Opinión
Créditos: El Mostrador.
Fuego y lluvia, ¿son los desastres bipolares?
No ha pasado ni un mes de los terribles incendios que afectaron la zona sur del país cuando una tormenta eléctrica afectó la zona central y generó importantes inundaciones en la comuna de Maipú. ¿Es nuestra naturaleza bipolar? ¿No hay nada que se pueda hacer ante un clima tan errático?
La verdad es que solo es superficialmente errático: las dinámicas de los procesos naturales ya están lo suficientemente estudiadas por la ciencia como para poder comprenderlas, anticiparlas y, con bastante precisión, proyectar sus posibles efectos en nuestras ciudades y poblados. Con esto no se quiere decir que la ciencia sea infalible, pero si ya ha generado suficiente información como para actuar con prudencia.
Así, el problema no es tanto el no saber, sino que ese conocimiento no moviliza a la acción apropiada. Ya sea por falta de comunicación, por indolencia de autoridades o por falta de capacidad material para tomar medidas o cambiar inercias institucionales, lo cierto es que aún existen brechas sin puente entre nuestra ciencia y nuestra acción pública.
Si bien se pueden hacer muchas críticas a la inversión en ciencia en Chile, sería también injusto decir que no se ha hecho nada. En nuestro país existen personas muy capaces, que han hecho los esfuerzos para formarse de manera especializada en diferentes disciplinas y no dudo que muchos tienen una importante vocación de servicio público. Las estrategias de formación de estas personas no solo deben limitarse a aumentar su número, sino también proyectar los espacios laborales que podrían ocupar para transferir ese conocimiento a las instituciones que pueden tomar acciones concretas para evitar incendios e impedir inundaciones. Eso sería un apoyo directo a los funcionarios de primera línea en municipalidades, servicios y ministerios que requieren de conocimiento actualizados para actuar, pero no siempre tienen los medios para adquirirlo o visibilizarlo ante sus respectivas jefaturas.
¿Qué se puede hacer? Nuestras leyes dan varias alternativas: las comisiones de servicio entre académicos de universidades públicas y otros servicios del Estado; la facultad que da el artículo 37 de la ley sobre universidades estatales para realizar convenios de colaboración entre universidades y organismos de la Administración del Estado; la mantención de centros de investigación con una robusta estrategia de vinculación con el medio o la visibilización de buenas prácticas de transferencia de conocimiento entre centros de investigación y servicios públicos. Estas son solo algunas de las estrategias para construir puentes entre ciencia y administración.
Nuestra naturaleza no es bipolar, nosotros lo sabemos, pero para superar la distancia entre nuestro saber y nuestro hacer se requieren de esfuerzos administrativos que nuestra legislación si permite realizar. En este contexto solo falta el impulso apropiado.