
“¡Colega herido! ¡Hay una baja!”: Los dramáticos relatos de los PDI emboscados en Ercilla
Este lunes comienza en Angol el juicio oral en contra del único imputado por el homicidio del inspector Luis Morales Balcázar, asesinado en medio de un masivo y fallido operativo antidrogas realizado en 2021. Testimonios de los policías dan cuenta de severas fallas de planificación
Uno de los momentos más oscuros en la historia de la Policía de Investigaciones se vivió el 7 de enero de 2021 en el sector de Chacaico, cerca de Temucuicui, comuna de Ercilla, cuando un oficial de dicha institución fue asesinado de un disparo y otro detective resultó lesionado, luego de ser atacados con un fusil de alto calibre. Lo anterior ocurrió en medio de un masivo operativo antidrogas llamado “Aquelarre”, en el cual participaban 850 policías provenientes de todo el país, el mismo día en que se daba a conocer el fallo en contra de los carabineros acusados del homicidio de Camilo Catrillanca.
A más de cuatro años del crimen de detective, este lunes comenzará en Angol el juicio oral en contra del único acusado por este hecho, Alejandro Liguen Venegas, en cuyo poder la PDI encontró posteriormente el fusil Savage 16, calibre .308, con el cual fue asesinado el inspector del Equipo de Reacción Táctica (ERTA) de Iquique Luis Morales Balcázar y con el que también fue lesionado el comisario Felipe González Cadenas, del ERTA de Valdivia.
Liguen están además acusado de dos ataques en contra de personal de Carabineros, el primero acaecido el 02 de diciembre de 2021 y el segundo el 25 de mayo de 2022, así como de tenencia ilegal de arma prohibida, tenencia ilegal de municiones y receptación, dado que el arma que se encontró en su poder había sido robada desde una parcela de Pitrufquén el 24 de septiembre de 2020.
Debido a todos esos hechos, el fiscal Carlos Bustos está pidiendo en su contra una serie de penas, que sumadas (incluyendo el presidio perpetuo calificado, que implica un mínimo de 40 años antes de obtener beneficios) arrojan 75 años. A su vez, el Ministerio del Interior, que es querellante en la causa, solicita un total de 118 años.
Sin responsables
En el juicio estarán presentes todos los policías que esa fatídica jornada se encontraban en lo que en la planificación previa se denominó la “zona rosa”, que era un sector de Chacaico al cual ingresaron 30 vehículos de la PDI con el fin de allanar seis casas, en búsqueda de plantaciones de marihuana.
Los testimonios de los oficiales y agentes policiales, a los que tuvo acceso la Unidad de Investigación de El Mostrador, dan cuenta con detalle de una serie de problemas operativos que van desde una acumulación evidente de funcionarios y vehículos en el estado municipal de Angol, desde al menos tres días antes (por lo cual era evidente que algo estaba planificando la policía) hasta el hecho de que el entonces jefe regional de la PDI, Domingo Silva, retiró las armas largas a muchos policías, y que la mayoría de estos no contaban con handies (radios portátiles).
Pese al resultado, ningún policía ni autoridad política o policial presentó su renuncia o fue llamada a retiro.
Solo seis meses más tarde lo hizo el prefecto inspector Silva, quien aludió a “motivos personales” para irse de la institución. A fines de 2021, en tanto, y dentro del proceso habitual de renovación de los mandos, pasó a retiro el prefecto general Carlos Yáñez, que era el subdirector operativo de la institución y quien estaba a cargo de todo el operativo.
El jefe de inteligencia de la PDI a la época de los hechos, Sergio Muñoz Yáñez, asumió en 2021 como director general de la PDI, luego de que el director de la institución en 2021, Héctor Espinosa, terminara su periodo al mando de la PDI, tras lo cual fue acusado de actos de corrupción. Muñoz se mantuvo en el cargo hasta marzo de 2024, cuando renunció como consecuencia de la filtración de sus chats con el abogado Luis Hermosilla.
Tampoco fue sancionado o removido por este hecho el Ministro del Interior de la época, Rodrigo Delgado, o el subsecretario del Interior, Francisco Galli.
