, agotamiento y una menor satisfacción en pareja.

En matrimonios donde una persona asume casi todo el “mantenimiento emocional”, el vínculo suele deteriorarse más rápido, especialmente cuando el otro miembro depende afectivamente o no desarrolla habilidades de expresión y autocuidado.

Los avances en educación, empleo y derechos legales no han erradicado los patrones tradicionales en la esfera privada. Las expectativas culturales aún asignan a las mujeres el papel de “cuidadoras emocionales”, una herencia que persiste incluso en parejas modernas que se declaran igualitarias.

El resultado es una tensión constante: muchas mujeres experimentan agotamiento y una sensación de carga desmedida, mientras que los hombres suelen carecer de herramientas emocionales para corresponder. En este terreno íntimo, más que en el laboral o el público, la igualdad sigue siendo una promesa pendiente.

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