Del Gobierno de emergencia a la emergencia del Gobierno
¡Hola! Se nos va el verano y volvemos a la rutina de siempre. Otro año lleno de expectativas y ganas de empezar con el pie derecho la nueva temporada de responsabilidades. No solo nosotros, simples mortales, sino el país entero que enmienda la plana política en marzo. Eso en teoría, porque se nos viene un cambio de mando bastante agitado.
- Lo que hasta hace poco parecía un apacible acto republicano, se ha convertido en una expectante carrera de ajustes de última hora, plagada de citas y reuniones para abordar “temas relevantes”. Esto, luego de la alerta que impuso Estados Unidos sobre la concesión de un cable submarino que autoridades del Ministerio de Transportes negociaban con una empresa china.
La batahola descolocó al Gobierno, pero dejó más nerviosa a la administración entrante. La noticia acabó por relegar a un segundo plano el discurso del “Gobierno de emergencia”, fijando las prioridades en una inesperada coyuntura internacional. La situación ha puesto en aprietos al Mandatario electo, quien deberá tomar decisiones más allá de su programa, poniendo a prueba su real nivel de pragmatismo. Otra cosa es con guitarra, dicen.
- En esta misma línea, pero en otro foco de análisis, abordamos la incorporación de tres cercanos al Grupo Luksic al equipo de política exterior del próximo Gobierno: el exgerente de Quiñenco, Francisco Pérez Mackenna; el exmiembro del directorio de Banco de Chile, Andrés Ergas; y la exgerenta de la Cámara Chilena Norteamericana de Comercio (AmCham), Paula Estévez.
- El arribo no solo genera dudas por el hecho de que ninguno tiene experiencia política previa, ni carrera diplomática a cuestas, sino debido a la delgada línea que separa los intereses públicos y privados. Es ahí, dicen, donde hay que poner la lupa.
Otro miembro del gabinete que enfrentará desafíos importantes es el próximo ministro de Transportes, Louis de Grange, quien deberá preocuparse de una problemática menos convencional que los asaltos de torniquetes y las horas punta: el transporte de metadatos. Su implementación no aborda solo cálculos y definiciones operativas, tal como lo ha demostrado el cable transpacífico, sino un cruce entre seguridad, datos y geopolítica. Y es en ese espacio donde De Grange deberá demostrar mucha más destreza política que rigor técnico.
Por último, a modo de corolario, un análisis detallado a la conferencia de prensa del embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, el hombre que entre reproches y advertencias ha dejado en claro que Washington reconoce la autonomía chilena, pero con un particular sentido paradigmático: si la infraestructura crítica queda en manos de China, las consecuencias son geopolíticas.
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Bautismo de fuego bajo el mar: el “Cablegate” que Kast no vio venir
Al Presidente electo y su equipo se les derrumbó el programa antes de cruzar el umbral de La Moneda. Si bien el guion hasta ahora, con fuerte énfasis en seguridad y migración, parecía invulnerable a los embates cotidianos, todo se complejizó una vez que estalló el escándalo por el cable submarino chino. Realpolitik, argumentan los especialistas.
- Aunque la detonación provino de la administración saliente, las esquirlas del impacto terminaron por replegar el discurso del “Gobierno de emergencia” a un segundo plano.Una crisis que no figuraba en los manuales del nuevo gobernante y que deja a la Oficina del Presidente Electo (OPE) atascada entre dos superpotencias.
¿El motivo? Alertas de seguridad despachadas por Washington que miran con recelo la participación china en la infraestructura digital del Cono Sur. La advertencia pilló por sorpresa al Mandatario electo, en cuyo programa de gobierno no existe una sola mención a “fibra óptica”, “China” o “Estados Unidos”. Una situación difícil de resolver para alguien que prometió “multilateralismo soberano y pragmático” y que ahora figura atrapado en una trama geopolítica que nadie vio venir.
- El problema no es solo diplomático, sino también de gestión. El gabinete seleccionado –admiten en su círculo– lo componen rostros nuevos sin experiencia en primera línea política, ni menos en resolución de crisis internacionales. No son animales políticos entrenados para resistir la presión de cancillerías poderosas, plantean algunas voces críticas.
