El escenario veraniego del litoral central no solo reúne a turistas, quitasoles y jornadas de descanso. Paralelamente, se ha instalado un fenómeno que mantiene en alerta a autoridades y policías: la expansión del comercio ambulante sin autorización, con venta de alimentos y alcohol sin ningún tipo de control sanitario.
Fiscalizaciones revelan alza histórica en decomisos durante el verano
En este contexto, operativos conjuntos entre Carabineros y personal municipal dejaron al descubierto la magnitud del problema en la playa de El Tabo. En poco más de un mes, las fiscalizaciones permitieron retirar cerca de media tonelada de comida callejera y una importante cantidad de bebidas alcohólicas, todas vendidas sin permisos ni certificaciones.
Según informaron en Mucho Gusto, el período comprendido entre el 1 de enero y el 5 de febrero concentró la mayor cantidad de decomisos. Las proyecciones, sin embargo, no son alentadoras. Con febrero en pleno desarrollo y el aumento de visitantes, los municipios estiman que estas cifras podrían duplicarse o incluso triplicarse, convirtiendo este mes en el más complejo de la temporada estival.
De acuerdo con lo comentado por especialistas en el matinal de Mega, muchos de estos comerciantes se trasladan desde Santiago hacia los balnearios durante el verano.
Venta sin control y alimentos de dudosa procedencia encienden alertas sanitarias en las playas
Entre toallas y sombrillas circulan productos que forman parte del imaginario clásico de playa, como barquillos, cuchuflíes, palmeras o pan de huevo. A esta oferta tradicional se han sumado preparaciones de mayor riesgo sanitario, como choclos en vaso, frutillas cubiertas de chocolate y, de manera especialmente preocupante, bebidas alcohólicas como cervezas y mojitos, cuya venta está expresamente prohibida en estos espacios.
La autoridad ha señalado que una parte importante de estos vendedores no cuenta con patente ni con resolución sanitaria que garantice la inocuidad de sus productos. En ese contexto, el consumo de estos alimentos representa un riesgo directo para los veraneantes.
Algunas inspecciones incluso han revelado situaciones alarmantes sobre la forma en que se preparan estas frutillas. “Nosotros tenemos certeza de que esto no es chocolate, de que puede ser cera porque se pone dura, no le afecta el sol”, sostuvo un fiscalizador.
En la misma línea, el entrevistado agregó que “un chocolate común se derrite rápidamente, mientras que los vendedores se pasean al sol y no pasa nada“.