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Siete de cada diez niños con depresión severa no acceden a hospitalización psiquiátrica en Chile Niñez Créditos: El Mostrador.

Siete de cada diez niños con depresión severa no acceden a hospitalización psiquiátrica en Chile

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Siete de cada diez niños y adolescentes con depresión severa no acceden a hospitalización psiquiátrica en Chile por falta de camas especializadas. El aumento de la demanda y el bajo financiamiento mantienen en crisis a la red de salud mental infanto-juvenil.


En Chile, siete de cada diez niños y adolescentes con depresión severa no acceden a hospitalización psiquiátrica, pese a necesitarla. La falta de camas especializadas, sumada al aumento sostenido de la demanda, ha puesto bajo una fuerte presión a una red que hoy no logra responder oportunamente a los casos más complejos de salud mental infanto-juvenil.

Durante la última década, la salud mental de niños, niñas y adolescentes se ha consolidado como una de las principales preocupaciones del sistema sanitario. El incremento de los trastornos emocionales y psiquiátricos en menores ha ido de la mano con una mayor necesidad de hospitalización, tensionando una red que arrastra un déficit estructural de infraestructura y dispositivos especializados.

De acuerdo con la Federación Nacional de Enfermeras y Enfermeros (FENASENF), Chile cuenta con un 66% menos de las camas psiquiátricas necesarias para atender casos graves en población infanto-juvenil. Esta brecha explica que siete de cada diez jóvenes con depresión severa no logren acceder a una hospitalización. La situación es especialmente crítica en regiones como Ñuble y Los Ríos, donde actualmente no existen camas especializadas para niños y adolescentes.

Desde el sector sanitario advierten que esta carencia se traduce en derivaciones tardías, tratamientos ambulatorios para cuadros complejos y una sobrecarga permanente de los equipos especializados. Mariana Labbé, psiquiatra infanto-juvenil del Grupo Cetep y directora médica de Clínica MirAndes Manquehue, subraya que “la hospitalización oportuna puede marcar la diferencia entre una recuperación temprana y un cuadro más complejo. Es por eso que la atención de la salud mental de niños y adolescentes es hoy un desafío crítico”.

Un aumento sostenido de la demanda

Las cifras reflejan con claridad la presión que enfrenta el sistema. Entre 2018 y 2023, las consultas por salud mental en la población infanto-juvenil aumentaron un 88%, profundizando las tensiones en una red que ya presentaba déficits relevantes.

Para los especialistas, este crecimiento responde a una combinación de factores sociales, familiares y educacionales que se han intensificado en los últimos años. “Estamos viendo a niños y adolescentes que crecieron en un contexto de alta incertidumbre, aislamiento social, sobreexposición a pantallas y exigencias académicas y sociales que no siempre se condicen con su etapa de desarrollo”, explica la Dra. Labbé.

Este escenario ya se refleja en los indicadores oficiales. Según los primeros resultados de la Encuesta Longitudinal de Primera Infancia (ELPI) 2024, presentada por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia, tres de cada cuatro jóvenes presentan algún síntoma de ansiedad o depresión, mientras que un 26,5% muestra síntomas moderados o severos. El estudio también evidencia una marcada brecha de género: las adolescentes presentan casi el doble de prevalencia de síntomas severos en comparación con los hombres.

Presión sobre un sistema con recursos limitados

El crecimiento sostenido de la demanda no ha ido acompañado de un fortalecimiento equivalente del sistema público y privado. “Hoy estamos enfrentando un escenario en el que la necesidad de atención crece mucho más rápido que la capacidad de respuesta”, advierte la psiquiatra.

De acuerdo con el Plan de Acción de Salud Mental 2019–2025 del Ministerio de Salud, la red presenta una brecha estructural en infraestructura y dispositivos especializados. Esto se traduce en listas de espera prolongadas y dificultades para acceder oportunamente a tratamientos de mayor complejidad, especialmente en niños y adolescentes.

“Muchos cuadros que requieren una atención más intensiva terminan tratándose sin el nivel de apoyo que necesitan, lo que aumenta el riesgo de que el cuadro clínico se agrave y de que las hospitalizaciones sean más prolongadas”, añade la especialista.

A esta situación se suma el bajo nivel de financiamiento. Según el mismo documento del Ministerio de Salud, Chile destina poco más del 2% del presupuesto total de salud a salud mental, una cifra inferior a los estándares internacionales. “Con ese nivel de inversión es muy difícil sostener una red robusta, especializada y oportuna para niños y adolescentes, que requieren intervenciones tempranas y continuas”, comenta.

Nuevas alternativas de tratamiento

Cada vez son más las familias que deben enfrentar la necesidad de internar a sus hijos por cuadros graves de salud mental. Sin embargo, la búsqueda de una cama de hospitalización cerrada con atención exclusiva para menores suele convertirse en un proceso largo y frustrante, marcado por listas de espera y una oferta claramente insuficiente.

Frente a esta escasez estructural, han comenzado a desarrollarse modelos alternativos de atención, orientados a responder de manera más oportuna y flexible. Uno de ellos es el Programa de Hospitalización Domiciliaria en Salud Mental Infanto-Juvenil, recientemente implementado por Clínica MirAndes Manquehue, de Grupo Cetep, la única clínica psiquiátrica privada especializada en menores de 18 años en Chile.

Este programa está dirigido a pacientes con diagnósticos estabilizados, que no requieren hospitalización cerrada permanente, pero sí un acompañamiento clínico intensivo y especializado. El tratamiento se realiza desde el hogar, siempre que exista una red familiar activa y un entorno seguro, permitiendo mantener la continuidad terapéutica sin los efectos adversos de una internación prolongada.

“Este tipo de programas no busca reemplazar la hospitalización cerrada, sino complementarla y liberar camas para los casos más complejos”, explica la psiquiatra. “La clave está en ofrecer el dispositivo adecuado en el momento adecuado, poniendo en el centro el bienestar integral del niño o adolescente”.

Estas alternativas representan un avance relevante en un sistema tensionado, donde la falta de camas y recursos obliga a repensar los modelos tradicionales de atención en salud mental infantil, priorizando intervenciones oportunas, seguras y centradas en la persona.

En un contexto de aumento sostenido de los problemas de salud mental en niños y adolescentes, los especialistas coinciden en que la respuesta no puede limitarse únicamente a incrementar la oferta hospitalaria. Se requiere una red diversificada de dispositivos, con énfasis en la prevención, la detección temprana y modelos de atención flexibles. La capacidad del sistema para adaptarse a esta nueva realidad será clave para evitar que cuadros tratables evolucionen hacia crisis más graves, con consecuencias de largo plazo para las familias y para el país.

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