Publicidad
Rodrigo Ramírez, exsubtel: “Los cables submarinos son la columna vertebral de la economía digital” PAÍS

Rodrigo Ramírez, exsubtel: “Los cables submarinos son la columna vertebral de la economía digital”

Publicidad
Héctor Cossio López
Por : Héctor Cossio López Editor General de El Mostrador
Ver Más

Rodrigo Ramírez advierte que el debate por el cable transpacífico no es tecnológico, sino estratégico: más del 95% del tráfico global circula por cables submarinos, columna vertebral de la economía digital, y Chile aún no define una política de Estado para decidir sobre esta infraestructura crítica.


Rodrigo Ramírez Pino no es solo un exsubsecretario. Es parte de la generación que diseñó la arquitectura regulatoria de las telecomunicaciones en Chile en la última década. Su mirada, por tanto, no se detiene en el ruido diplomático: apunta al problema estructural.

Desde su experiencia en SUBTEL, uno de los ejes centrales que releva es que Chile enfrenta un déficit estratégico en infraestructura digital. El cable submarino —más allá de si lo construye China, EE.UU. u otro actor— responde a una necesidad concreta: mejorar conectividad, reducir latencias y asegurar resiliencia en el tráfico de datos.

En esa línea, su enfoque suele insistir en un punto incómodo para el debate político: el problema no es el origen del capital, sino la falta de una política de Estado clara sobre infraestructura crítica.

Porque, como advierte, más del 95% del tráfico global de datos entre continentes circula por cables submarinos. No se trata de una obra sectorial más, sino de la columna vertebral de la economía digital: servicios en la nube, transacciones financieras, comunicaciones gubernamentales y el funcionamiento cotidiano de internet dependen de estas infraestructuras invisibles.

En ese contexto, la discusión de fondo no es tecnológica, sino estratégica. Chile ya es un nodo relevante en el Pacífico Sur, pero carece de una arquitectura institucional capaz de procesar decisiones de este tipo bajo presión geopolítica.

La pregunta —plantea Ramírez— no es si el país necesita más conectividad, sino si está preparado para tomar decisiones soberanas en un escenario donde las grandes potencias compiten por el control de las rutas digitales.

-Cuando se conocieron las sanciones de EE.UU., toda la complejidad del caso, así como su responsabilidad, recayó en el ministro de Transportes, Juan Carlos Muñoz. ¿Un proyecto estratégico para datos digitales puede descansar en los hombros de una sola persona?

-Cuando hablamos de infraestructura digital crítica —como un cable submarino transpacífico— el titular no puede ser una persona. El titular debe ser la fortaleza del Estado, la coherencia regulatoria y la capacidad institucional para procesar decisiones estratégicas bajo presión geopolítica.

Para entender la dimensión del conflicto partamos por lo más básico: ¿Cuáles son los cables más importantes que existen hoy a nivel global?

-Hoy existen 597 cables submarinos en operación en el mundo. Algunos de los más grandes alcanzan capacidades de diseño de 300 a 400 terabits por segundo (Tbps). Hay cables de hasta 45.000 kilómetros (como el de Meta alrededor de África), otros de 39.000 km, 25.000 km, y proyectos transpacíficos de más de 14.800 km. Un eventual cable Hong Kong–Chile de 19 mil km estaría entre los más largos del mundo. Esto demuestra que estamos en una nueva generación de infraestructura de escala planetaria.

¿Quién es dueño de la mayoría de los cables submarinos?

-Hoy la mayor parte de los nuevos cables son propiedad de grandes tecnológicas globales como Google, Meta, Amazon y Microsoft, generalmente bajo modelos de consorcios mixtos. China participa, pero su presencia representa aproximadamente entre 10% y 15% de los sistemas activos a nivel global. No domina el mapa mundial, pero sí tiene presencia creciente en Asia, África y algunas rutas estratégicas.

-¿Cómo está Chile conectado hoy hacia el mundo?

-Chile cuenta con al menos cinco grandes cables internacionales activos: SAC, Curie, Mistral, PanAm y South American Crossing. Y el proyecto en desarrollo hacia Australia conocido como Humboldt. Es decir, Chile ya es un nodo relevante del Pacífico Sur.

-¿Qué valor estratégico tiene para Chile una ruta directa hacia Asia?

-Es enorme, una ventaja competitiva sobre otros países. Una ruta directa hacia Asia reduce latencia, mejora tiempos de respuesta en servicios digitales, fortalece la competitividad de data centers locales y posiciona a Chile como hub digital del Cono Sur.

Hoy gran parte del tráfico hacia Asia pasa por Estados Unidos o rutas indirectas. Una conexión directa reduce dependencia de hubs intermedios; aumenta redundancia estructural; mejora resiliencia ante fallas regionales; fortalece la autonomía estratégica.

En un mundo donde el tráfico de datos crece exponencialmente, diversificar rutas es una decisión de política país.

-¿Le sorprendió que EEUU reaccionara tal como lo hizo ante a viabilidad que se concretara el cable chino?

