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Lecciones estratégicas del cablegate chino Opinión

Lecciones estratégicas del cablegate chino

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Richard Kouyoumdjian Inglis
Por : Richard Kouyoumdjian Inglis Vicepresidente ejecutivo de AthenaLab
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El retiro de tres visas oficiales por parte del gobierno de los Estados Unidos el pasado viernes 26 de febrero a tres funcionarios del gobierno del Presidente Boric con motivo del “cablegate chino”, generó una crisis en el gobierno saliente y grandes preocupaciones en la administración pronta a asumir el 11 de marzo, ya que todo indica va a heredar el zapato chino en que estamos metidos.

Chile había estado relativamente aislado de lo que ocurría más al norte en la región latinoamericana, que constituye la parte principal del hemisferio occidental, geografía que fue declarada como prioritaria para los Estados Unidos de Norteamérica en su recientemente publicada estrategia de seguridad nacional, como también en las bajadas que hicieron los departamentos de Estado y Guerra de ese país.

Venezuela, Colombia, México, Canada, Nicaragua y Cuba entre otros países están sintiendo en carne propia la importancia que la administración Trump da a la seguridad nacional y la protección del interés nacional en esa materia. En Chile no se necesitó más que el retiro de tres visas para tomar nota de que la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos aplica a toda la región, y particularmente a lo que inversiones chinas se refiere en ámbitos estratégicos, como son las telecomunicaciones, procesamiento y almacenamiento de datos, puertos, generación y distribución eléctrica, petróleo, tierras raras, litio, y cobre.

La estrategia de Estados Unidos no busca que no comerciemos con China. Están conscientes de la importancia económica irremplazable que tienen para Chile y los países de la región, como también lo tiene para ellos. No buscan competir con China siempre y cuando ellos se restrinjan a su ámbito de influencia que es Asia y no se metan en áreas que se consideran estratégicas dentro de su propio ámbito, el occidental y más precisamente las Américas, o lo que algunos mal llaman el patrio trasero de los norteamericanos.

No quieren que China tenga acceso a materias primas que les permitan aumentar sus capacidades militares estratégicas que pongan el riesgo su seguridad. Tampoco los quieren metidos en la transmisión y almacenamiento de datos, aspectos que producto de la digitalización y desarrollo tecnológico adquieren un valor equivalente a tener armas nucleares, ya que quien controla el procesamiento, almacenamiento y transmisión de data, controla la información, pudiendo manipularla o usarla a su favor o afectando a sus contrincantes. La información es el principal activo de la era digital y no da lo mismo quien la maneje.

Es en el ámbito de la transmisión de datos que el tema de los cables submarinos toma valor. La parte principal de los datos circulan por cables que corren bajo el mar y no a través de satélites. Saber lo que entra y lo que sale, o bien poder permitir su transmisión o cortar el acceso tiene un alto valor, por lo que inversiones en esta materia no se pueden mirar exclusivamente desde la perspectiva económica.

Cuando se mira el tema de los cables submarinos, estos principalmente se ubican en el hemisferio norte. Hasta ahora nuestros datos y los del resto de Latinoamérica principalmente van hacia al norte, para después ser distribuidos al oeste y este dependiendo donde vayan, lo que implica que Norteamérica tiene el control sobre la transmisión de estos, ya sea en los contenidos o su movimiento, por lo que permitir un cable Chino, que salga de Chile directo a Hong Kong sin control de ellos es algo que no están dispuestos a aceptar, es un riesgo que es considerado por ellos como uno que no pueden tolerar, que colocar en riesgo una región que está en su esfera de influencia en lo que a seguridad se refiere.

El cable Humboldt, un cable que une Valparaíso con Australia, pasando por la Polinesia Francesa donde se conecta además con un anillo que lo une con Fiyi y Guam, es un desarrollo de Google en el que el gobierno de Chile tiene una participación minoritaria, pero que da seguridad al gobierno Norteamericano en cuanto a control y seguridad se refiere, tanto en lo que sube como en lo que sale, sea en Australia, en el anillo del Pacífico Sur, o en sus salidas posteriores en Asia. Para más información se recomienda ver detalles del proyecto de la Google que buscan dar conectividad al Pacifico Sur y Central en materia de datos. El proyecto se conoce como Bulikula y Halaihai (https://cloud.google.com/blog/products/infrastructure/introducing- bulikula-and-halaihai-subsea-cables-to-connect-the-central-pacific).

El tema que genera la discusión no es de carácter económico, o por lo menos no es un aspecto que preocupe a los chinos. El tema es de control sobre los datos que circulan debido a su valor estratégico y las implicancias desde la perspectiva de seguridad nacional, como también lo es la custodia y procesamiento de datos, razón por la cual el gobierno norteamericano nos exige tener capacidades de ciberseguridad respecto de datos que ellos comparten con nosotros, como son los que nos entregan como parte del programa Visa Waiver. Si no podemos dar seguridades el programa se termina. Si entregamos a empresas chinas el procesamiento, custodia y transmisión de datos del Registro Civil, de las policías, del Ministerio Publico, de la Defensa Nacional o de cualquier tema que sea considerado sensible, se terminan los apoyos más avanzados en estas materias.

También se nos exigirá mejorar nuestros servicios de inteligencia y contrainteligencia, de ciberseguridad, y tener un sistema de seguridad nacional que asegure a los Estados Unidos que podemos ser un socio confiable y seguro en lo que se refiere a infraestructura critica, particularmente la de carácter tecnológico y digital.

El tener una infraestructura tecnológica y digital con altos estándares de control nos permitiría incluso poder conectarnos con China, siempre y cuando ello les de seguridad de que sabemos que sube al cable submarino, algo que con el cable chino no podemos asegurar, ya que todo lo controla la empresa China Mobile. Estados Unidos permite cables directos de Australia a China, pero lo hace porque Australia tiene capacidades sofisticadas de control de todo lo que sube y se transmite.

Chile va a tener que revisar con los Estados Unidos que hace en esta materia y que es aceptable para ellos objeto dar las seguridades que ellos requieren. El gobierno del presidente Boric ya lo derivó a la administración del presidente electo Kast. La solución necesariamente tendrá que pasar por una redefinición del control de la data que sube al cable de China Mobile y eso implica generar definiciones regulatorias que actualmente no existen, pero que debimos tener antes de embarcarnos en estos proyectos. La relación con China no admite más errores no forzados o de principiantes, errores que vienen por la ausencia de regulaciones en materias estratégicas o de infraestructura crítica. Parar el proyecto de Cerro Ventarrones más el cable que nos une con Hong Kong es colocar un estrés a la buena relación que tenemos con China, por lejos nuestro mayor socio comercial.

Hora de ser estratégicos, inteligentes y de entender que ya no podemos transitar por la vida en forma ingenua, despreocupada y poco profesional. Hora de entender como funciona el nuevo mundo, uno en que cada potencia tiene su ámbito de influencia, uno en que ellas establecen las reglas en lo que a seguridad se refiere, y en donde el interés nacional de cada una es lo que manda, pero que no por ello implica que el nuestro quede anulado. Sólo hay que entender lo que para las superpotencias es importante, sólo eso.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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