Opinión
Créditos: El Mostrador.
La pedagogía como impulsora del desarrollo personal y social
En las carreras de pedagogía, las y los estudiantes, futuros educadores, deben descubrir cuál es el rol que cumplirán con su labor docente y cuál es el impacto social que tiene en relación con el aprendizaje y desarrollo de tantos niños y niñas. La docencia no solo cumple una función educativa, al promover el aprendizaje de contenidos conceptuales y actitudinales necesarios para la vida adulta, sino que además ejerce una función social esencial al favorecer el logro de tantas oportunidades para quienes se encuentran en etapa edad escolar.
Durante este período, los alumnos están desarrollando sus habilidades en todo ámbito, cognitivas, sociales y emocionales. Asimismo, es una etapa en la que despiertan diversos intereses en relación con las capacidades y la identidad de cada uno, lo cual indica cuáles son los caminos hacia los que cada uno se irá inclinando. La labor docente es, en este sentido, un apoyo para la orientación y la motivación que los estudiantes necesitan, y que puede ser muy decisiva.
Los niños, niñas y jóvenes desarrollan confianza y definen metas y proyecciones para sus vidas, cada vez que sus profesores colaboran ampliando sus horizontes y poniendo herramientas a su alcance para optimizar su formación. La docencia puede favorecer que los estudiantes tengan sueños por cumplir y alentarlos a conseguir los logros que estén a su alcance. La pedagogía es impulsora de la autorrealización.
Su impacto a nivel personal se expresa también a nivel social, ya que juega un importante rol favoreciendo la equidad en el acceso a esta oportunidad formativa, disminuyendo las brechas sociales. La pedagogía, desde este punto de vista, es transformadora no solo del mundo particular que puede manifestar cada individuo, sino de las estructuras sociales que son desiguales e injustas, cuando se mantienen las faltas de oportunidades para algunos grupos y los privilegios para otros. La pedagogía y el acceso universal a la educación permiten que las brechas disminuyan.
Las carreras de pedagogía deben poner estos pilares formativos al centro de su misión ética y social y, asimismo, los estudiantes de pedagogía deber reconocer y considerar el valor e impacto que tiene en la mejora de la vida personal y colectiva.
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