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CULTURA|OPINIÓN

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Los modelos educativos y de relaciones que perpetúan nuestra destrucción

por 12 abril, 2020

Los modelos educativos y de relaciones que perpetúan nuestra destrucción
Demasiados métodos y modelos tradicionales ya no serían “útil” en la educación que se arrastra y que, por lo que veo, son difíciles de transformar tal vez por una carencia educativa con respecto al hecho de tener que  ponerse en crisis constantemente y tener que cambiar lo que ya años se ha construido, tal vez muchas cosas… Pero el hecho es que, particularmente en Chile, son extremadamente pocos los que lo intentan.
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El jueves pasado, en la noche, vi un posteo que subió un primo a su muro de Facebook, en el cual se leía un breve texto del académico Sebastián Plá que mencionaba, en su cuenta de Twitter del 2 de abril,  que los y las docentes de la enseñanza básica habían equivocado el camino al tratar de “llevar la escuela a la casa, con la misma carga horaria y contenidos curriculares”. La propuesta que plantea Plá, a continuación, es que lo importante sería responder cómo la escuela ayudaría a las niñas y niños a “sobrellevar el encierro y la pandemia en casa”.

Esta reflexión se acerca, justamente a lo que he estado intentando proponer en variados textos hace años, y también recientemente sobre el hecho de la inflexión de la actitud creativa en lo contemporáneo, sobre todo en un mundo de urgencia hace bastante tiempo. Solo en este periódico ya intenté atisbos en columnas como La inutilidad del arte o el valor como medida, El fracaso de la estética política política hoy, La era oscura del espíritu tecno-científico en el saber y las artes, El arte en crisis: lo mismo de “siempre”, o la oportunidad, El virus que nos acerca alejándonos y Vida digital en cuarentena entre otros.

Mis intentos de acercamiento al problema lo he enfocado, principalmente, desde el tema de las artes y la cultura, donde he mencionado, de diferentes maneras, el esfuerzo creativo que debemos hacer (y que gran parte de las y los artistas y educadorxs dejan de tener) con respecto a nuevos modos de hacer y reflexionar el mundo. Demasiados métodos y modelos tradicionales ya no serían “útil” en la educación que se arrastra y que, por lo que veo, son difíciles de transformar tal ves por una carencia educativa con respecto al hecho de tener que  ponerse en crisis constantemente y tener que cambiar lo que ya años se ha construido, tal vez muchas cosas… Pero el hecho es que, particularmente en Chile, son extremadamente pocxs lxs que lo intentan. El temor al error en nuestra cultura nos persigue aun cuando todo a nuestro alrededor se transforma vertiginosamente; cae a pedazos vertiginosamente.

Hoy es una cuarentena que conmina a revisarnos en los modos de cambiar las relaciones, tanto cotidianas, laborales, educativas, artístico-creativas, políticas, económicas y no perpetuar los mismos modelos que nos han conducido y nos seguirán condiciendo a una mayor destrucción humana; los mismo modelos que se siguen replicando en los hogares pero con otros soportes tecnológicos.

Otro ejemplo que viene a mi memoria fue en el primer semestre del año 2019 cuando me encontraba impartiendo un taller de introducción al arte contemporáneo. En una de las sesiones comenzamos a conversar sobre la relación política, social, comunitaria y de asociación de las artes. La sesión anterior les había pedido a las participantes que leyeran parte del libro “Estéticas de la Emergencia” de Reinaldo Laddaga. En el momento en que les pregunté por la lectura del libro, una de las asistentes mencionó, de forma muy rápida, como aclarándole a su compañera que estaba a su lado (y que al parecer no había leído el texto), que se trataba de arte relacional. Sentí que con esta frase ella daba por entendido la línea estética que proponía el autor, es decir, dejarla en una especie de mínimo entendimiento dentro de una gran cantidad de corrientes artísticas para poder segmentarla y entenderla como opción plástica, no como forma de vida.

Es algo parecido a lo que ocurre, por ejemplo, con el surrealismo, el cual, una gran mayoría, se lo toman como una corriente plástica con características determinadas, las cuales se identifican en la percepción de obras concernientes a la formalidad literaria y artística “encuadrada”, y no a un movimiento político-estético que intentó cambiar la realidad, es decir, a un movimiento, como el constructivismo, que intentaba contribuir a la generación de un nuevo humano a partir de apropiaciones y quiebres de relaciones con el arte anterior a él, y también con el contemporáneo del momento. Los y las artistas formales transforman esto en un estilo; una manera plástica e ilustrativa de abarcarlo. 

El intento de dialogar en el taller con respecto al texto de Laddaga era de mi interés, pues considero al autor uno de los que logró comprender y explicar a comienzos del 2000 la importancia y, más importante aún, la urgencia de un nuevo mundo en las maneras de hacer de las distintas disciplinas, concentrándose en las relaciones creativas y estéticas, a partir, o desde las cuales, convivir en las relaciones de los unxs con los otrxs, ya no en la tradición del creador encerrado en “lo recóndito de su taller” cual cliché del científico genio del siglo XIX que aún se propaga en los imaginarios colectivos.  La idea de producción de obra cambia.

El autor nos menciona en la introducción del libro que los proyectos que le interesa analizar “difieren de prácticas a veces semejantes de educación por el arte, de varios modos. Estas suelen ser "individualizantes" más bien que "colectivizantes", pero incluso cuando se dirigen a una colectividad suelen entenderla como si se encontrara ya constituida y se tratara simplemente de llevarla a la expresión.

Los proyectos que me interesan, en cambio, son constructivistas; se proponen la generación de "modos de vida social artificial", lo que no significa que no se realicen a través de la interacción de personas reales: significa que sus puntos de partida son arreglos en apariencia -y desde la perspectiva de los saberes comunes en la situación en que aparecen- improbables. y que dan lugar al despliegue de comunidades experimentales, en tanto tienen como punto de partida acciones voluntarias, que vienen a reorganizar los datos de la situación en que acontecen de maneras imprevisibles, y también en cuanto a través de su despliegue se pretende averiguar cosas más generales respecto a las condiciones de la vida social en el presente” (Laddaga, 2006: 15).

A la humanidad siempre le ha tocado vivir emergencias, las cuales, con el transcurso de la conjunción global del planeta, comenzaron a hacerse cada vez más globales. No se si hemos comenzado a “despertar” demasiado tarde, pero en las actuales emergencias globales no podemos dar pié atrás con respecto a un nosotrxs a través de las múltiples creatividades posibles. Hoy es una cuarentena que conmina a revisarnos en los modos de cambiar las relaciones, tanto cotidianas, laborales, educativas, artístico-creativas, políticas, económicas y no perpetuar los mismos modelos que nos han conducido y nos seguirán condiciendo a una mayor destrucción humana; los mismos modelos que se siguen replicando en los hogares pero con otros soportes tecnológicos. 

Samuel Toro. Licenciado en Arte. Candidato a Doctor en Estudios Interdisciplinarios sobre Pensamiento, Cultura y Sociedad, UV.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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