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Seguridad interior del Estado desde la perspectiva de Thomas Hobbes Opinión

Seguridad interior del Estado desde la perspectiva de Thomas Hobbes

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Ángel Muñoz Accardi
Por : Ángel Muñoz Accardi Sociólogo de la Universidad de Chile. Doctor en Sociología por la Universidad de Granada España.
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En sociedades con miedo difuso, la demanda de seguridad puede facilitar la concentración del poder. La tarea política es entonces equilibrar: garantizar la capacidad estatal de proteger, sin sacrificar derechos, democracia y control ciudadano.


El Estado moderno, en Hobbes, es la respuesta racional a la condición humana en su estado de naturaleza: una situación de inseguridad radical. Para Hobbes los individuos ceden parte de su libertad a un soberano, el Leviatán, el Estado, para garantizar protección y orden. Aplicada al problema de la seguridad en Chile, esta perspectiva ofrece una mirada útil pero también plantea tensiones profundas entre eficacia coercitiva y legitimidad política.

Siguiendo a Hobbes, la primera exigencia es clara: el Estado debe tener la capacidad exclusiva y efectiva de ejercer la fuerza legítima para asegurar la paz social. En el contexto chileno esto se traduce en instituciones policiales y de inteligencia con mando claro, recursos adecuados y capacidad operativa para prevenir y responder al delito, el crimen organizado, y amenazas al orden público.

La experiencia histórica, desde la represión dictatorial hasta la transición democrática, muestra que la capacidad coercitiva sin control ni legitimidad deviene en abuso. Hobbes presupone un pacto fundante; sin embargo, ese pacto requiere consentimiento y expectativas mutuas, no sólo miedo.

La segunda exigencia es instrumental: la seguridad es condición necesaria para la viva civil, y el florecimiento económico y cultural. En Chile, seguridad cotidiana, violencia y desigualdad generan demanda de orden, pero la oferta estatal de seguridad no puede reducirse a represión. Garantizar la seguridad física, implica necesariamente, su articulación con políticas sociales que aborden las raíces de la conflictividad: exclusión, pobreza, precariedad laboral y desconfianza institucional. Un Leviatán que sólo reprime sin remediar causas estructurales perpetúa su crisis de legitimidad.

Tercera exigencia: el monopolio de la fuerza necesita límites y previsibilidad normativa. Hobbes justificó la autoridad absoluta para evitar el caos; sin embargo, cuando la autoridad carece de controles, la posibilidad de arbitrariedad crece. La transición chilena puso en evidencia la necesaria subordinación de las FFAA, control parlamentario y mecanismos judiciales que sanciones abusos. Desde Hobbes, la estabilidad del pacto exige que el soberano sea percibido como protector y no como amenaza permanente. Po ello, profesionalización policial, formación en derechos humanos, transparencia de los servicios de inteligencia y supervisión civil son compatibles con un Estado fuerte.

La legitimidad también depende de la percepción de imparcialidad y eficacia. Si la seguridad se aplica selectivamente contra ciertos sectores, como históricamente ocurrió con opositores políticos, el contrato social se erosiona. En Chile, la persistente desigualdad y la sensación de impunidad frente a delitos cometidos por actores económicos o por miembros de las FFAA y de Oren debilitan la confianza ciudadana.

Finalmente, Hobbes nos recuerda que el miedo motiva el pacto. En sociedades con miedo difuso, la demanda de seguridad puede facilitar la concentración del poder. La tarea política es entonces equilibrar: garantizar la capacidad estatal de proteger, sin sacrificar derechos, democracia y control ciudadano. La seguridad interior en Chile requiere, por tanto, un Leviatán democrático: con fuerza y capacidades claras, pero institucionalizado por el derecho, control civil, transparencia y políticas redistributivas que reduzcan las causas estructurales de la inseguridad. Sólo así se renueva un pacto legítimo que permita convivencia y libertad efectivas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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