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El mito de que la matemática es difícil

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Por: María Constanza Saravia Bastías


Señor director: 

Cada año, miles de estudiantes comienzan el ciclo escolar convencidos de que la matemática “no es para ellos”. No es una conclusión espontánea ni un rasgo generacional. Es el resultado de una narrativa instalada durante décadas: que la matemática es inherentemente difícil y reservada para unos pocos.

Pero ¿y si el problema no fuera la matemática?

Hemos normalizado una forma de enseñanza que fragmenta el pensamiento, privilegia el procedimiento por sobre la comprensión y mide rapidez en lugar de razonamiento. En demasiadas aulas, aprender matemática significa aplicar algoritmos antes de comprender ideas, resolver ejercicios antes de formular preguntas y memorizar estrategias antes de entender por qué funcionan.

El problema no es la complejidad de la disciplina. El problema es una organización del aprendizaje que termina definiendo quién se siente capaz y quién se excluye del pensamiento matemático.

Si realmente queremos mejorar resultados y reducir brechas, la discusión no puede limitarse a más horas o más pruebas. Debe centrarse en cómo enseñamos y qué tipo de pensamiento estamos cultivando.

Porque la matemática no expulsa a los estudiantes. La forma en que la enseñamos sí puede hacerlo.

María Constanza Saravia Bastías
Profesora de Matemática
Magíster en Ciencias Sociales, U de Chile.

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