Un lugar tranquilo
Todas las declaraciones son coincidentes en indicar que los problemas comenzaron al llegar a una casa roja, donde se encontraron con una barricada de árboles cortados con motosierras. Fue ese el momento en que les comenzaron a disparar, sin poder distinguir claramente quién lo hacía, debido a la tupida vegetación del sector. Morales y González iban en el final de la caravana, a bordo del pick up de una camioneta Nissan D300, que no contaban con ningún blindaje, salvo por el uso de escudos balísticos.
Al respecto, el subcomisario Juan Paulo Jara, de la Brigada Antinarcóticos de Temuco, declaró que “llegamos a un lugar donde estaba lleno de árboles cortados, además había humo, polvo producto del avance de los otros carros y de las quemas intencionales, existiendo mucha vegetación frondosa”.
A su vez, el agente policial Hugo Mansilla Cuevas, del ERTA Valdivai, precisó que “en una casa roja, no recuerdo mayores detalles de esa casa, pero estaba ubicada bajando y frente a una curva, a unos 100 o 200 metros de distancia del camino observamos a cuatro sujetos, uno estaba vestido de todo, otro de verde, otro de azul y otro de blanco, no se alcanzaba a distinguir mayores detalles de ellos, ya que además teníamos que parapetarnos porque nos estaban disparando. Principalmente recuerdo al sujeto de rojo, que nos hacía puntería con un arma larga y se apoyaba en un árbol. Se escuchaba, por el ruido del disparo, que era de grueso calibre lo que disparaba”.
Más decidor fue lo indicado por el comisario Felipe González Cadenas, quien explicó en las declaraciones que formuló al Ministerio Público que el oficial de caso “nos señaló que en la gran mayoría de los domicilios había mujeres, que el lugar era tranquilo” y que el objetivo “era llegar a la casa seis, según la planificación, pero no se logró, ya que llegamos a la casa tres y el oficial de caso nos manifestó que se había perdido”.
Fue en ese momento cuando comenzaron a dispararle y, como recordaría más adelante González, “en ese momento los colegas hombres y mujeres comenzaron a desesperarse, así que yo comencé a contenerlos y darles instrucciones de que se mantuvieran en los vehículos”.
Disparos de alto calibre
El tiroteo duró cerca de 30 minutos, como explicó después el oficial de la Brigada de Investigación Criminal (Bicrim) de La Pintana Diego Leyton.
González, por su parte, declaró al Ministerio Público que disparó tres tiros con su subametralladora SAF, pero de pronto “recibí un golpe en la cara. Pensé que era un piedrazo, perdiendo el equilibrio, tocándome la cara y dándome cuenta que me salía mucha sangre”. Sin embargo, era un tiro de alto calibre que dio en el cuello del chaleco antibalas y que se fragmentó, lesionándolo.
Jara, a su vez, describe el momento indicando que “sentí un disparo muy fuerte de alto calibre… después escuché otro similar y alguien del pick up gritó, da el avisode que había un colega herido. Después se escucharon otros gritos que decían ‘colega herido’, pero estos eran con desesperación. En ese momento yo giré la cabeza hacia atrás, percatándome de que había un colega ERTA herido por un proyectil balístico en su región craneal, pidiéndole al conductor que apurara su marcha, llegando hasta un claro, bajándome del vehículo para ver el estado del colega”, en referencia al inspector Morales.
Algo semejante describe el comisario Roberto Riquelme, que era el jefe del ERTA de Valdivia: “en una especie de explanada, donde habían encendido fuego, se sintió un sonido muy fuerte, que no era un arma convencional… luego de ese sonido mi colega Felipe González Cadenas me dice ‘me dieron’. Lo tomé y le pregunté dónde y me señala su mejilla izquierda. Inmediatamente hice presión en su herida y seguidamente sentí otro ruido muy fuerte, viendo que el colega Morales del ERTA Iquique había sido impactando en su rostro”.
Por cierto, Morales defendió a sus colegas antes de morir, como relata el subcomisario de la Brigada de Homicidios de Valdivia Gustavo Soto Peña, quien declaró que “desde entremedio de unas matas realizaron un disparo contra nosotros, el cual no nos impactó, ataque que fue repelido por el inspector Morales y yo, disparando nuestras armas de apoyo, no viendo que los disparos hayan impactado en alguien”. Luego, Morales lanzó una bomba de humo y otra de ruido.