José Antonio Kast está obligado a tomar decisiones que exceden sus promesas de campaña y que le exigirán poner a prueba su real pragmatismo. Cada jugada en el tablero geopolítico será escrutada bajo la lógica de seguridad internacional. Y si una pieza no encaja, puede colisionar con los intereses del gran empresariado, sector que observa con nerviosismo cómo se tensa la cuerda con su principal socio comercial: China.
Las naves del Grupo Luksic en la política exterior
Cuando José Antonio Kast presentó a su equipo de política exterior, muchos esperaban nombres con reconocida carrera diplomática. Pero lo que llegó fue otra cosa: un trío vinculado al Grupo Luksic. Fue un desembarco sin mucho ruido, como esas naves del holding familiar que atracan sigilosamente en distintos puertos del mundo.
- Primero aterrizó Francisco Pérez Mackenna, gerente general de Quiñenco por casi tres décadas. Dicen que el ejecutivo que manejó el brazo financiero del grupo empresarial es un hombre que conoce bien el mundo de los negocios internacionales y, por extensión, también los detalles de los contratos de Antofagasta Minerals con China y el litigio minero que mantiene la misma compañía en Estados Unidos. Y esto, sin entrar a picar demasiado.
A su lado, llegó otro cercano al poderoso clan: el nuevo embajador en Washington, Andrés Ergas Heymann. Un empresario sin experiencia diplomática, con varios fracasos en el mundo financiero, pero con un cargo relevante en uno de los buques insignia del conglomerado: el directorio del Banco de Chile. Ergas, además, tiene negocios inmobiliarios en Estados Unidos junto a su familia, situación que deberá sopesar a la hora de discriminar entre intereses públicos y privados, en un escenario marcado por las presiones del Gobierno de Trump. No la tendrá fácil.
- Y para completar la tríada, Paula Estévez asumirá como subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales. La exgerenta general de la Cámara Chilena Norteamericana de Comercio (AmCham), donde trabajó codo a codo con Francisco Pérez Mackenna, cierra el círculo de confianza en torno al grupo económico. Otro detalle no menor: Jaime Estévez, su padre, pertenece al directorio del Banco de Chile, cargo que asumió luego de otorgar un polémico y millonario préstamo que permitió a los Luksic controlar dicha entidad bancaria. El crédito lo autorizó Estévez cuando era presidente de Banco Estado.
Sin experiencia política ni diplomática, en medio de tensiones marcadas por la agresiva política internacional de Donald Trump, los barcos comandados por tripulantes cercanos a Andrónico Luksic acaban de atracar en los agitados puertos de la política internacional. Lo que no se sabe –exactamente– es con qué tipo de cargamento desembarcarán.
Otra cosa es con guitarra: De Grange y el desafío del transporte de metadatos
El nuevo ministro de Transportes, Louis de Grange llega con pergaminos técnicos, micrófono fácil y cuero curtido en debates urbanos. Sabe de Metro, de subsidios, de evasión y de cómo cuadrar cifras en sistemas tensionados. Pero esta vez el tablero es otro. Ahora se trata de transporte de metadatos.
- La crisis local de los torniquetes saltados y las urgencias de fiscalización en horas punta, no tienen nada que ver con la infraestructura crítica que cruza de lleno la frontera entre seguridad, datos y geopolítica.
Su nombre quedó instalado en la controversia cuando defendió una línea dura frente a la evasión del Metro. Para algunos, fue claridad técnica; para otros, desconexión social. Ese antecedente no es menor. En un tema como el cable transpacífico, la discusión tampoco será neutra. Aquí no basta con cálculo económico o eficiencia operativa: hay presión diplomática, tensiones entre potencias y una disputa global por el control de las rutas digitales.
- Como es de conocimiento público, el proyecto no estaba en carpeta: estaba en desarrollo. El llamado “Tramo S1” ya contaba con autorización para desplegarse desde Guangdong, con anclaje en Shantou, una de las escasas puertas de enlace oficialmente habilitadas por Beijing para la salida internacional de tráfico de internet.
Con las fichas más que puestas sobre la mesa, De Grange deberá lidiar con decisiones claves como el diseño contractual, la gobernanza, la propiedad de las estaciones de aterrizaje y la capacidad local de supervisión del transporte de datos digitales.
- Expertos del rubro señalan a +Política que los desafíos más inmediatos serán el control soberano en tierra, la auditoría técnica independiente, protocolos de mantenimiento claros y rutas diversificadas para no quedar atrapados en una sola dependencia estructural.
