CULTURA|OPINIÓN
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La alegría de lo real: “Sobre Dios. Pensar con Simone Weil” de Byung-Chul Han
En una sociedad, en la que diariamente nos vemos envueltos en la violencia, manifiesta y, también, muy bien disfrazada de eficiencia y control de gestión, el autor nos llama a defender espacios de quietud.
Byung- Chul Han es uno de los pocos académicos que se ha negado a entender la filosofía como una ciencia reservada a expertos. Y se ha insertado, como la misma Simone Weil, en la tradición socrática del ejercicio de una filosofía que busca iluminar la existencia concreta.
En su libro “Sobre Dios. Pensar con Simone Weil”, recientemente publicado por Paidós, nos vuelve a interpelar con la pregunta por el sentido de la vida, en una sociedad del consumo.
De la mano de la filósofa francesa del S.XX, Han da cuenta de la necesidad de resistirnos al ruido continuo que no nos permite escucharnos ni escuchar a otros; a resistirnos a la mirada del scrolling, del desplazamiento continuo, que no se detiene en nada, ni nadie. Simone Weil vio con mucha claridad hacia donde nos conduciría una cultura basada en la hiperproducción, en la que los seres humanos terminan siendo considerados una pieza más de un mecanismo ciego.
Cuando los fines para los cuales se organiza una sociedad son solo bienes materiales, entonces los individuos se sienten como un objeto más entre las cosas intercambiables, vendibles, comprables, reemplazables. Entonces, el ser humano cae en la miseria de trabajar para comer y comer para trabajar.
Tal como indica el autor: “Comer sirve exclusivamente para saciar una necesidad. Mirar es lo único que nos redime de la inmanencia del consumo, desprovista de sentido”.
En este libro, el autor nos invita a detenernos, a orientar la mirada del alma con atención desde el silencio interior que espera paciente a que la realidad aparezca. Solo con el ejercicio continuo de este tipo de atención, como advierte Weil, seremos capaces de amar y de ser justos. Seremos capaces de conectar con la fuente trascendente de todo el amor y la justicia.
En una sociedad, en la que diariamente nos vemos envueltos en la violencia, manifiesta y, también, muy bien disfrazada de eficiencia y control de gestión, el autor nos llama a defender espacios de quietud. En un mundo en el cual hemos perdido contacto con lo real y nos hemos sumergido en el universo imaginario de lo virtual, como aguantando el aire para resistir las exigencias de la hiperproducción, que solo nos conduce a una tristeza profunda, Simone Weil llama a detenerse para recuperar la alegría, sentimiento de lo real -como la define- único modo de trascendernos para ir al encuentro de los otros y, a través de ellos, del absolutamente Otro.
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