Sociedad
Créditos: El Mostrador.
Miedo, falta de compañía y baja difusión frenan acceso cultural de personas mayores
Un estudio del Observatorio del Envejecimiento UC y Confuturo reveló que solo el 36,6% de las personas mayores de 70 años participa en actividades culturales. Entre las principales barreras aparecen el miedo a salir de noche, la falta de compañía y la escasa difusión de la oferta cultural.
Diversos estudios han evidenciado que la participación en actividades culturales aporta beneficios significativos para las personas mayores. Asistir con regularidad a este tipo de instancias no solo fortalece la vida social, sino que también actúa como un factor protector en el plano intelectual, al contribuir a un menor deterioro cognitivo, disminuir el riesgo de depresión y favorecer la construcción de redes de apoyo e interacción.
Pese a estos efectos positivos, el estudio “Radiografía a la participación cultural de las personas mayores”, elaborado por el Observatorio del Envejecimiento UC y Confuturo, muestra que la participación cultural en este grupo sigue siendo limitada. Según el informe, solo el 36,6% de las personas mayores de 70 años participa en actividades culturales, cifra que desciende al 34% entre quienes pertenecen a niveles socioeconómicos bajos.
El análisis se basa en datos de la Encuesta Nacional de Participación Cultural y Comportamiento Lector (ENPCCL) 2024, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. En este contexto, se considera participación cultural la asistencia al menos a una actividad o infraestructura cultural durante los últimos doce meses, como obras de teatro, danza, conciertos, cine, exposiciones de arte, el Día del Patrimonio, bibliotecas, museos, espacios patrimoniales o sitios de memoria.
Barreras cotidianas para participar
El estudio también indaga en los factores que dificultan la asistencia de las personas mayores a este tipo de actividades. Entre los principales obstáculos aparecen la falta de compañía, la escasa difusión de la programación cultural, las condiciones climáticas adversas, una oferta cultural percibida como poco diversa y la creciente dependencia de medios digitales para informarse.
A esto se suma un elemento que se repite con fuerza en los testimonios: el temor a desplazarse por la ciudad, especialmente durante la noche, al momento de regresar a sus hogares después de una actividad cultural.
Isabel, una de las participantes del estudio, relata que, pese a su interés por asistir a distintos eventos, el miedo a la delincuencia termina limitando sus decisiones: “Eso para mí ha sido terrible, porque una se tiene que encerrar temprano y yo, como mujer mayor, la verdad es que me siento vulnerable ya y me da una rabia absoluta”.
Otro de los relatos recogidos en el informe corresponde a Nelson, quien pone el foco en la desigualdad en el acceso a la información cultural. “A veces me entero de forma tardía de algunas cosas (…) esto de la difusión es algo tan relativo (…) Si tú te encierras, no te vas a enterar nunca de la oferta que hay. La cultura es un montón de cosas, pero generalmente está vinculada con el arte y esos accesos parecen insuficientes… ¿por la difusión?, ¿por el interés?, ¿porque la comunicación no es adecuada? No sé, pueden ser todas las anteriores”.
Cultura y bienestar en la vejez
El debate sobre el acceso cultural cobra especial relevancia si se consideran los efectos que estas actividades tienen en la calidad de vida durante la adultez mayor.
El informe destaca, por ejemplo, investigaciones internacionales que evidencian estos beneficios. Fancourt y Steptoe (2018) mostraron que “la participación regular en actividades culturales se vincula con un declive cognitivo significativamente menor, destacando que la estimulación intelectual y social que ofrecen estas prácticas opera como un factor protector”.
De manera complementaria, Fancourt y Tymoszuk demostraron en 2019 que “una mayor frecuencia de compromiso cultural reduce el riesgo de depresión, sugiriendo que estas actividades fortalecen la resiliencia emocional mediante la construcción de redes significativas de interacción”.
En ese contexto, los especialistas coinciden en que mejorar el acceso a la oferta cultural —ya sea mediante una mayor difusión, actividades en horarios más accesibles o iniciativas que faciliten el acompañamiento— puede marcar una diferencia significativa en el bienestar y la calidad de vida de las personas mayores.