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Crédito: El Mostrador.
Chocolate amargo: el compuesto del cacao que podría ayudar a envejecer mejor
Un estudio del King’s College of London asoció la teobromina del cacao con un envejecimiento biológico más lento, reforzando el interés por el chocolate amargo y su impacto en la salud.
El chocolate amargo, durante años valorado por su sabor intenso y su origen artesanal, ahora suma un nuevo argumento desde la ciencia. Un reciente estudio del King’s College of London vinculó la teobromina —un compuesto natural del cacao— con una menor edad biológica, abriendo una nueva línea de investigación sobre cómo ciertos alimentos cotidianos podrían influir en la longevidad.
El hallazgo fue publicado en la revista Aging-US y se basó en el análisis de más de 1.600 adultos europeos. Los investigadores compararon distintos marcadores sanguíneos asociados al envejecimiento, como cambios químicos en el ADN y la longitud de los telómeros, estructuras que protegen los cromosomas y que se acortan con el paso del tiempo.
El cacao bajo la lupa científica
Los resultados mostraron que las personas con mayores niveles de teobromina en la sangre presentaban una edad biológica menor que su edad cronológica. Además, quienes tenían más concentración de este compuesto también exhibían telómeros más largos, un indicador relevante de envejecimiento saludable.
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que la relación entre teobromina y envejecimiento más lento se mantuvo incluso al descartar la influencia de otros estimulantes, como la cafeína, y de distintos factores asociados al estilo de vida.

Crédito: El Mostrador.
Qué es la teobromina y por qué importa
La teobromina es un alcaloide presente de forma natural en el cacao, responsable en parte de su sabor amargo característico.
A diferencia de la cafeína, su efecto estimulante es más suave, pero su presencia constante en productos derivados del cacao ha despertado el interés de la comunidad científica por sus posibles beneficios a largo plazo.
Aunque los autores del estudio aclaran que sus resultados no buscan incentivar un mayor consumo de chocolate, sí refuerzan la necesidad de seguir investigando cómo compuestos presentes en alimentos de consumo habitual pueden influir en el envejecimiento y la salud general.
El auge del chocolate amargo
Este descubrimiento coincide con un crecimiento sostenido del consumo de chocolate amargo a nivel mundial. Cada vez más personas se inclinan por productos con mayor porcentaje de cacao, menos azúcar y mayor trazabilidad en su origen.
En este contexto, la marca ecuatoriana Paccari se ha posicionado como uno de los referentes de esta tendencia, apostando por chocolates orgánicos, veganos y elaborados con cacao fino de aroma.
Santiago Peralta, fundador de Paccari, afirma que “el consumo de chocolate crece a nivel mundial junto con un mayor conocimiento sobre el cacao puro, su origen y su relación con el bienestar, y en este panorama la elección ya no se centra solo en la cantidad sino en la calidad. Paccari, en este sentido, ha sido una de las marcas pioneras en este enfoque al elaborar chocolates orgánicos y veganos con cacao fino de aroma ecuatoriano, sin lácteos ni gluten, promoviendo desde el origen el respeto por la tierra y por las comunidades
productoras a través de prácticas de comercio justo y procesos sostenibles, porque cuando el chocolate es auténtico también ofrece más”.
Ciencia, consumo y futuro
El estudio del King’s College of London no solo pone nuevamente al cacao en el foco científico, sino que también dialoga con una transformación cultural en la forma de consumir alimentos. La ciencia comienza a confirmar lo que muchos consumidores ya intuían: que la calidad, el origen y la composición de los productos pueden tener un impacto en la salud.
Si bien aún se requieren más investigaciones para establecer recomendaciones concretas, el hallazgo posiciona al chocolate amargo como algo más que un placer gastronómico.
Así, el cacao, uno de los alimentos más antiguos de la historia, vuelve a sorprender desde un lugar inesperado: el laboratorio, donde hoy se le observa no solo como sabor, sino también como ciencia.