-No. Estados Unidos ha tenido tres mecanismos históricos para abordar proyectos que considera estratégicamente sensibles: bloqueo de permisos regulatorios, reemplazo o sugerencia de cambio de proveedores y presión diplomática directa. En 2020, la Federal Communications Commission (FCC) modificó la ruta del proyecto Pacific Light Cable Network: en vez de conectar California con Hong Kong, se rediseñó hacia Filipinas. Australia intervino como aliado de EE.UU en proyectos en Islas Salomón y Papúa Nueva Guinea. Hubo restricciones en Reino Unido, Suecia y presiones en Costa Rica respecto a 5G. Esto no es nuevo. Forma parte del tablero geopolítico global.

Lo que sí sorprende es cierta ingenuidad estratégica en no prever una reacción de este tipo, especialmente en un contexto político sensible.

-Hoy se desató la controversia pero es sabido que el interés de empresas tecnológicas chinas en este tipo de proyectos no es nuevo…

-Durante el año pasado se conoció el interés de empresas como Tencent, China Unicom, China Mobile y China Telecom por impulsar un cable que conectara Hong Kong con Concón. En Chile esta conversación de inicia durante el segundo gobierno de la Presidenta Bachelet. La conectividad transpacífica se instaló en la agenda ya que Chile se planteó el año 2017 convertirse en el hub digital del Cono Sur. Y para ello China representa un aliado estratégico y una oportunidad para el fomento de la infraestructura digital.

Ya en esos años había una expresión de la tensión geopolítica con expresión tecnológica. Estados Unidos domina gran parte del mapa mundial a través de sus hiperescaladores y Big Tech, Europa por su parte busca autonomía estratégica. Tres bloques que compiten por rutas digitales como parte central de la geopolítica global.

-¿Por qué son tan importantes los cables submarinos?

-Porque más del 95% del tráfico mundial de datos entre continentes es transportado entre continentes por cables submarinos. Por ahí circula el tráfico de internet, servicios cloud, streaming, transacciones financieras, tráfico corporativo y comunicaciones gubernamentales. Estamos hablando de la columna vertebral de la economía digital global, no de una obra sectorial más.

-A su juicio, donde radica el problema?

-En pensar que Estados Unidos no reaccionaría. Estos proyectos se abordaban con diseño institucional, desde el liderazgo de Cancillería y su diplomacia digital, la evaluación técnica sectorial, análisis financiero con Hacienda y visión estratégica de Estado. No estaban radicados en una sola autoridad ni en una vocería sectorial. Este tipo de iniciativas, dado su impacto, refirieren de una arquitectura institucional ad hoc para abordarlo.

-¿Cuál es el rol que debe cumplir el regulador?

-El regulador no solo debe evaluar proyectos técnicos, debe asegurar tres principios fundamentales, Simetría regulatoria, Reglas clara y Gobernanza robusta. Simetría significa que cualquier actor —sea estadounidense, europeo o chino— debe cumplir exactamente los mismos estándares de seguridad, transparencia, auditoría y control. Gobernanza implica que el Estado tenga capacidad real de supervisión sobre infraestructura crítica. Eso es soberanía digital.

-Uno de los argumentos que esgrimió EEUU fue el riesgo de seguridad nacional. ¿Es así? ¿De qué magnitud son esos riesgos?

-Lo que se suele argumentar es la posibilidad teórica de manipulación de tráfico o acceso a metadatos sensibles. Pero hoy el tráfico internacional viaja encriptado extremo a extremo. Los modelos modernos de ciberseguridad, auditoría y segmentación de redes reducen significativamente esos riesgos. El problema no es que el cable sea chino per se. El problema es quién lo controla, cómo se gestiona y bajo qué estándares opera. Los temores que emergen en este debate son, en gran medida, expresión de tensiones geopolíticas globales.

El riesgo cero no existe en ninguna infraestructura crítica —ni estadounidense, ni europea, ni china—. Lo que existe es gestión de riesgo institucional.

-¿Qué es entonces lo que está realmente en juego en este caso?

Lo que está de fondo es cómo Chile responde cuando una potencia mundial le pide a nuestro país que no haga negocios estratégicos con otra potencia mundial. Hoy la discusión ya no es si el cable es pertinente o no, es si Chile sostiene su autonomía institucional. Lo que está en juego no es un cable ni un ministro. Es si Chile actúa como un Estado con política digital de largo plazo o como un actor reactivo en medio de una disputa entre potencias. La autonomía estratégica no se declara, se ejerce. Se demuestra en cómo se toman —y se explican— las decisiones difíciles.

-¿Cuál debería ser la posición de Chile?

-Chile necesita más conectividad internacional, más capacidad, más diversidad de rutas y menos dependencia de un solo bloque geopolítico. Eso es evidente.

Pero también necesita que para este tipo de proyectos existan estándares máximos de ciberseguridad, auditorías independientes, control soberano de estaciones de aterrizaje., transparencia absoluta en las condiciones de operación. No puede haber opacidad en infraestructura crítica. Mi posición es simple, Chile no debe cerrarse a ningún actor por razones ideológicas, pero tampoco puede actuar con ingenuidad estratégica.

El país necesita diversificar proveedores y evitar dependencias excesivas de un solo bloque geopolítico — sea China o Estados Unidos. La discusión no es “alineamiento”, es autonomía estratégica. Un cable puede ser una oportunidad histórica o una vulnerabilidad futura; todo depende de las condiciones bajo las cuales se integre al ecosistema nacional. Chile debe actuar como hub digital soberano, no como escenario de disputa entre potencias.

Publicidad