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Efecto marzo: obesidad infantil en alerta y una ventana clave para revertir el daño del verano Niñez Créditos: El Mostrador.

Efecto marzo: obesidad infantil en alerta y una ventana clave para revertir el daño del verano

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Con un 27% de obesidad infantil y el peor registro de la OCDE, especialistas advierten que marzo es una oportunidad decisiva para ordenar hábitos, frenar el avance de los ultraprocesados y proteger la salud física y emocional de niños y niñas desde el regreso a clases.


Con un 27% de obesidad infantil y Chile liderando el ranking de la OCDE, especialistas advierten que las próximas semanas representan una “ventana crítica” para revertir los efectos del verano. Más allá del peso, el alto consumo de ultraprocesados está generando inflamación crónica y alteraciones metabólicas que impactan en la concentración, el ánimo y el rendimiento escolar.

Chile enfrenta una emergencia sanitaria silenciosa que pronto quedará en evidencia en las salas de clases. Hoy, el 27% de niños y adolescentes entre 5 y 19 años vive con obesidad, posicionando al país en el primer lugar del ranking internacional, por sobre potencias como Estados Unidos y Emiratos Árabes Unidos.

El fenómeno no es aislado. De acuerdo con el informe “Alimentando el negocio” de UNICEF, a nivel global la obesidad superó por primera vez al bajo peso en edad escolar, marcando un cambio estructural y preocupante en los patrones de consumo. En este contexto, el inicio del año académico se transforma en una oportunidad clave para intervenir en la salud de las futuras generaciones.

Ultraprocesados, sedentarismo y hábitos

La crisis actual tiene raíces profundas en la transformación de la dieta familiar. El acceso irrestricto a alimentos ultraprocesados ha desplazado a frutas, verduras y proteínas de calidad. A ello se suma el legado de la pandemia, que consolidó hábitos sedentarios y redujo las oportunidades de actividad física.

Desde este escenario, la nutricionista Valentina Arroyo, especialista en alimentación pediátrica de Clínica CRL, advierte que el regreso a la rutina es decisivo para el futuro metabólico de los niños. “Marzo marca el retorno a la rutina. Venimos del desorden del verano y aquí se instalan los hábitos que muchas veces acompañan al niño durante todo el año. Es una ventana clave para ordenar horarios, colaciones y comidas principales”, explica.

Inflamación, programación metabólica y enfermedades precoces

La preocupación médica va más allá del número en la balanza. El consumo frecuente de jugos en caja, galletas y snacks industriales provoca un desequilibrio biológico sostenido. En ese sentido, Arroyo es categórica y explica que “este desequilibrio va creando un estado de inflamación crónica de bajo grado, además de alterar la microbiota intestinal. Con el tiempo, se asocia a mayor acumulación de grasa corporal, resistencia a la insulina y mayor riesgo metabólico”.

La especialista también destaca un factor menos conocido: la programación celular. Se estima que el 80% de los niños con obesidad mantendrá esta condición en la adultez. “Durante la infancia se forma gran parte del número de adipocitos, que son las células donde almacenamos grasa. Si un niño desarrolla exceso de peso, aumenta la cantidad de estas células, y ese número se mantiene en la adultez. Más adelante se pueden vaciar, pero no desaparecen. Por eso la infancia es una etapa crítica, estamos programando el metabolismo del futuro adulto”, agrega.

A esta mirada se suma la advertencia desde la medicina deportiva. Begoña Zubieta, deportóloga de Clínica CRL, enfatiza que la obesidad infantil no solo ha aumentado en la última década, sino que además está adelantando enfermedades que antes eran propias de adultos. “Hoy vemos en población pediátrica patologías como diabetes o hipertensión arterial, asociadas directamente al exceso de peso y al sedentarismo”, explica.

La especialista agrega que el problema no se resuelve solo desde la alimentación. “Chile presenta altos niveles de inactividad física en niños. La recomendación es al menos una hora diaria de actividad física moderada a vigorosa, idealmente incorporando juegos que impliquen fuerza, como trepar, saltar o actividades deportivas, ya que no se trata solo de moverse, sino de combatir el sedentarismo metabólico desde etapas tempranas”, explica.

Señales de alerta y claves para recuperar hábitos saludables

La falta de nutrientes reales no solo impacta en el peso, sino también en el rendimiento escolar y el bienestar emocional de niños y niñas. Según advierte Valentina Arroyo, existen señales que deben alertar a las familias, como la irritabilidad o los cambios bruscos de ánimo asociados a picos de glicemia, la dificultad para concentrarse en clases y el cansancio excesivo o la falta de energía para el juego.

Frente a este escenario, las especialistas recomiendan aprovechar marzo para retomar hábitos saludables, priorizando colaciones nutritivas como frutas, yogurt natural, frutos secos o sándwiches caseros, incorporando proteínas y vegetales en el almuerzo, reduciendo el consumo de bebidas azucaradas y ultraprocesados, fomentando al menos una hora diaria de actividad física y recuperando horarios regulares de sueño.

Finalmente, Arroyo derriba el mito de que comer sano es caro. “El ultraprocesado sale caro a largo plazo. No necesitamos superalimentos: necesitamos volver a lo básico. Legumbres, huevo y fruta de estación son accesibles y nutritivos”, afirma.

La educación, recalca, comienza en casa. “Los niños no aprenden de lo que les decimos, sino de lo que ven. Un niño no puede elegir una manzana si en la despensa solo hay productos con sellos”, concluye.

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