El ministro conoce de transporte urbano, de flujos y de regulación sectorial. Pero ahora deberá lidiar con algo distinto.
Más del 95% del tráfico mundial de datos entre continentes es transportado por cables submarinos. Por ahí circulan el tráfico de internet, servicios cloud, streaming, transacciones financieras, tráfico corporativo y comunicaciones gubernamentales.
De Grange, así como el Gobierno de Kast en general, tendrán entre sus manos la columna vertebral de la economía digital global. Y el margen de error es mínimo, el cable no es una obra sectorial más.
Judd: el embajador de USA que lleva el manual Trump como Biblia
La conferencia de prensa del embajador Brandon Judd, el martes de esta semana, dejó más que la revocación de visas a tres funcionarios del Gobierno de Gabriel Boric. Para quienes estuvieron en la embajada de la principal potencia mundial, lo verdaderamente sustantivo ocurrió en las frases que quedaron flotando entre advertencias, reproches y comparaciones regionales.
- La sentencia del diplomático sobre la soberanía de nuestro país fue clave: “Chile tiene el derecho soberano de tomar decisiones por sí mismo. Lo que no pueden elegir son las repercusiones”. A los periodistas presentes les quedó claro que no fue solo una definición diplomática. Fue una delimitación de poder.
- Washington reconoce la autonomía chilena, claro, pero a la vez instala la idea de que ciertas decisiones –en este caso, sobre infraestructura crítica vinculada al cable submarino hacia China– activan consecuencias que trascienden lo bilateral. Y durante el resto de la semana ya se vio con el retraso de una licitación en el puerto de San Antonio, que se dejó para julio. Algo así como para no tener más problemas por ahora. ¿La razón? Los principales oferentes eran empresas chinas.
Pero eso no fue todo, los 30 minutos en que el diplomático conversó con la prensa local mostraron también un segundo plano: el intercambio de información sensible.
Judd dejó entrever que en Washington existe preocupación sobre la capacidad de Chile para resguardar datos estratégicos, insinuando incluso que podrían revisarse “todos los espectros de intercambio de información”, incluidos programas con beneficios concretos para la ciudadanía. De inmediato se vino a la mente de los periodistas la Visa Waiver. Aunque dijo que hoy “está a salvo”, quedó implícitamente bajo presión. “Todo está en la mesa”, advirtió.
- Pero probablemente de lo que menos se ha hablado, y lo más delicado, fue la acusación política contra las autoridades de Gobierno: “No actuaron honestamente con nosotros”, dijo. El embajador no habló solo de diferencias técnicas, sino también de falta de transparencia del Gobierno saliente ante advertencias sobre ciberintrusiones y actores extranjeros “malignos” que han atacado empresas para beneficiar a actores económicos determinados.
- Así de vago, pero para quienes estuvieron ahí, quedó claro que seguía hablando de China. Todo esto, sin entregar nombres ni pruebas públicas, instalando una sombra de desconfianza institucional.
El Mostrador llevó también su pregunta:
¿Qué fin tiene sancionar a tres funcionarios que en pocos días dejarán sus cargos y no tendrán un rol decisivo en lo que viene respecto del cable Chile-China? ¿Se trata de un mensaje a la próxima administración? Judd señaló que no era ese el fin de lo hecho y negó que se trate de un mensaje al Presidente electo, José Antonio Kast.
Sin embargo el contexto es inevitable: a tres semanas del cambio de mando, la señal apunta hacia la nueva administración. Ante lo mismo, Judd expresó su expectativa de trabajar “abierta y honestamente” con el próximo Gobierno, haciendo el contrapunto inmediato e implícito con la administración actual.
- Lo que no se dijo explícitamente, pero quedó claro, es que la disputa por un cable submarino es en realidad un capítulo más de la competencia estratégica entre Estados Unidos y China en el Pacífico Sur. El próximo Gobierno, en ese tablero, enfrenta una disyuntiva incómoda: ejercer su soberanía en un entorno donde las decisiones tecnológicas se han convertido en decisiones geopolíticas.
Y hasta aquí llega esta nueva edición de +Política. Si tienen algún comentario, duda o información que quieran compartir, pueden escribirnos a maspolitica@elmostrador.cl.
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