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El problema de la narrativa del gobierno de emergencia Opinión AgenciaUno

El problema de la narrativa del gobierno de emergencia

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Pamela Riveros R.
Por : Pamela Riveros R. Especialista en comunicación estratégica, comunicación política y asuntos públicos.
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Se necesita que el Gobierno que explique con claridad los riesgos que sí existen, porque hoy existe mucha confusión e incertidumbre. La emergencia, si existe, no está dentro. Está afuera. Y sería recomendable que la narrativa del Ejecutivo lo refleje.


En los últimos días, la discusión en torno al Mepco y el aumento en los precios de los combustibles ha vuelto a instalar la idea de que Chile estaría actuando bajo un “gobierno de emergencia”. Una narrativa que el propio Ejecutivo ha adoptado para explicar el estrecho margen fiscal, insistiendo en que “no hay caja” para sostener ciertos subsidios o amortiguadores económicos.

Pero creo que este encuadre podría estar jugando en contra del propio Gobierno.

Lo primero que vale la pena preguntarse es si efectivamente estamos ante una crisis económica interna de tal magnitud que justifique un framing permanente de emergencia. Las cifras disponibles no lo indican con claridad. Y, si bien la economía local enfrenta tensiones, el verdadero riesgo parece venir desde afuera: una región marcada por gobiernos erráticos, conflictos globales que tensionan Medio Oriente y presiones que ya estamos viendo en mercados clave como el de los combustibles. En ese sentido, es perfectamente plausible preparar a la ciudadanía para eventuales shocks externos, particularmente porque son comprensibles y no imputables al Gobierno.

La ciencia política ofrece algo de luz sobre este punto. Numerosos estudios han mostrado que los conflictos externos tienden a aumentar temporalmente la cohesión interna y el apoyo ciudadano a los gobiernos, un fenómeno conocido como rally ’round the flag, ampliamente descrito en la literatura comparada y documentado en los trabajos de John Mueller.

Aquí es donde el concepto comunicacional del framing se vuelve crucial. En comunicación política (un campo que comúnmente enfrenta crisis de desconfianza hacia las instituciones e insatisfacción con la democracia según un trabajo de Russell Dalton en 2017) esta teoría, desarrollada inicialmente por Erving Goffman y aplicada desde entonces en estudios de opinión pública, sostiene que la forma en que se presenta un problema influye directamente en cómo las audiencias interpretan la realidad, asignan responsabilidades y evalúan a los actores políticos. No son sólo los hechos los que importan, sino la interpretación sugerida por el mensaje.

A esto hay que sumar que la comunicación es un proceso social complejo, cargado de intercambio simbólico. Como bien apunta Manuel Castells, la interpretación que cada individuo hace de los materiales que recibe está profundamente condicionada por el entorno comunicativo. En otras palabras, comunicamos en un ecosistema que multiplica, filtra o resignifica los mensajes según las condiciones del momento.

Cuando un gobierno elige un marco económico (“no hay caja”) activa emociones como incertidumbre o desconfianza. En cambio, un marco basado en factores externos (como shocks internacionales o conflictos globales que afectan los precios energéticos) desplaza la carga interpretativa desde la responsabilidad gubernamental hacia la inevitabilidad contextual. Podría decirse que un mal framing erosiona la confianza; un buen framing podría ordenar expectativas y protege capital político.

El problema aparece cuando el Gobierno insiste en el relato de la “emergencia económica”. Las expectativas que tienen las personas sobre su propio futuro y el del país desempeñan un rol central en el análisis político. La manera en que los individuos evalúan su situación económica personal y la del contexto nacional se vincularía con fenómenos como la aprobación del gobierno y la disposición a participar en elecciones, reflexiones discutidas en Puntos de Referencia del CEP en marzo de 2025.

Si la explicación está vinculada al contexto mundial, la ciudadanía podría procesar la situación desde otra lógica. Una lógica donde la causa es externa, la responsabilidad está distribuida y la reacción colectiva tiende a priorizar la estabilidad y la unidad. Entendiendo, además, que urge la no prolongación de una guerra en el mundo y dada las presiones hacia el Gobierno de Donald Trump.

Se necesita que el Gobierno que explique con claridad los riesgos que sí existen, porque hoy existe mucha confusión e incertidumbre. La emergencia, si existe, no está dentro. Está afuera. Y sería recomendable que la narrativa del Ejecutivo lo refleje.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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