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EL PNL y su rol en el gobierno de J. A. Kast: de aliado táctico a oposición interna
La decisión del Partido Nacional Libertario de no integrar el gabinete de José Antonio Kast abre un escenario de autonomía estratégica, disputas internas y cálculo electoral que, según analistas, podría beneficiar tanto al gobierno entrante como al propio liderazgo de Johannes Kaiser.
El Partido Nacional Libertario (PNL) optó por no integrar el gabinete del Presidente electo José Antonio Kast, una decisión que ha abierto un flanco de debate tanto al interior de la derecha como entre los analistas políticos.
Mientras desde el partido aseguran que la oferta del Ejecutivo no les permitía incidir en áreas estratégicas, expertos consultados por El Mostrador coinciden en que, paradójicamente, la exclusión del PNL podría terminar ordenando —más que tensionando— la gobernabilidad del gobierno de José Antonio Kast.
El debate en torno al papel del PNL en el futuro gobierno llegó a su peak hace algunos días, luego de las declaraciones del diputado Cristián Labbé, quien cuestionó públicamente la decisión de su partido de mantenerse fuera del gabinete y llamó a una mayor convergencia de la derecha en torno al gobierno entrante.
Johannes Kaiser, el fundador del PNL, defendió la decisión en una entrevista con The Clinic, donde afirmó que el partido no sería “vagón de cola” de la administración entrante. Según sostuvo, “no habían condiciones que aseguraran que pudiéramos influir en la toma de decisiones”, agregando que el PNL es “un proyecto político con una visión muy definida y clara”. En esa línea, Kaiser planteó que el crecimiento de Kast hacia sectores de centro implicó un costo hacia la derecha.
Pese a ello, Kaiser señaló que no se han cerrado a que militantes del PNL asuman cargos técnicos y subrayó que “no nos restamos desde el principio”, precisando que la propuesta concreta del Ejecutivo —el Ministerio de Minería— no cumplía con las expectativas del partido. Sin ir más lejos, ayer mismo se supo que la exfiscal Ana María Quintana, militante del PNL, asumiría como subsecretaria de prevención del delito y que, para hacerlo, suspendería su militancia.
Una postura similar a la de Kaiser expresó el diputado electo del PNL, Pier Karlezi, en entrevista con La Tercera. Allí sostuvo que Minería no era una cartera que les permitiera influir en los ámbitos donde consideran que pueden aportar, señalando que sus prioridades estaban en ministerios como Seguridad, Defensa o Justicia. En esa misma conversación, Karlezi afirmó que “el PNL es un partido que tiene orientación hacia el poder” y recalcó que no se consideran oposición, sino que ejercerán un rol fiscalizador para que el gobierno cumpla su programa original.
Karlezi también dejó abierta la puerta a un eventual cambio de escenario. Según señaló, el partido no está cerrado a ingresar más adelante al Ejecutivo, en la medida que el gobierno se acerque y se generen condiciones políticas distintas. Entre las definiciones programáticas, el diputado electo fue enfático en rechazar alzas de impuestos y en respaldar una reforma fiscal orientada al control del gasto, además de plantear la necesidad de reducir el número de ministerios a “nueve o diez” desde los 25 actuales.
En materia institucional, Karlezi marcó una línea dura respecto del sistema judicial. “Sin reforma al Poder Judicial no hay Estado de Derecho que aguante”, afirmó, agregando que sacar la política del Poder Judicial y controlar al Ministerio Público es “fundamental” para evitar su uso como arma política. También sostuvo que el modelo de cárceles impulsado por el presidente salvadoreño Nayib Bukele es “una opción que hay que estudiar”, calificándolo como rápido y barato frente a proyectos penitenciarios que, a su juicio, no han cumplido su objetivo en Chile.
El filósofo y académico Hugo Herrera sostiene al respecto que el hecho de que el partido haya quedado fuera del gabinete lo debilita en términos de poder formal, aunque relativizó el impacto en este caso particular. “En el caso del PNL, no influye tanto esa ausencia”, sostuvo, argumentando que a sus cuadros actuales no les habrían permitido destacar al interior del gobierno y que sus dirigencias se encuentran “un peldaño abajo en sus cualificaciones” respecto de los partidos tradicionales y Republicanos.
Herrera también advirtió que la presencia del PNL dentro del Ejecutivo habría dificultado el diálogo con sectores de centro y de izquierda moderada. En referencia a Johannes Kaiser, recordó que “las declaraciones defendiendo a Krassnoff y otros disparates de similar calado…hubiesen antes espantado que facilitado tales diálogos”. No obstante, descartó riesgos institucionales mayores, señalando que el problema habría sido principalmente político.
Respecto del rol parlamentario del PNL, Herrera proyectó un comportamiento mixto: “aliado táctico en algunos temas y en otros como oposición por el margen derecho”, aunque con una incidencia limitada, debido a la falta de cuadros y a su aislamiento político. En esa línea, sostuvo que la marginación del PNL en el Ejecutivo, “contra lo que podría parecer, pienso que facilita la estrategia legislativa al gobierno”, afirmó.
El análisis coincide con el del cientista político Felipe Vergara, quien comparó la posición del PNL con la que tuvo la Democracia Cristiana durante el gobierno de Gabriel Boric, en cuanto a quedar fuera del gabinete para preservar identidad. Kaiser rechazó esa analogía en The Clinic, señalando que, a diferencia de la DC, el PNL no buscaba “comerse la torta”, sino mantenerse fiel a sus ideales.
En ese mismo análisis, Vergara trazó un paralelo entre la figura de Johannes Kaiser y la irrupción política de Franco Parisi, subrayando el peso del liderazgo personal por sobre una estructura partidaria sólida.
“Franco Parisi tuvo la habilidad —y yo creo que Kaiser también la puede tener— de que, independiente de que su partido realmente valiera nada, él logró como persona ser suficientemente atractivo para que la comunidad lo vote”, señaló. A su juicio, incluso sin una incidencia parlamentaria relevante, Kaiser podría proyectarse políticamente desde fuera del Ejecutivo. “Puede hasta no tener relevancia parlamentaria e ir posicionándose como persona en un rol relevante que le permita ser candidato en cuatro años más”, afirmó.
Vergara advirtió, sin embargo, que este tipo de liderazgos personalistas requieren control interno para sostenerse en el tiempo. “Esos caudillismos hay que trabajarlos bien”, sostuvo, recordando que en el caso del PDG, Parisi evitó involucrarse en las disputas internas del partido. “Parisi no intervenía nunca, estaba por sobre el bien y el mal, y eso le permitió mantenerse y seguir proponiendo sus estrategias, independiente de lo fracasado que fuese su partido”, agregó.
Vergara también planteó que el escenario actual podría resultar funcional tanto para el gobierno entrante como para el PNL. “Al final, Kast gana”, afirmó, argumentando que integrar a los libertarios al gabinete podría haber generado tensiones internas tempranas. “Ante las primeras diferencias internas, los libertarios se habrían ido del gobierno y habrían producido un ruido mayor”, señaló.
Así, sostuvo que mantenerse fuera del Ejecutivo podría ser capitalizado políticamente en el mediano plazo. “Esto puede capitalizarse en los cuatro años siguientes, si logran demostrar que no era por nada que no estuvimos acá”, indicó, subrayando que la clave estará en la forma en que el partido administre su posicionamiento público. “La manera en que esto se maneje comunicacionalmente es lo que le puede dar réditos y ser una real opción”, concluyó.
Hasta el cierre de esta nota, Johannes Kaiser no ha respondido a la solicitud de entrevista que le formulara El Mostrador para profundizar en estos planteamientos.