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Medicamentos y conductores: análisis legal a la nueva etiqueta de prevención Opinión

Medicamentos y conductores: análisis legal a la nueva etiqueta de prevención

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César Vargas Rojas
Por : César Vargas Rojas Académico Facultad de Derecho de la Universidad Andrés Bello.
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La incorporación de esta obligación normativa en la venta y etiquetado de medicamentos refleja una evolución hacia un modelo regulatorio más transparente y centrado en el consumidor.


Hace algunos años, en el contexto de la implementación de la Ley Emilia, me formulé una pregunta aparentemente simple, pero de profundas implicancias para la seguridad vial y el derecho del consumidor: ¿puede un paciente consumidor de medicación psicotrópica legalmente recetada conducir un vehículo? Pues bien, al indagar en la normativa y la evidencia científica y epidemiológica disponible, la respuesta no puede ser tajante: depende. Depende de la composición del medicamento, del uso y la dosis, y especialmente de los efectos psicofarmacológicos que cada principio activo pueda producir en las capacidades cognitivas y psicomotoras de quien conduce un vehículo motorizado.

En este contexto, se vuelven especialmente relevantes dos obligaciones primordiales. Por una parte, el deber de información del médico tratante y, por otra, la responsabilidad informativa de la industria farmacéutica, ambas orientadas a garantizar que el paciente comprenda los posibles riesgos asociados al uso de determinados fármacos y la conducción de vehículos.

Es precisamente en este marco que se sitúa un momento histórico para el derecho de los consumidores en Chile, consistente en la implementación de un etiquetado obligatorio en medicamentos que pueden afectar la capacidad para conducir. Esta medida normativa no es meramente cosmética, sino que constituye un avance tangible en el reconocimiento del derecho a la información, principio central del derecho del consumidor.

Durante años, los efectos primarios y secundarios asociados a somnolencia, disminución de reflejos o alteraciones en la coordinación quedaban relegados a extensos prospectos redactados en lenguaje técnico y poco accesible para el paciente promedio, o bien dependían exclusivamente de la advertencia verbal del profesional de la salud.

Con esta modificación normativa, la información deja de ser un dato oculto y se transforma en un aviso visible, directo y comprensible, mediante la impresión de un triángulo en color rojo con un auto en su interior.

Esta medida cobra aún más sentido si se considera el nivel de exposición actual de la población conductora a medicamentos con potencial de afectar la conducción. En estudios realizados en España, hasta un 15% de los conductores encuestados reportó el uso de psicofármacos para tratar trastornos como depresión, ansiedad o insomnio, siendo sustancias como benzodiacepinas y antidepresivos de uso común entre quienes condujeron bajo medicación psicotrópica.

Desde la perspectiva del derecho del consumidor, este cambio regulatorio fortalece garantías ya asentadas, tales como el derecho a recibir información veraz, clara, suficiente y oportuna, así como el derecho a la seguridad en el consumo de productos que, por su naturaleza, tienen efectos farmacológicos que pueden afectar actividades tan fundamentales como conducir.

El nuevo etiquetado obligatorio contribuye, de este modo, a equilibrar la asimetría informativa existente entre la industria farmacéutica y los consumidores, evitando que estos últimos deban interpretar advertencias técnicas complejas o descubrir los riesgos solo después de haber asumido consecuencias negativas.

En definitiva, la incorporación de esta obligación normativa en la venta y etiquetado de medicamentos refleja una evolución hacia un modelo regulatorio más transparente y centrado en el consumidor, lo cual no se trata simplemente de añadir una etiqueta más, sino de reconocer que el acceso a información clara y visible es una herramienta de prevención y protección efectiva que fortalece no solo el ejercicio de los derechos del consumidor, sino también la seguridad vial, la salud pública y la confianza en el mercado farmacéutico.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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