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A un mes de las elecciones en Perú
Cualquier cosa puede pasar en términos electorales. La situación sigue fluida con más de 35 candidatos. Otra cosa será cuando se defina quienes pasan a la segunda vuelta, pero el que la “clase política” goza de un abrumador desprestigio es algo de lo que nadie duda.
El próximo 12 de abril los peruanos elegirán a su próximo presidente y a sus parlamentarios. ¿Quiénes son los favoritos? ¿se logrará construir una fórmula que le dé estabilidad al país? ¿Qué hará la diplomacia peruana ante la competencia entre China y EEUU? Vamos viendo.
35 presidenciables
No es un error: son 35 los candidatos presidenciales, correspondientes a otros tantos partidos políticos, aunque la mayoría distan mucho del concepto tradicional que se tiene de un partido. Esta abultada cifra es un síntoma más de un fenómeno que se arrastra desde hace algún tiempo: la fragmentación política, la implosión del sistema político electoral, producto de una legislación laxa, pero además del vaciamiento programático de buena parte de la política peruana.
Sería agotador (y algo innecesario) describir el cuadro completo de los candidatos, por lo cual mejor señalemos que no son más de media docena los que hoy -a 30 días de las elecciones- superan el 5% de la intención de voto. El resto varía en un 1 o un 2%.
En el primer pelotón hoy destacan dos que llegan al 10%, aunque a ratos bajan, según las encuestas más tradicionales. El primero es el exalcalde de Lima Rafael Lopez Aliaga (“Porky” para muchos), de derecha dura y tradicional, a quien sus opositores lo califican como un genuino representante de la “DBA” (derecha bruta y achorada). Su principal base de apoyo es Lima y su debilidad son las provincias. Keiko Fujimori, por su parte, representa a una opción de derecha plebeya, con todos los tintes del populismo. Su principal debilidad es su elevado nivel de rechazo, superior al 50%. De paso, es la candidata con mayor nivel de conocimiento por el electorado. Obviamente, con estos números lo más seguro es que haya una segunda vuelta, la que sería a inicios de junio.
El segundo pelotón lo integran cuatro candidatos, todos entre el 5 y el 4% de preferencias. Allí están el centroizquierdista Alfonso López Chau, el humorista Carlos Alvarez (centro derecha), el populista Cesar Acuña y para sorpresa de muchos (creció del 1 al 4% en un mes) el exgeneral de la Fuerza Aérea Wolfgang Grozo.
Pero el principal dato es que mas del 30% del electorado no tiene decidido su voto. Es más, muchos de ellos afirman que lo decidirán en los últimos días. Entre los indecisos, los que dicen que votarán en blanco y los que señalan que ningún candidato lo representa, se construye una silenciosa mayoría de indescifrable traducción electoral. En suma, con estos números cualquier cosa pueda pasar.
No es algo nuevo, pues en las anteriores elecciones, ante un panorama similar, emergió en los últimos días un outsider: el profesor Pedro Castillo, que terminó pasando a segunda vuelta y ganó claramente, para luego empantanarse. Hoy está preso, acusado de golpista.
Algo huele mal en Dinamarca
Pero no es todo. Si hay más de 35 candidatos presidenciales imagine, estimado lector, cómo es la oferta parlamentaria, que esta vez lleva un agregado: la reconstitución del Senado, lo que agrega otra papeleta a la urna. A diferencia de lo que algunos querían en Chile (eliminar el Senado) en el Perú lo lograron, con lo cual la suma del poder legislativo quedó en manos de las coaliciones “pragmáticas” que pudiesen darse.
El tema se complicó dada la debilidad política, la fragmentación, el clientelismo y la práctica legislativa de que “vacar es un placer” (ni genial ni sensual), pero posibilita lo que muchos analistas peruanos hablan de la “captura del Estado”, aludiendo al copamiento de la nómina de empleados públicos con sus afines, algo parecido a lo que pasa con el presupuesto. En fin, son prácticas que benefician a los representantes mientras que la mayoría de los representados llegan a la conclusión anterior: “ninguno me representa”.
En materia de preocupación social, claramente el tema de la violencia criminal la lleva. Mafias provenientes del exterior (Venezuela, Colombia y Ecuador) se suman a las locales, como los Pulpos.
