Opinión
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Panleucopenia felina
En Chile convivimos cada vez más con gatos. Son parte de nuestras familias, de nuestros hogares y del día a día. Sin embargo, esa cercanía no siempre va acompañada de cuidados, especialmente cuando se trata de vacunación.
En las últimas semanas, el aumento de casos de panleucopenia felina ha vuelto a encender las alertas. Pues no se trata de una enfermedad nueva ni desconocida, pero sí de una que reaparece con fuerza cuando la prevención falla. Altamente contagiosa y potencialmente mortal, esta infección afecta con mayor gravedad a gatos inmunodeprimidos y hembras gestantes, y avanza de forma rápida, muchas veces sin dar margen para una respuesta efectiva.
Uno de los principales riesgos de la panleucopenia felina es su alta resistencia en el ambiente. El virus puede permanecer activo durante largos períodos y trasladarse fácilmente a través de objetos, ropa o calzado, lo que derriba la creencia de que los gatos que viven solamente dentro del hogar están completamente protegidos. Sin vacunación, ningún gato está realmente protegido.
Los signos clínicos suelen ser vómitos, diarrea severa, deshidratación y un marcado decaimiento general. En gatos jóvenes, estos síntomas pueden evolucionar a pocas horas hacia un cuadro fatal. Por eso, ante cualquier señal de alerta, la consulta veterinaria debe ser inmediata. Sin embargo, lo más relevante es entender que no deberíamos llegar a este escenario si los esquemas de vacunación estuvieran al día.
Pues la vacunación, iniciada desde las primeras semanas de vida y mantenida con refuerzos periódicos, a través de vacunas trivalentes como Feligen, sigue siendo la herramienta más eficaz para prevenir esta enfermedad y otras patologías graves que afectan a los gatos. Pese a que aún persisten mitos que minimizan la importancia de la vacunación en felinos, bajo la idea de que son animales más resistentes o que solo viven en casas.
Pero hoy contamos con conocimiento científico y las vacunas necesarias para evitar muertes prevenibles. La panleucopenia felina no es solo un problema clínico, sino que es un recordatorio de que la prevención sigue siendo el acto más concreto de cuidado para los gatos.
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