Opinión
Agentes de IA: ¿aliados estratégicos o riesgos invisibles?
La adopción de agentes de IA ofrece oportunidades excepcionales para aumentar la productividad, mejorar la toma de decisiones y transformar procesos de negocio. Sin embargo, para capturar plenamente su valor, es indispensable avanzar con responsabilidad y construir estrategias de seguridad digital.
La adopción acelerada de agentes de inteligencia artificial (IA) está transformando de manera profunda la forma en que operan las empresas en todo el mundo. Según la última encuesta de PwC sobre agentes de IA, el 79% de los altos ejecutivos afirma que sus organizaciones ya están implementando estas tecnologías para optimizar procesos y mejorar la eficiencia. Lo que comenzó como herramientas destinadas a automatizar tareas rutinarias —como programar reuniones o gestionar facturas— hoy evoluciona hacia soluciones capaces de ejecutar flujos de trabajo completos con altos niveles de autonomía.
Pero este salto tecnológico viene acompañado de un desafío crítico: la ciberseguridad. A medida que los agentes de IA adquieren mayor autonomía y acceso a sistemas sensibles, surge una nueva categoría de riesgo interno. Tradicionalmente, la “amenaza interna” se asociaba a personas dentro de la organización capaces de causar daño mediante acciones como fraude, robo, sabotaje o espionaje. Hoy, los agentes de IA —con niveles de acceso equivalentes o incluso superiores— podrían ser manipulados para ejecutar acciones similares.
A diferencia del software tradicional, los agentes de IA interpretan instrucciones, toman decisiones y actúan en tiempo real. Esta capacidad de operar a gran velocidad y escala amplifica el impacto potencial de cualquier manipulación maliciosa. Su autonomía, que permite mejorar la productividad, también puede convertirse en un vector de riesgo si no se gestiona adecuadamente.
Actualmente, existe una brecha importante en la gestión de estos riesgos. Si bien muchas organizaciones cuentan con experiencia en la prevención de amenazas internas humanas y robustas prácticas de ciberseguridad, la protección específica de agentes de IA se encuentra todavía en una etapa temprana y en evolución.
Frente a este escenario, es fundamental adoptar medidas proactivas. Una de ellas es tratar a los agentes de IA como usuarios internos, asignándoles privilegios mínimos y límites claros en sus acciones. Asimismo, resulta clave implementar mecanismos de control con intervención humana en decisiones críticas y monitorear continuamente el comportamiento de los agentes mediante sistemas independientes.
Otras prácticas recomendadas incluyen entrenar a los agentes en las políticas y valores de la organización, mantener un inventario actualizado de todos ellos y realizar revisiones periódicas de sus funciones. Innovaciones como DLP y monitoreo de actividad, diseñados para detectar instrucciones inusuales o potencialmente peligrosas, se están convirtiendo en herramientas valiosas para reforzar la protección.
La adopción de agentes de IA ofrece oportunidades excepcionales para aumentar la productividad, mejorar la toma de decisiones y transformar procesos de negocio. Sin embargo, para capturar plenamente su valor, es indispensable avanzar con responsabilidad y construir una estrategia de seguridad digital robusta.
Reconocer y mitigar los riesgos asociados a estos nuevos colaboradores digitales no es solo un imperativo tecnológico: es un paso esencial para asegurar que la IA sea un habilitador de crecimiento, y no una fuente de vulnerabilidad.
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