El control territorial que han alcanzado en la región de Lima y Callao se expresa en la práctica masiva de la extorsión, delito silencioso que arremete contra el mundo trabajador y popular: transportistas, pequeños comerciantes y colegios de barrio son las víctimas. Si no pagan la “vacuna” sufren la quema de locales y vehículos, hasta incluso atentados criminales. A la fecha, los diferentes gobiernos no han sido capaces de dar una respuesta que al menos contenga la expansión de estas mafias -las que de más está decirlo- en su expansión siguen hasta Chile y Bolivia.
El sur andino, rebelde e insumiso
La fragmentación del Perú no sólo es política, pues desde hace añales (más de 500, seguro) al Perú lo cruza una aguda división social, con fuertes contenidos raciales. Obviamente, también culturales. El virreinato se asentó en una pujante Lima asociada al Callao, como principal puerto colonial de la época en la costa del Pacífico, así como La Habana y Cartagena de Indias lo eran en el Caribe.
Pero la masa indígena y popular no saboreó de esas mieles coloniales. Esto, que vale para las provincias peruanas, repercutió en especial en el sur, donde la antigua capital prehispánica, el Cuzco, compitió en población hasta fines del siglo XIX. Es la región de mayor contenido étnico, también la más combativa. De allí surgió Tupac Amaru, desafiando al poder colonial poco antes de la Independencia.
En el siglo XXI, el sur peruano, con epicentro en el Cuzco, Juliaca, Arequipa y otras ciudades menores mantiene buena parte de esa fisonomía, por ello no fue de extrañar que cuando se depusiera a Pedro Castillo allí brotó la protesta que fue acallada con más de 70 muertos y cientos de heridos, la mayoría campesinos e indígenas aymaras, crimen que a la fecha sigue impune y que afecta al gobierno de Dina Boluarte. Hoy en el sur no hay un candidato hegemónico, pero es una región que suele votar en bloque y, por tanto, con su alrededor de 20% del padrón, puede incidir en al menos el resultado de la primera vuelta. Es un tema para observar. De más está decir que la mayoría de los candidatos de derecha han abandonado hacer campaña en el sur.
Conclusión preliminar
Cualquier cosa puede pasar en términos electorales. La situación sigue fluida con más de 35 candidatos. Otra cosa será cuando se defina quienes pasan a la segunda vuelta, pero el que la “clase política” goza de un abrumador desprestigio es algo de lo que nadie duda.
Primer otrosí: Es costumbre decir que la economía peruana marcha muy bien, pese a la inestabilidad política. ¿Es cierto? En los fríos números pareciera que sí, pues el PIB creció arriba del 3% y la inflación es muy baja, ante lo cual el sol se fortaleció ante el dólar. Buenos números.
Pero es curioso que, pese a estos números, las aseguradoras de riesgo siguen manteniendo al Perú en una calificación intermedia para invertir, muy por debajo de Chile y Uruguay. ¿Porqué? Buena pregunta, que el suscrito se reconoce no calificado para responder.
Sin embargo, el suscrito escucha harto a los que saben. Una hipótesis que corre -más fuera de Lima que dentro- es que si bien el crecimiento es bueno, podría ser mucho mejor, atendiendo al favorable momento del cobre y del oro, dos de los principales productos de exportación peruanos. ¿Por qué no fluyen los millones de dólares, euros o yuanes? Ahí se reflejaría el costo de la inestabilidad y la incertidumbre de la política, dado que, como sabemos, no hay nada más cobarde que el capital, que huye del peligro.
Hemos hablado del peligro de un sistema que promueve la fragmentación, dificulta los acuerdos y tiene en la cornisa al presidente que sea ante un congreso repleto de caciques, pero no es lo único. La diferenciación social persiste, en tiempos de Instagram y de Tik Tok, pues la mayoría de los peruanos pobres que viven de la informalidad (más del 70% de la PEA) saben gracias a las redes que existe otro tipo de vida, mas cómoda, más digna, donde hay servicios básicos en los hogares, buena alimentación para los niños y el salario alcanza. Son elementos para la bronca y también para que muchos jóvenes busquen el camino fácil de la delincuencia.
Estamos a un mes de las elecciones generales, pero lo más seguro es que será la primera pata de una marinera de dos, déjame que cuente que todo lo narrado tiene además un entorno complicadísimo: un mundo cada vez más violento y desorganizado.
Al final, cultura obliga: un sincero reconocimiento a la obra y figura de Alfredo Bryce Echenique, maestro de las letras peruanas, cuya prosa nostálgica junto a su fina nos deleitó a miles, que le deseamos se encuentre con Octavia.
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