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Ciencia del olfato en el centro de los proyectos de regeneración ambiental Innovación

Ciencia del olfato en el centro de los proyectos de regeneración ambiental

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El olfato humano supera a los sensores digitales en detectar mezclas de olores. La olfatometría dinámica se integra a sistemas de monitoreo que combinan tecnología y validación sensorial, garantizando la seguridad ambiental en proyectos como La Farfana, Las Salinas y la industria pesquera.


En el escenario de funcionamiento de infraestructuras claves, operaciones industriales o la recuperación de suelos con pasado industrial, una herramienta científica cobra protagonismo por su precisión para aportar información relevante para la correcta ejecución de los proyectos: la olfatometría dinámica. Esta técnica, que emplea paneles de “narices entrenadas”, permite medir con un rigor que la tecnología digital aún no logra replicar por sí sola, transformando una percepción subjetiva de olor en un dato técnico relevante.

A diferencia de un sensor químico, que solo detecta la concentración de una molécula específica, el olfato humano —debidamente calibrado bajo estándares internacionales como la norma NCh3190— es capaz de captar la sinergia de múltiples compuestos.

Al respecto, Rosa Arias, ingeniera química y coordinadora del proyecto europeo Horizon 2020 D-NOSES, destaca en diversas presentaciones que “el olfato humano es el mejor sensor que existe para detectar olores complejos; es miles de veces más sensible que cualquier nariz electrónica actual”.

Monitoreo integral

Es fundamental comprender que estas “narices entrenadas” no actúan de forma aislada, sino que forman parte de un ecosistema mayor de monitoreo ambiental. En los actuales proyectos de regeneración, la olfatometría se integra con estaciones meteorológicas en tiempo real, sensores de material particulado y modelos de dispersión atmosférica. Este sistema robusto permite que, ante cualquier alerta sensorial, se cuente con el respaldo de datos físicos para ajustar las operaciones de inmediato.

Chile ha sabido recoger esta experiencia internacional e integrarla en sus procesos de fiscalización más exigentes. Un ejemplo es el proyecto de saneamiento ambiental de Las Salinas en Viña del Mar, donde la biorremediación del suelo se acompaña de esta vigilancia sensorial. De esta forma, se asegura tener información precisa durante las etapas de excavación para la instalación de las biopilas donde se degradan los remantes de hidrocarburos, validando la eficacia de los sistemas de nebulización y encapsulamiento que ayudan a disminuir la percepción de olores en zonas aledañas. 

La biorremediación es una técnica basada en la naturaleza reconocida por ser un proceso seguro para las personas y el entorno, pero no es una técnica neutral en olor. Es en ese punto donde el sistema integral de monitoreo permite verificar que las concentraciones se mantengan bajo los umbrales regulatorios y de molestia.

Esta misma tendencia se observa en la gestión de infraestructuras sanitarias como la de las plantas de tratamiento de aguas servidas La Farfana y El Trebal, que han adoptado estos paneles para ajustar sus procesos operativos y minimizar el impacto odorífico en la Región Metropolitana. Así también la industria de alimentos y el sector pesquero han sido incorporados como herramienta de apoyo en procesos de cumplimiento ambiental.

Estándar global

La implementación de estas redes de monitoreo integral demuestra que la recuperación de espacios degradados y la actividad industrial pueden coexistir de buena forma con la vida urbana.

Al combinar la capacidad de los 400 receptores humanos con tecnología de medición de vanguardia, además de cumplir con estándares globales, permite avanzar en proyectos de desarrollo que cuentan con sólido respaldo científico.

Lo relevante para Chile es cómo se ha ido perfeccionado un marco institucional sólido para la correcta implementación de los proyectos y el desarrollo de las industrias en equilibrio con la vida en las ciudades, en lo que ha resultado clave el trabajo del Ministerio de Medio Ambiente.

A nivel internacional, la técnica es aplicada de manera rigurosa como el caso de la Unión Europea, en que proyectos como D-Noses (2018 -2021) han demostrado la eficacia de combinar ciencia y paneles expertos para mapear y mitigar olores en ciudades densamente pobladas como Milán o Barcelona.

En tanto en Bélgica y en diversos estados de EE.UU., la olfatometría es una herramienta reconocida por los reguladores para evaluar y gestionar emisiones odoríferas en proyectos industriales y de remediación.

El valor de la evidencia

La olfatometría dinámica tiene el valor de transformar una percepción subjetiva (olor molesto), en un dato técnico estandarizado y verificable. Al aplicarla a sus sistemas de monitoreo ambiental, las empresas no solo cumplen con la normativa, sino que ofrecen a la comunidad una garantía de seguridad basada en evidencia, desplazando los juicios previos por transparencia con respaldo científico y técnico. 

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