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Informe para extranjeros: “Asamblea. Poesía reunida 1975-2025” de Juan Carlos Mestre
Ha pasado mucho desde esos chilenos tiempos de Mestre, que se ha convertido en un querido poeta, seguramente la mejor manera de ser respetado y valorado. Es bueno que esta obra reunida, de un escritor tan estrechamente ligado a la poesía chilena, haga el camino de regreso.
En una entrevista de 2016, Juan Carlos Mestre señaló que “la poesía no es literatura; es, como dice Gamoneda, un proyecto espiritual”. Y bien vale ahora recordar esta frase para presentarlo, porque Mestre pertenece a una estirpe cada vez más escasa de poetas: aquellos que lo son de múltiples maneras y a tiempo completo.
Poeta en el sentido de escritor de versos. Poeta cada vez que lee y construye con sus palabras (a veces acompañado por el acordeón, o por otros músicos a la guitarra o el piano) una nueva versión más cercana a la del trovador. Poeta, también, cuando lleva sus poemas a la pintura, al grabado o a la escultura. Poeta, en fin, también cuando reflexiona o lee a otros poetas o su propia escritura. Todo ello lo convierte en uno de los más notables creadores españoles de la actualidad.
El año recién pasado, la prestigiosa editorial Galaxia-Gutemberg publicó Asamblea. Poesía reunida 1975-2025. La edición estuvo a cargo de Emilio Torné, con una sólida introducción de Jordi Doce (“El testimonio de la imaginación”) y con una presentación en verso de Antonio Gamoneda, uno de los más grandes poetas españoles contemporáneos (“Recados de hoy y de mañana para Juan Carlos, hijo mío y maestro, quién me lo diera”).
Mestre en Chile
Mestre no es poeta aséptico, medido, como tantos poetas mayores y menores que pueblan la poesía española. Al contrario, es barroco, imaginativo, testimonial, político y, a veces, humorístico. Una hipótesis, que podría contribuir a explicar aquello, es la evidente raigambre latinoamericana de Mestre. Por su poesía transitan Huidobro, Neruda, Girondo, Vallejo, Parra o Lezama Lima. Posiblemente ello sea consecuencia de su vida juvenil en Chile. En la década de los 80, trabajó en la Universidad de Concepción y desde allí tuvo que salir, asilándose en la Embajada de España. De esa época sobreviven muchos momentos y textos que se proyectan a libros posteriores: “Los carabineros detuvieron a mis amigos, / les ataron las manos a los raíles, / me obligaron como se obliga a un extranjero / a subir a un tren y abandonar la ciudad” (“Página con perro”, La casa roja 2008). Reaparece con fuerza en La bicicleta del panadero (2012): “Los faros de Talcahuano”, “La última casa de Cantalao” y “Puerto Williams”, entre otras referencias.
En Chile trabajó con los destacados académicos penquistas Gilberto Triviños, María Nieves Alonso y Mario Rodríguez, con quienes publicó una investigación pionera: Las plumas del colibrí: quince años de poesía en Concepción, 1973-1988: estudio y antología. Se trata de un notable trabajo centrado en Concepción, pero de conclusiones extrapolables a la poesía chilena del período dictatorial. Los mismos publicarán en Huelva la antología de poesía chilena contemporánea Informe para extranjeros (2003). Mestre preparó, además, la antología del poeta chileno Rosamel del Valle La visión comunicable (2001). Lo que nada de raro tiene, pues por la poesía de Mestre transitan imágenes y gestos que recuerdan la imagenería surrealista.
Hace poco, por casualidad, encontré un homenaje a Antonio de Gamoneda que Juan Carlos leyó un 22 de julio de 2008 en su Villafranca del Bierzo; homenaje también a Gilberto Núñez Ursinos, poeta del pueblo; y uno de los más hermosos homenajes al valor de la poesía escrito por un poeta español de estos días. Han pasado muchos años desde que en la distancia y sin conocernos compartimos emociones parecidas, en los años 80 de Chile, pero el tiempo que nos ha hecho compartir amigos y poemas, hace volver a veces a esos tiempos violentos e iluminados.
