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Susana Sierra: “En Chile nos fuimos al otro extremo: pasamos del susto al compliance burocrático”

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Iván Weissman Senno
Por : Iván Weissman Senno Editor El Mostrador Semanal
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En su paso por La Mesa, la abogada advierte que la implementación de la Ley de Delitos Económicos llevó a muchas empresas a confundir prevención con papeleo. Dice que cuando el compliance se transforma en un checklist burocrático, pierde impacto, credibilidad y capacidad real de prevenir abusos.


En su paso por La Mesa, Susana Sierra –abogada, fundadora de BH Compliance y una de las voces más escuchadas en gobierno corporativo en Chile– plantea una advertencia incómoda: la Ley de Delitos Económicos logró instalar el tema del compliance en la primera línea, pero también empujó a muchas empresas a una reacción defensiva que terminó desvirtuando su sentido. “Pasamos del susto a la burocracia”, resume. Y cuando eso ocurre, dice, el compliance deja de servir para lo que fue pensado.

Según Sierra, el 2025 fue “el año del compliance”, pero no necesariamente por buenas razones. La entrada en vigencia de la ley –que amplió de forma drástica la responsabilidad penal de las empresas– generó una respuesta casi automática: más manuales, más matrices de riesgo, más checklists

“Somos tan legalistas que creemos que el compliance es tener más papeles, cuando debería ser proteger el corazón del negocio”, afirma. El problema es que, cuando la prevención se transforma en papeleo, pierde impacto, credibilidad y capacidad real de anticipar abusos.

La abogada explica que muchas compañías confundieron cumplir con prevenir. En lugar de hacer análisis de riesgos ajustados a su giro y operación real, optaron por cubrirse ante todo, incluso ante escenarios absurdos. “Vi empresas financieras con delitos ambientales en sus matrices de riesgo. ¿Tiene sentido? No. Pero refleja el miedo a quedar descubiertos”, comenta. Ese enfoque, advierte, termina generando fatiga interna y una falsa sensación de seguridad.

Sierra también apunta a un déficit más profundo: la falta de sentido común y de disposición a cuestionar lo que “huele mal”. A su juicio, buena parte de los escándalos conocidos en los últimos años –desde el mundo financiero hasta el judicial– no requerían nuevas leyes para ser detectados. 

“No tenía que haber una norma que dijera que no se pueden emitir facturas falsas. Eso ya es delito. Lo que faltó fue mirar de frente y preguntar”, señala. En un país pequeño, segregado y lleno de redes cruzadas, dice, muchas veces se prefiere callar antes que incomodar.

Mirando hacia adelante, la experta cree que 2026 debiera ser el año de decantar. Menos histeria normativa y más integración estratégica del compliance. “No se trata de tener más manuales, sino de entender cuáles son los controles clave para que la empresa funcione bien y esté protegida”, insiste. Y agrega un nuevo frente que ya está sobre la mesa: inteligencia artificial, ciberseguridad y nuevos riesgos tecnológicos que no se resuelven con formularios, sino con gobernanza real.


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