Opinión
Celebración, tragedia e impunidad
Estados Unidos no puede intervenir en Venezuela a menos que los venezolanos se lo permitan. En este punto, la preocupación primera y absoluta debe ser la de evitar una guerra civil y en lo posible cualquier forma de enfrentamiento armado.
Se puede estar aliviado por la salida de Maduro y agobiado por la forma en que fue sacado de escena.
El usurpador ha sido secuestrado. La mayor liviandad con que podemos describir el primer impacto recuerda el viejo dicho de “ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón”. En el romance de los antiguos ladrones no había violencia sino arte. Las cosas se han complicado en la medida que hay Estados que, imitando los métodos de las mafias, secuestran a sus rivales, destruyen a sus familias y se toman su territorio. El crimen, organizado por los Estados, nos retrotrae a épocas de inseguridad masiva, anteriores a la Segunda Guerra Mundial.
Uno no puede sino felicitarse de que la acción, comparativamente, haya sido “limpia”. Maduro era un impostor y un violador de derechos humanos. Sin embargo, lo que ha sucedido hoy no termina nada. Con suerte se iniciará un proceso de transición a la democracia. Nadie que no sean los propios venezolanos puede resolver el conflicto político en el que están envueltos. El resto de los países puede apoyar de múltiples maneras en este desafío que recién comienza.
Los anuncios de Trump sobre “administrar Venezuela” sin olvidar su petróleo, marcan una situación diferente, en la que ya no solo se secuestra al jefe enemigo, sino que se alardea sobre el manejo de la política interna venezolana. Cualquier arreglo forzado por Estados Unidos está destinado a fracasar. Son demasiadas las divisiones, demasiado grande el territorio, demasiadas sus riquezas y lo único que puede hacer Trump son operaciones de intimidación, que no son suficientes ni para doblegar a los intransigentes ni para asegurar una transición democrática y rápida. Nada reemplaza a los venezolanos en Venezuela. Son ellos, entiéndase la cúpula chavista restante y las oposiciones, las que tienen que sentarse a la mesa.
Destrucción del derecho e impunidad de la ley del más fuerte
Lo que tenemos que lamentar hoy es la voluntad, la capacidad y la impunidad de Estados Unidos para imponer sus objetivos por medio de la fuerza. La ilegalidad se reafirma como un recurso admisible para quienes pueden sostenerlo. El atropello del Derecho Internacional no se limita a uno o a una serie de actos, sino que involucra la estructura y el funcionamiento de largo plazo del derecho entre las naciones. Acá se ha establecido, una vez más, el derecho a la arbitrariedad, a la ilegalidad y al crimen, como derecho del más fuerte.
Lo de hoy es un éxito operativo del matonaje. Es una desgracia de la política y del derecho. Lo de hoy es la constatación de un fracaso de la política. La incapacidad para llegar a acuerdos en la propia oposición venezolana y entre los países latinoamericanos favoreció esta acción unilateral, justificada sin siquiera mencionarlo, como la única salida posible. Esa “última salida” que se prepara con tiempo y se comunica al público como la única posibilidad busca relajar la atención y amedrentar a cualquiera que defienda el derecho y la voluntad democrática. Conocemos los efectos de la violencia en la “moral” de los auditorios. ¿Quién va a levantar la voz hoy día por los derechos de la oposición y del pueblo venezolano?
Las leyes tienen el sentido de poner freno a la violencia de los poderosos y asegurar protecciones mínimas para los más débiles. La capa de legalidad en la que vivimos, la capa de cultura y de civilidad en la que el derecho participa, se ha mostrado frágil y sujeta a los vientos de la fuerza. A pesar del cuidado aparente con el que se realizó la operación de secuestro de Maduro, esta autoriza la arbitrariedad y acerca un poco más a la invasión de Taiwán por parte de China.
El derecho internacional no puede defenderse con declaraciones de importancia
La incapacidad de los países de América Latina para haber ayudado a resolver la crisis venezolana es una tragedia. Los países amigos de Venezuela y de su pueblo tienen ahora una oportunidad histórica de hacerse presente y levantar un contrapeso a la arbitrariedad norteamericana.
La pasividad de los países pequeños es lo que permite que la arbitrariedad de los poderosos se instale nuevamente, sin mayores frenos en el mundo. Lo mismo, a otra escala, ha sucedido en Ucrania y en Gaza, donde el Estado de Israel anticipó con extrema barbarie el retorno del imperio de la ley del más fuerte. La inmoralidad es la que, interrogada por sus motivos dice: lo hago porque quiero y porque puedo.
El peligro cultural y político de que los medios de comunicación acrediten las justificaciones antojadizas de los actos de matonaje, es que ellas son validadas al ser reproducidas como verosímiles por los medios. Si un país puede atacar a otro, acusándolo por el estado de salud de su pueblo y la prensa avala ese reclamo, lo que hacen los medios, es apoyar la destrucción de las leyes en favor del derecho del más fuerte. Se profundiza así una mirada sobre el derecho internacional como impostura.
En el próximo tiempo ¿podemos esperar un bloqueo a Cuba? ¿una operación de castigo a México?
Trump no va a salir indemne de los destrozos de su gobierno
Es imprescindible frenarlo ahora. Estados Unidos no puede intervenir en Venezuela a menos que los venezolanos se lo permitan. En este punto, la preocupación primera y absoluta debe ser la de evitar una guerra civil y en lo posible cualquier forma de enfrentamiento armado. Es necesario apoyar la capacidad de los venezolanos para resolver internamente una transición pacífica a la democracia.
No va a ser fácil. Por una parte, deben ser apartados y juzgados los cabecillas civiles y militares de la usurpación y del régimen dictatorial. Además, se deben desarticular las fuerzas paramilitares inventadas por Maduro y asegurar la profesionalidad de las FFAA. Finalmente y de la mayor relevancia es que se construya un sistema político que permita la incorporación de todos los venezolanos, incluidas las bases chavistas a la participación política.
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