Asamblea poética
El título elegido por Mestre para su poesía reunida es plenamente coherente con el sentido solidario y humano de su obra. Si la “asamblea” es la reunión de una organización para deliberar y tomar decisiones colectivas, a la asamblea poética de Mestre concurren personas conocidas e imaginadas, escritores y artistas, modos de hablar y pensar, en un abigarrado y diverso ayuntamiento para pensar en la colectividad. La grandeza de su poesía es precisamente esa diversidad, unida por la vibrante tensión de un sujeto que testimonia una experiencia vital. Palabras con sentido, historiadas, recuento de la biografía personal y de la biografía colectiva: aquello que suele llamarse historia. Lo cierto es que Juan Carlos Mestre no se fue por la vía común, por el camino más usual que llevaba la poesía española, que dio lugar a un lenguaje conversacional y experiencial reconocible; al contrario, de su poesía parecen surgir estelas que dan a su experiencia una épica a veces derrotada, pero épica al fin. En “Ars patética” describe así el oficio literario:
Me persigue un oficio solitario, vigilar toda la noche una gacela, hablar sin seducir, no poseerla y verla irse oscura al diccionario. En esta voluntad cifra el deseo su dulce llama de inocencia donde arde oculta la paciencia del esforzado hijo de Teseo. Al alba quedarán algunos versos de dudoso gusto y sin belleza para el lírico ángel de los muertos. Todo lo demás será olvidado, el ayer y la mística pereza de empezar otra vez en lo acabado. (La poesía ha caído en desgracia, 2014)
Cincuenta años de escritura. Cincuenta años que han dado lugar a una veintena de libros de poesía, ensayos, coediciones y libros de autor, además de diversas antologías publicadas a uno y otro lado del Atlántico. Su obra es abundante (más de 1500 páginas en Asamblea). Y no es que Mestre publique todos los años; al contrario, hay períodos que separan un lustro entre un texto y otro. Pero Mestre publica, de tanto en tanto, voluminosos libros de poemas. El más emblemático, y en mi opinión el mayor, es La bicicleta del panadero(2012), un volumen de casi 500 páginas, obra fundamental de la poesía española actual y que recibió el Premio de la Crítica y el Premio Estado Crítico. Antes otro poemario clave, La casa roja (2009), recibió el Premio Nacional de Poesía.
La bicicleta del panadero se abre con un epígrafe de Francis Picabia (“Los descontentos y los débiles hacen la vida más bella”), que mucho dice sobre la poesía de Mestre. El título del libro es un homenaje a sus orígenes biográficos como hijo de panadero. Un dato de su biografía que podría parecer anodino, pero que siempre está presente, indica que nació en 1957 en Villafranca del Bierzo: 42°36′22″N 6°48′38″O, 499 mts. de altitud, provincia de León, comunidad autónoma de Castilla y León. En su territorio se hablan dos lenguas: el castellano y el galego. En el magnífico poema “El hijo del panadero” Mestre hace de la memoria y del testimonio de la memoria una de sus mejores herramientas vitales y verbales. En bicicleta reparte panes que deja colgando en los pomos de las puertas para descubrir que:
Viene el viento, vienen las chovas parecidas al grajo
Vienen los grajos parecidos a la corneja y el cuervo
Viene lo violáceo y lo negro azulado
Y lo dicho vuela y lo no dicho, dicho queda.
Poesía como proyecto moral del lenguaje. En su ensayo Elogio de la palabra” (2018) nos dice: “Supongo una asamblea ciudadana en la que cada cual, dispuesto a interferir en las ambiguas supersticiones del destino, hiciese de su vida un proyecto espiritual y político destinado a ampliar los horizontes significativos del porvenir”. La poesía de Mestre es poesía de su tiempo y para estos tiempos en que las bombas siguen cayendo por doquier. Asamblea cierra con estos versos que son un adelanto de su libro en ciernes El ciprés descapotable: “pero entiéndelo de una vez para siempre, no hay escuela en los cementerios, escrito está, escrito estuvo y escrito sigue en las tablas: no matarás, no matarás, no matarás”.
Ha pasado mucho desde esos chilenos tiempos de Mestre, que se ha convertido en un querido poeta, seguramente la mejor manera de ser respetado y valorado. Es bueno que esta obra reunida, de un escritor tan estrechamente ligado a la poesía chilena, haga el camino de regreso, al modo de un informe para extranjeros que prueba su pleno arraigo e integración a la ciudadanía poética chilena.
Madrid-Alcalá de Henares, febrero de 2026.
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