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Colchagua lidera la sustentabilidad del vino en Chile con certificación clave para la industria Coctelería Crédito: El Mostrador.

Colchagua lidera la sustentabilidad del vino en Chile con certificación clave para la industria

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El Valle de Colchagua se posiciona como referente en producción vitivinícola responsable, impulsado por la certificación del Código de Sustentabilidad, adoptado por gran parte del sector.


En un escenario marcado por el cambio climático y nuevas exigencias del mercado internacional, la industria del vino en Chile avanza hacia un modelo donde no solo importa la calidad, sino también cómo se produce. En ese camino, el Valle de Colchagua emerge como uno de los principales impulsores de la sustentabilidad vitivinícola en el país.

La certificación del Código de Sustentabilidad del vino chileno se ha consolidado como una herramienta clave para transformar la producción vitivinícola. Creado en 2011, este estándar orienta a las viñas en tres dimensiones fundamentales: ambiental, social y productiva.

Lo que comenzó como una iniciativa voluntaria hoy se ha convertido en un eje estratégico para el sector, marcando la pauta en un mercado donde los consumidores y compradores internacionales exigen cada vez mayor transparencia y responsabilidad en los procesos productivos.

Alejandra Vinagre, encargada de sustentabilidad de Viña Ravanal, explica que “la viña realiza una autoevaluación interna respecto de un estándar que contempla tres grandes áreas: viñedo, procesos de bodega y ámbito social. Posteriormente, un auditor
externo verifica en terreno el cumplimiento”.

Crédito: El Mostrador.

Colchagua: pionero en prácticas sustentables

Dentro de este proceso, el Valle de Colchagua destaca como uno de los territorios más avanzados en la implementación del modelo. Actualmente, 23 viñas de la zona cuentan con certificación, formando parte de un ecosistema donde la sustentabilidad dejó de ser un valor agregado para convertirse en una base de gestión.

“Ha sido significativo y, en muchos casos pionero dentro del sector, dado que en este valle se sentaron las bases para las primeras versiones del Código de Sustentabilidad”, señala Belén Ruz, coordinadora de sustentabilidad de Vinos de Chile.

El impacto no es menor: cerca del 80% del vino embotellado exportado por el país proviene de viñas certificadas, lo que refleja la masificación de este estándar en la industria.

Más que una certificación: una forma de producir

Para las viñas, el proceso no se limita a cumplir requisitos técnicos. Implica una transformación profunda en la manera de entender la producción.

“Para nosotros, certificarse significa mucho más que cumplir con un estándar: implica gestionar responsablemente nuestros viñedos, procesos productivos y relación con la comunidad, bajo criterios ambientales, laborales y éticos”, agrega Vinagre.

El sistema contempla auditorías periódicas y el cumplimiento de cientos de criterios, lo que garantiza que la certificación sea un proceso exigente y continuo, más que una validación puntual.

Crédito: Cedida.

Agua, energía y comunidad: la sustentabilidad en terreno

En Colchagua, la implementación del modelo se refleja en acciones concretas. Frente a la escasez hídrica, las viñas han avanzado en la gestión eficiente del agua, incluyendo reutilización de aguas grises y optimización del riego.

“El valle no ha quedado fuera. Se está trabajando en la gestión responsable del recurso hídrico junto con la reutilización de aguas grises para riego y el manejo responsable de residuos”, explica Vinagre.

A esto se suma un componente social relevante. El Código incorpora estándares en condiciones laborales, seguridad, capacitación y bienestar, además de promover la relación con comunidades locales y proveedores del territorio.

Desafíos en un contexto cambiante

Pese a los avances, la industria enfrenta retos crecientes. El cambio climático, el aumento de temperaturas y los eventos extremos obligan a una adaptación constante.

“El liderazgo implica enfrentar desafíos cada vez más complejos, como la falta de agua, el aumento de temperaturas y eventos climáticos extremos”, advierte Belén Ruz.

En paralelo, surge la necesidad de integrar a pequeños productores y continuar innovando para mantener la competitividad en el mercado global.

Desde el sector enfatizan que la sustentabilidad no es un punto de llegada, sino un proceso continuo.

“La sustentabilidad no es una meta que se alcanza con la certificación, sino un proceso continuo: el verdadero desafío es superar el estándar año a año. Refleja un compromiso real y no una obligación normativa. Cuando una viña decide certificarse, lo hace entendiendo que la sustentabilidad es parte del negocio”, concluye Vinagre.

En el Valle de Colchagua, este enfoque ya se ha instalado como una práctica transversal. Más que un sello, se trata de una nueva forma de producir vino, donde el respeto por el entorno, las personas y el territorio se convierte en parte esencial de su identidad.

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