Especialistas de la Universidad de Chile advirtieron que el uso del celular puede facilitar el desarrollo de conductas adictivas debido al acceso permanente a plataformas digitales. Según explican, el riesgo no está en el dispositivo en sí, sino en los contenidos que ofrece, entre ellos redes sociales, videojuegos, apuestas o pornografía.
Desde la Clínica Psiquiátrica Universitaria explican que las pantallas presentes en la vida cotidiana no generan adicción por sí mismas, sino que funcionan como un medio que permite acceder con mayor facilidad a actividades potencialmente adictivas.
Enzo Rozas, profesor adjunto del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental Norte de la Facultad de Medicina, explica que “las personas que desarrollan una adicción a una sustancia o conducta suelen tener determinados factores de vulnerabilidad -entre los cuales están cada vez más demostrados componentes biológicos y de carácter neurobiológico-genético, que facilitan cierta predisposición en términos psicológicos-, así como algunos componentes socioculturales. Pero, también, el exceso de disponibilidad de esas sustancias o de posibles actividades puede conducir a esa población que está en mayor grado de vulnerabilidad a desarrollar adicciones”.
El especialista agrega que existen factores psicológicos que también influyen, como una mayor propensión a asumir riesgos, la impulsividad o la dificultad para enfrentar determinadas emociones.
Qué se entiende por adicción
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, una adicción es una enfermedad física y psicoemocional que genera dependencia hacia una sustancia, actividad o relación y que involucra factores biológicos, genéticos, psicológicos y sociales.
Por su parte, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales en su quinta edición, conocido como DSM-5, redefine las adicciones como “trastornos por consumo de sustancias”, integrando el abuso y la dependencia en un espectro de intensidad que puede ser leve, moderado o grave.
A ello, el doctor Rozas agrega que “si bien las adicciones conductuales ya llevan mucho tiempo siendo investigadas en el ámbito académico, eso no ha permeado todavía de manera tan clara en la población. Es mucho más intuitivo y fácil identificar las adicciones a sustancias; desde ese punto de vista, las adicciones conductuales todavía son vistas con cierta pasividad; como que yo me someto a una pantalla, pero que no lo hago activamente, por así decirlo. Y por lo mismo creo que ha tenido cierto grado de resistencia el hecho de que determinadas conductas que forman parte de la vida de las personas lleguen a ser objeto de un trastorno psiquiátrico o de una adicción”.

Crédito: El Mostrador.
Industria y acceso permanente a contenidos
El director de la Clínica Psiquiátrica Universitaria y fundador del Centro Especializado para la Prevención y Tratamiento de las Adicciones, Carlos Ibáñez, plantea que las adicciones conductuales mediadas por tecnología operan de forma similar a otras sustancias disponibles en el mercado.
Según explica, plataformas asociadas a apuestas o pornografía funcionan en un entorno donde existen industrias interesadas en promover su consumo, de manera comparable a lo que ocurre con el tabaco o el alcohol.
Los especialistas coinciden en que en muchos casos las adicciones están asociadas a otros trastornos de salud mental, como depresión, ansiedad o trastorno bipolar, una condición conocida como “patología dual”.
Por ello, señalan que el tratamiento debe considerar de manera integral tanto la adicción como el problema de salud mental de base, incorporando factores individuales, familiares y sociales.
El desafío del uso de pantallas en jóvenes
La psiquiatra de adultos y profesora adjunta de la Clínica Psiquiátrica Universitaria, Viviana Miño, dio a conocer resultados de encuestas sobre uso de pantallas y consumo en jóvenes. “Los padres están mucho más involucrados en monitorizar conductas asociadas al consumo de alcohol que al uso excesivo de pantallas”, comentó.
Los especialistas plantean que, ante la presencia constante de la tecnología, una de las estrategias recomendadas es avanzar hacia prácticas de “higiene digital”, como evitar notificaciones innecesarias, reducir el uso nocturno del celular y limitar el acceso de niños y adolescentes a dispositivos en sus dormitorios.