Opinión
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La pregunta incómoda de IA para este 2026
Durante estos últimos años, muchas organizaciones se acostumbraron a hablar de Inteligencia Artificial como si se tratara de una promesa siempre en construcción. Pilotos, pruebas de concepto, iniciativas aisladas, pero pocas decisiones estructurales. Ese período al parecer está llegando a su fin.
Lo que viene en 2026 no es simplemente una versión más avanzada de la tecnología, sino un cambio en el lugar que la IA ocupa dentro de las organizaciones. La discusión deja de girar en torno a capacidades técnicas y empieza a tocar un terreno más incómodo: cómo se toman las decisiones, quién las toma y bajo qué lógica.
Ahí está el verdadero punto de quiebre. La IA deja de ser un tema de adopción tecnológica para convertirse en un asunto de diseño organizacional. No se trata de sumar herramientas, sino de repensar estructuras, flujos de decisión y formas de trabajo que durante años se dieron por sentadas.
La primera ola de la IA estuvo marcada por la eficiencia: automatizar, optimizar, acelerar. Fue útil, pero también limitada. Hacer más rápido lo mismo no cambia el fondo del negocio. La etapa que viene es distinta: la IA empieza a intervenir en cómo se prioriza, cómo se coordina el trabajo y cómo se combinan capacidades humanas y sistemas mecanizados. Cuando eso ocurre, la tecnología deja de ser soporte y pasa a influir directamente en la estrategia.
Para las empresas chilenas, este giro no es menor. En un contexto de productividad estancada, presión competitiva creciente y márgenes cada vez más ajustados, la IA no puede seguir tratándose como un proyecto experimental ni como una iniciativa aislada del negocio. La pregunta ya no es si adoptar IA, sino para qué, dónde y bajo qué criterios estratégicos hacerlo.
Este cambio obliga a enfrentar decisiones que muchas organizaciones han postergado. ¿Qué procesos deben seguir siendo humanos? ¿Qué decisiones no deben seguir siendo intuitivas, sino que objetivas? ¿Dónde tiene sentido aplicar analítica avanzada? ¿Cómo se estructura y gobierna una organización donde conviven personas y modelos inteligentes tomando decisiones? La confianza, la gobernanza de datos, la analítica dejan de ser temas técnicos y se transforman en condiciones estratégicas para operar con escala y sostenibilidad.
El 2026 no estará determinado por el tamaño de los modelos ni por la cantidad de cómputo disponible, sino por la calidad de las decisiones que las organizaciones sean capaces de tomar con su ayuda.
Por eso, el verdadero desafío que plantea la IA hacia 2026 no es tecnológico. Es estratégico. Las empresas que lideren no serán las que adopten más IA, sino las que se atrevan a integrarla con intención en su cultura, su estructura y su manera de decidir. Porque, en el fondo, la pregunta ya no es qué puede hacer la IA, sino qué tipo de organización queremos construir con ella.
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