Tras ello, Soto entregó una descripción muy semejante a las anteriores: “Sentimos disparos muy fuertes, específicamente una ráfaga de tres tiros, los que pasaron por arriba de nosotros. Luego de eso escuchamos el sonido del disparo de un fusil de asalto o arma de grueso calibre, ya que el sonido era como un silbido, diferente al de una pistola o escopeta”. Después, indicó en su declaración, “escuché que el comisario Riquelme dijo ¡colega herido, hay una baja!, creyendo que se trataba del comisario González, ya que al girarme lo vi que tenía bastante sangre en el rostro”. Sin embargo, se trataba del inspector Morales.
La evasión
La salida del sector fue igualmente completa, como recordó Jara: “Una vez que llegamos al cruce Colico fuimos apedreados por personas que se encontraban en el sector de las antenas”. Cuando finalmente lograron llegar al Cesfam, llevando el cuerpo del inspector Morales y a González, “los colegas que estaban esperando la otra camilla recibieron insultos, golpes de palos y piedras”.
Leyton, que conducía la camioneta donde iban, relataría que “tomé la determinación de salir del lugar, a fin de que no nos quitaran el cuerpo del colega. A raíz de esto me metí entre la turba, para poder llegar al puesto del piloto, recibiendo pedradas, golpes, además de que varios sujetos me impedían abrir la puerta… recibí en el parabrisas de la camioneta un trozo de concreto de gran tamaño”.
Las fallas
Las declaraciones posteriores dejaron en evidencia una serie de problemas de todo tipo en el operativo. El oficial Leyton, por ejemplo, detalló que inicialmente él iba con su equipo “a bordo de un vehículo Hyundai Tucson, el cual en una subida no pudo subir y nos pusimos a un costado”. Lo mismo sucedió con la Tucson en que viajaba la detective Antonella Barrera, de dotación de la Bicrim de La Florida: “en un momento llegamos a una curva con pendiente y además tenía una contracurva y en esta contracurva algunos vehículos no podían subir, entre ellos el carro de nosotros”. Jara, por su parte, explicó que en el vehículo en que él iba inicialmente, “como el conductor era de la Bicrim La Pintana no conocía la ruta de salida, así que yo le expliqué por dónde nos teníamos que ir”.
A eso se suma el problema de las comunicaciones, como relató el mismo detective: “No teníamos cobertura, en mi carro de origen no portaba ningún tipo de comunicación con los demás colegas, al carro que me subí y donde hirieron de muerte al colega tampoco portaba ningún tipo de comunicación. Los ERTA del carro que se subieron andaban con portátil, pero era solamente de comunicación interna”.
La detective Barrera, a su vez, declaró que “después en la última camioneta, cuando nos disparaban y resultaron heridos los colegas un funcionario, no recuerdo quién era, intentaba comunicarse por un handie, pero nadie respondía esa comunicación”.
Leyton confirmó lo anterior, precisando que “no contábamos con equipos radiales para informar que teníamos dos colegas heridos”. De hecho, dice que el subcomisario Jara realizó un par de llamados con su celular, “a fin de solicitar colaboración y dar cuenta de los funcionarios heridos y que estaban siendo trasladados al Cesfam Ercilla. Dichas comunicaciones aparentemente no tuvieron respuesta, ya que estuvimos entre 30 a 40 minutos sin ningún tipo de apoyo, en el Cesfam”.
Riquelme lo confirma: “quedé en el hospital de Victoria acompañando a Felipe González e incomunicado porque estaba sin celular”, aunque al menos detalla que “nosotros como Equipo de Reacción Táctica de Valdivia pudimos comunicarnos a través de handies” que ellos mismos habían comprado, como lo contó González: “portábamos equipo radial, el que fue adquirido con fondos propios y solamente los ERTA Valdivia teníamos comunicación”.
Sin embargo, por lo mismo, agregó el comisario Riquelme, “no teníamos equipos que nos permitieran comunicarnos con el centro de mando, helicóptero o los otros carros que conformaban la caravana, lo que se suma a que la señal telefónica en ese sector era pésima”.
A todo se agrega el problema del armamento, pues mientras eran objeto de disparos de gran calibre, la mayoría de los funcionarios solo contaban con armas de puño, pues como dijo González “el día miércoles, antes del procedimiento, el señor Silva, en reunión con todo el personal, solicitó hacer entrega de todas las subametralladoras y subfusiles Tavor que portaban los funcionarios, ante lo cual nuestro equipo decidió mantenerlas en nuestro poder”.