Medioambiente
Créditos: El Mostrador.
El calentamiento de los océanos reduce hasta 20% la biomasa de peces y amenaza la pesca mundial
Un estudio de científicos de España y Colombia alerta que las olas de calor marinas están reduciendo hasta en 19,8% anual la biomasa de peces del hemisferio norte, amenazando la seguridad alimentaria y poniendo en jaque la gestión pesquera.
Científicos de España y Colombia publicaron un estudio en el que advierten que las olas de calor marinas extremas provocan una fuerte caída en la biomasa de peces del hemisferio norte. La investigación, liderada por el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid y la Universidad Nacional de Colombia, analiza las consecuencias de este fenómeno para la pesca y la alimentación mundial.
El trabajo revela que la biomasa —entendida como el peso total de una población de peces dentro de un ecosistema— se reduce hasta en un 19,8% anual en zonas como el mar Mediterráneo, el océano Atlántico Norte y el Pacífico Nororiental. Esta pérdida sostenida compromete directamente la seguridad alimentaria global.
Los autores advierten, además, que los aumentos ocasionales en las poblaciones tras episodios de calor extremo pueden resultar engañosos, al generar una falsa sensación de recuperación en los recursos pesqueros.
Cómo el calor extremo altera a las especies
Las conclusiones se basan en el análisis de más de 700.000 estimaciones de biomasa, correspondientes a casi 34.000 poblaciones y más de 1.500 especies, con datos recopilados entre 1993 y 2021. Según los investigadores, el calentamiento crónico de los océanos es hoy la principal presión sobre la vida marina y los sistemas de pesca.
El impacto de las olas de calor no es uniforme. Las especies que ya viven en aguas cálidas pueden sufrir disminuciones de hasta 43,4% cuando las temperaturas superan su umbral de tolerancia. En cambio, las poblaciones de regiones frías pueden experimentar aumentos temporales de hasta 176% al beneficiarse momentáneamente del alza térmica.
Sin embargo, estos repuntes no representan una recuperación real. Los especialistas subrayan que responden a desplazamientos dentro del rango térmico óptimo y no a una mejora estructural de las poblaciones.
La investigadora Shahar Chaikin, del MNCN-CSIC, explicó que el comportamiento de cada población depende de ese rango. “Si la temperatura supera ese umbral, las poblaciones pueden desplomarse; si están por debajo, pueden recuperarse temporalmente con el calor”, señaló.
El peligro de interpretar mal los repuntes
Uno de los principales riesgos, según el estudio, es confundir estos aumentos pasajeros con señales de estabilidad a largo plazo. Chaikin advirtió que “si los administradores aumentan las cuotas de captura basándose en los aumentos de biomasa causados por una ola de calor, corren el riesgo de provocar el colapso de las poblaciones”.
Esta dinámica desafía los modelos tradicionales de gestión pesquera, ya que los incrementos locales pueden ocultar el deterioro progresivo provocado por el calentamiento global.
La investigación recomienda considerar de forma conjunta los efectos de corto y largo plazo. “Contabilizar estos factores que influyen en el borde en respuesta al calentamiento a largo y corto plazo será esencial para evitar la sobreexplotación”, señala el informe.
En la misma línea, el investigador Miguel B. Araújo remarcó la necesidad de equilibrar los repuntes temporales con las tendencias descendentes para proteger las poblaciones.
Hacia una pesca preparada para el cambio climático
Frente al avance del calentamiento global, los autores proponen renovar la gestión pesquera mediante tres ejes: reacción rápida ante eventos extremos, planificación de largo plazo y cooperación internacional.
Entre las medidas prioritarias se encuentra la implementación de protecciones inmediatas para las especies vulnerables durante las olas de calor, junto con la integración del descenso sostenido de la biomasa en las políticas de conservación y en la definición de cuotas.
Chaikin sostuvo que “una conservación eficaz requiere coordinación internacional y acuerdos conjuntos de gestión de recursos”, considerando que muchas especies se desplazan sin respetar fronteras políticas.
Los investigadores coinciden en que los enfoques fragmentados o de corto alcance ya no son suficientes. Ante océanos cada vez más cálidos, fortalecer la capacidad de adaptación de los ecosistemas y anticipar la reducción de la biomasa se vuelve clave para garantizar el futuro de la pesca y la estabilidad alimentaria mundial.