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El diálogo como cimiento para una infraestructura con sentido humano Opinión Freepik

El diálogo como cimiento para una infraestructura con sentido humano

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Antonia Bordas Coddou
Por : Antonia Bordas Coddou Geógrafa y asesora Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI).
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La democracia puede fortalecerse cuando sus líderes comprenden que el puente comunicacional es el ejercicio que permite que los engranajes del desarrollo giren sin fricciones innecesarias.


Para que una política pública en materia de infraestructura tenga éxito no se necesita exclusivamente la precisión del cálculo estructural o la disponibilidad de financiamiento, sino también una sofisticación de la arquitectura del diálogo, que los tomadores de decisiones puedan sostener. En el entorno de la alta gestión y las Asociaciones Público-Privadas (APP), el diálogo permanente no debería interpretarse como un gesto de cortesía política, sino como una herramienta crítica de mitigación de riesgos y una garantía de sostenibilidad democrática.

A partir de esta premisa, vemos que la generación de infraestructura es, ante todo, una responsabilidad del Estado. No existe otra entidad con la legitimidad ni la capacidad para pensar el país en el largo plazo, visualizando de manera integral las necesidades estratégicas para alcanzar metas de desarrollo del país. Sin embargo, este rol de planificador no es un ejercicio solitario: para que esa visión de Estado se materialice exitosamente, debería sustentarse en un proceso de escucha y colaboración robusta.

Existe la creencia de que el diálogo debe conducir a un acuerdo unánime en la primera mesa de trabajo. Esta expectativa es, a menudo, el mayor obstáculo para la participación. El valor real de estas instancias no radica en la ausencia de conflicto, sino en la capacidad de visibilizar factores territoriales y humanos que, de otro modo, permanecerían ocultos. Así, el intercambio entre el sector público y el privado debe ser constante y transparente, permitiendo que la visión de negocio se alinee con el bienestar social. Esta sinergia permite que la implementación fluya con una eficiencia que el tecnicismo puro quizás no podría alcanzar.

Una política pública eficiente en general requiere una tríada de validación: la sostenibilidad técnica y política ejecutada por el Estado; la viabilidad económica representada por el sector inversionista y la legitimidad social otorgada por la comunidad. La escucha activa y el conocimiento del territorio son los puentes que conectan estos puntos, demostrando que el diálogo es -en sí mismo-, una infraestructura intangible valiosa en cualquier sociedad moderna.

La democracia puede fortalecerse cuando sus líderes comprenden que el puente comunicacional es el ejercicio que permite que los engranajes del desarrollo giren sin fricciones innecesarias. Al final del día, la infraestructura es el soporte físico sobre el cual se desarrolla la vida de un país y su planificación exige una responsabilidad compartida. 

En definitiva, el diálogo no es un trámite burocrático; es la herramienta de diseño más potente a nuestra disposición. Apostar por procesos de reflexión pausados, territoriales y humanos es la única garantía de que la infraestructura que construimos hoy sea el soporte sólido de la sociedad futura.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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